SUDÁFRICA VIII: TRES MUSEOS PARA VISITAR DESDE CASA

En Johanesburgo y Ciudad del Cabo, que son las dos ciudades sudafricanas que he visitado, hay muchísimos museos de toda clase y condición. Y yo, por falta de tiempo, me he quedado con las ganas de visitar la mayoría. No obstante, ha habido tres que no podía dejar pasar porque son importantes, porque son muy buenos y porque ayudan a entender mejor la historia de este país. Son los tres museos que recomiendo a cualquier persona que pase por alguna de estas dos ciudades, aunque tenga muy poco tiempo libre. Ahí van:

EL MOCAA, ARTE CON MAYÚSCULAS

Todo el mundo que ha pasado por Ciudad del Cabo antes que yo me había advertido: tienes que visitar el Mocaa, no te lo puedes perder, vas a alucinar. Y para allá que fui una tarde lluviosa, aprovechando que necesitaba estar a cubierto. El nombre largo del Mocaa es Museo Zeitz de Arte Contemporáneo de África, es público y no tiene ánimo de lucro. Abrió hace muy poco tiempo, en 2011, en la sofisticada zona de los muelles Victoria & Alfred. Ya solo el edificio es una pasada y llama la atención, pero por dentro es aún mejor. Por cierto, son varios pisos y merece la pena tomar las escaleras para poder apreciar mejor la arquitectura del complejo, un antiguo silo de guardar grano al que se quería dar algún uso especial desde que se restauraron los muelles. Al final se decidió que abriera este enorme museo como ejemplo para todo el mundo de la fuerza del arte contemporáneo africano.

El edificio recopila, conserva, investiga y exhibe arte del siglo XXI de artistas africanos tanto en el continente como en la diáspora. Las exposiciones son nacionales e internacionales, y también desarrollo programas educativos. A lo largo de todas sus plantas se diseminan obras vanguardistas de todas las disciplinas: pintura, escultura, fotografía, vídeo, cómic.. De todo.

¿Y quiénes son los artistas cuyas obras forman la exposición permanente? Pues son en su mayoría sudafricanos y zimbabuenses, pero tambiénNigeria, Kenia, República Democrática del Congo y Swatini. No una experta en arte y como este no es un blog especializado no creo que quienes pasen por aquí sepan a quiénes me refiero si cito nombres como Athi-Patra-Ruga, Banele Khoza, Bert Pauw, Berri Brickle o Daniel Obasi. Quizá si reconozcan el nombre de la española Cristina de Midle, cuyos Afronautas viven en estas instalaciones. En vez de dar nombres y hablar de lo que no sé, mejor invito a todo el que me lea a pasar unas horas en este maravilloso museo. De verdad, merece la pena.

INFORMACIÓN ÚTIL
Abre todos los días de 10 de la mañana a seis de la tarde. El primer viernes de cada mes abre hasta las 21.30 horas. Cierra los días de viernes santo, navidad y año nuevo.
La entrada cuesta 200 rand (12,5 euros) y el acceso el gratuito para menores de 18 años, los miércoles de 10 a 13 para ciudadanos africanos y el 24 de septiembre (Heritage Day). Cuesta la mitad de precio el primer viernes de cada mes de 16 a 21 horas. Se compran online aquí.
Está en Silo District, S Arm Road, V&A Waterfont, Ciudad del Cabo, 8002

EL LEGADO DE LOS VECINOS DEL DISTRITO SEIS

El segundo museo que visito en Ciudad del Cabo es el Museo del Distrito Seis. Este distrito fue un antiguo barrio de Ciudad del Cabo llamado así desde 1867. En unas pocas décadas fue completamente vaciado, sus vecinos desplazados a la fuerza y sus casas demolidas. Todo porque eran negros, mulatos, indios, asiáticos… Y con las leyes del Apartheid (fueron instauradas en 1948 con la entrada en el Gobierno del Partido Nacional), el Gobierno quería ese terreno para unirlo a la ciudad de blancos. El 11 de febrero de 1966 fue declarada área blanca bajo la Ley de Áreas de Grupo de 1950, y en 1982, la vida de la comunidad había terminado. Más de 60.000 personas fueron trasladadas a la fuerza a lo que hoy son llamados guetos o townships, suburbios sin servicios ni condiciones dignas de vida, como Cape Flats, donde les daban unas casas minúsculas y mal acondicionadas. Los edificios del distrito seis fueron demolidas.

El 11 de febrero de 1966 fue declarada área blanca bajo la Ley de Áreas de Grupo de 1950, y en 1982, la vida de la comunidad había terminado. Más de 60.000 personas fueron trasladadas a la fuerza a zonas periféricas estériles conocidas como Cape Flats, y sus casas en el Distrito Seis fueron arrasadas por excavadoras.

Antes, este distrito era una comunidad viva y saludable en la que vivían personas de distinta raza, idioma, religión y clase económica sin que eso supusiera un problema, al contrario: fue el vivo ejemplo de cómo la diversidad es enriquecedora. Allí vivían antiguos esclavos liberados, comerciantes, inmigrantes… Era el polo opuesto a lo que las autoridades del Apartheid querían que la gente interiorizara.

Con los años y tras la caída del Apartheid, los vecinos que quedan montaron en 1989 una fundación que llevó a la apertura de este museo 1994. Está ubicado en una antigua iglesia en cuyo interior se recoge muchísima documentación sobre todo lo que ocurrió en este barrio, sobre los que vivían en él… La verdad es que es un  espacio muy curioso, repleto de cotidianidades, de intimismo, y que cuenta una historia no tan conocida dentro de todo lo que paso en Sudáfrica durante los años de segregación. Muy recomendable.

INFORMACIÓN ÚTIL
Abre de lunes a sábado de 09h00 – 16h00
La entrada sin guía cuesta 45 rands (2,8 euros). Se puede comprar la entrada guiada con un guía exresidente por 60 rand (3,7 euros).
Está en: 25A Buitenkant St, Zonnebloem, Ciudad del Cabo, 8000, Sudáfrica

EL APARTHEID CON TODA SU CRUDEZA

El Museo del Apartheid de Johanesburgo ha sido, sin duda, uno de los museos más difíciles de digerir de todos los que he visto, y no solo en este viaje: en toda mi vida. Las sensaciones que ha dejado en mí son parecidas a las que tuve después de visitar el campo de concentración de judíos de Auschwitz en Polonia o el Museo de las víctimas del Comunismo de Sighetu Marmatej, en Rumanía… El mismo horror y sufrimiento humano encerrado entre cuatro paredes. Y parece mentira que, con lo bien que documentamos las atrocidades que cometemos, sigamos cayendo una y otra vez en ellas. Pero esta reflexión es para otro momento…

No sé ni por dónde empezar a contar este museo, porque hacerlo supone abordar el periodo del Apartheid en Sudáfrica y esto ya da para un libro. Resumiendo mucho: el Apartheid fue un conjunto de leyes que estuvieron vigentes en Sudáfrica entre 1948 hasta 1992 (aunque hay precedentes desde el siglo anterior) que buscaban instaurar y mantener una segregación racial que daba más privilegios a la población blanca que a la no blanca, es decir: los denominados nativos, de color o asiáticos. Estos tres últimos grupos no podían votar, se prohibían los matrimonios y relaciones sexuales entre personas de distinto color y se crearon lugares separados para los distintos grupos raciales: colegios, hospitales, barrios… Y hasta zonas de baño en las playas, espacio en el transporte público, en los bancos de la calle… El objetivo era conservar el poder de la minoría blanca en el país, que en los años cincuenta eran el 21% de la población.

Las consecuencias de esta separación racial fueron devastadoras para la población negra. Estas se muestran al detalle en el museo, claro está, que abrió en 2001. Y las sientes en tu propia piel nada más empezar el recorrido porque la propia entrada que te dan en la taquilla al entrar ya te clasifica como blanco o no blanco. En función de lo que te haya tocado, tienes que entrar al museo por una puerta o por otra. A Jose le tocó no blanco y a mí blanca, así que la primera parte del recorrido la hicimos por separado.

El recinto es enorme y tiene una exposición permanente (aparte de otras temporales) que se ve de manera cronológica: comienzas aprendiendo cómo fueron los primeros tiempos, allá en 1886, cuando a Johanesburgo llegaron los primeros colonos para explotar los recursos minerales de la zona, cómo en 1910 se creó la Unión de Sudáfrica (la Sudáfrica actual), cómo fueron evolucionando las cosas hasta llegar a que fuera posible aprobar una ley como el Apartheid ya en pleno siglo XX. Porque no surgió de la nada, está claro.

A lo largo de galerías repletas de fotografías, vídeos, documentos escritos y objetos de toda clase se conoce, cómo se fue intensificando la violencia y las restricciones contra los no blancos, cómo surgieron las primeras protestas y cuánto daño hizo la violencia policial. Por ejemplo, hay muchísima información de los desplazamientos forzosos de no blancos a los suburbios (con 3,5 millones de afectados), de la matanza de Sharpeville de 1960 (con 69 muertos) o el asesinato en 1977 del activista Steve Biko, que fue el fundador del Movimiento Conciencia Negra, de las 131 ejecuciones políticas… Una buena selección de las imágenes del famoso fotógrafo Robert Cole explica muy bien cómo de difícil era la vida cotidiana bajo las condiciones de este sistema.

Este museo no se queda solo en el morbo de la violencia y las consecuencias para las víctimas, no, sino que supone todo un manifiesto de libertad, perdón y confraternidad porque entre estas paredes también se aprende cómo empezaron a cambiar las cosas en Sudáfrica a partir de 1976, con la masacre de estudiantes de Soweto.

Los años ochenta fueron violentos, pero la resistencia de la población, guiada por personajes como Nelson Mandela desde prisión, entre otros, llevaron al fin de esta ley infame en 1992. Y, por supuesto, se da buena cuenta de todo lo que hicieron políticos como Mandela y De Klerk y líderes religiosos como Desmond Tutu. La violencia aún tardó en desaparecer, pero los cimientos de la democracia ya estaban puestos: la elección de Mandela como presidente, la nueva Constitución, la creación de una Comisión de la Verdad y la Reconciliación… Como se ve, es muchísima información, y muy bien contada, por cierto. Es mejor ir con varias horas libres por delante.

INFORMACIÓN ÚTIL
Abre todos los días de 9 de la mañana a 5 de la tarde. Cierra los días de viernes santo, navidad y año nuevo.
La entrada cuesta 100 rands (6 euros). Para pensionistas, universitarios y niños, cuesta 85 rand (5 euros).
Está en: Cnr Northern Parkway & Gold Reef Roads, Ormonde, Johanesburgo, Sudáfrica.

Estos son todos los relatos de Sudáfrica:

I. Colonialismo entre pinos y eucaliptos
II. ¿Dónde están los leones de Kruger?
III. Ciudad del Cabo es un paraíso hipster
IV. Cómo llegar al fin del mundo
V. El frío da más miedo que los tiburones
VI. Los rincones más bonitos de Ciudad del Cabo
VII. Soweto rico, Soweto pobre
VIII. Tres museos imprescindibles de Sudáfrica
EXTRA: ¿Cuánto cuesta viajar a Sudáfrica?

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