Road trip à France VII – Caen

Escribo en un momento bastante abrupto de nuestro viaje porque el coche nos acaba de dejar tirados en Caen. Olé, olé y olé. Hoy es miércoles 23 de junio, hemos estado visitando la ciudad durante la mañana con idea de viajar a las playas de Omaha durante la tarde. Y todo iba sobre ruedas hasta el momento de arrancar el coche. No quiere moverse. Le hemos explicado de todas las maneras posibles que vamos con el tiempo justo, que no tenemos dinero para un arreglo, que no tenemos ni idea de cómo se llama aquí a un mecánico… Pero nada, que no hay forma de que se mueva el maldito. Por suerte tenemos a Tiphaine con nosotros, y nos está echando un cable dentro de que ella está tan perdida como nosotros.

Tiphaine es la coachsurfer que nos ha alojado en Caen. La conocimos ayer por la tarde, al llegar a esta ciudad. Le gustan los juegos de mesa, y estuvimos en un bar-restaurante llamado Velocipede con ella y sus primos jugando a un juego de preguntas y respuestas. ¡Y en francés! Nos estamos convirtiendo en unos gabachos de tomo y lomo.

Una casa viejuna. / (C) Lola Hierro

Tiphaine es genial, es una normanda de lo más simpática y hospitalaria. Hoy nos ha dado una vuelta por Caen y nos ha enseñado los sitios más emblemáticos. Nunca me había dado por interesarme por esta ciudad, y he descubierto que también voy a tener que incluirla en mi top ten de lugares con encanto en Francia.

Palacio en Caen. / (C) Lola Hierro

Caen es Normandía, es decir que ya no estamos en Bretaña. A todo esto, me han explicado aquí que existe un pique entre unos y otros por Mont Saint Michael. Por lo visto, el lugar pertenecía antiguamente a la Bretaña porque el paso de un río que marca la frontera entre ambas regiones dejaba el monte en la parte bretona. Pero el paso de los años y la mano de la naturaleza cambiaron el curso del río, y ahora Saint Michael queda dentro de Normandía. De hecho, la administración es de ellos también. Tiphaine me eplica qe en realidad da un poco lo mismo porque Francia es un país muy centralizado y las regiones no tienen demasiadas competencias, pero aún así, el pique existe, y normandos y bretones están siempre a la gresca con que si la abadía es de unos o de otros.

Tienda milagrosa. / (C) Lola Hierro

Batallitas aparte, Caen es antigua y muy monumental. Lo que más me ha llamado la atención es su castillo, nada menos que del año 1060. Perteneciente al duque Guillaume de Normandie, es uno de los más grandes de Europa. Sólo se conservan las murallas y la planta de algunas estancias, pero está todo muy bien explicado en los carteles. Hemos paseado por encima de la muralla y hemos podido ver toda la ciudad.

Banderas. / (C) Lola Hierro

Caen también tiene muchas iglesias, todas bastante antiguas, de estilo gótico. Una de ellas está sin restaurar, medio derruida y cubierta de hiedra. Esa es la que más me ha cautivado, parecía sacada de una película del medievo. Y la tienen en medio de la ciudad, cerrada y con vallas que prohíben el paso, así como si nada.

Iglesia en ruinas. / (C) Lola Hierro

También hay dos abadías, porque deben ser más chulos que nadie. La historia dice que esto es porque el duque Gillaume de Normandia quería casarse con una prima suya, y el Papa le pidió que construyera dos abadías (se llaman la de los hombres y la de las mujeres) para darle una bula con el permiso. No obstante, hay otra versión, de algunos historiadores, que dice que fue todo una estrategia de la época para atraer dinero y dar importancia a la ciudad, ya que, si tener una abadía era sinónimo de prosperidad, con dos la cosa debía ser de escándalo.

La ciudad desde el otro lado de la pasarela. / (C) Lola Hierro

El centro de la ciudad de Caen también es muy interesante. Está lleno de librerías antiguas y modernas, de cervecerías de todos los colores y de tiendas de ropa y complementos alternativos. Hay una calle que es como Fuencarral pero más pequeña y menos pija. Y es que no hay que olvidar que estamos en una ciudad universitaria, llena de estudiantes con ganas y energía para todo, y eso se nota.

Calles de Caen. / (C) Lola Hierro

En fin, vuelvo al momento presente: estamos tirados en un aparcamiento de Caen, no sabemos qué le pasa al coche, mis padres me esperan mañana en París y yo no tengo batería en el móvil para avisarles. Y además, las palomas nos han cagado el coche entero y me ha tocado limpiarlo… Al menos, Germán ya ha llamado al seguro y nos van a mandar, parece ser, un mecánico o algo. De momento, Javi y Tiphaine se han ido a pasear, Germanovich toca la guitarra apoyado en un árbol aquí al lado y yo escribo dentro del coche. Qué bonita estampa. Al menos no llueve…

Tres rock stars.

Nuestro futuro, ahora mismo, es una incertidumbre completa, pero yo estoy muy tranquila, estas son las aventurillas que hacen los viajes inolvidables. Seguiremos informando.

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