Stirling: en los dominios de William Wallace

Se acaba mi aventura escocesa, pero antes quiero dejar por escrito mis recuerdos de hoy, un día que me ha recibido con sol y frío. Edimburgo estaba preciosa esta mañana; los rayos de sol hacían que las fachadas de los edificios de piedra parecieran doradas. Me hubiera gustado quedarme, pero Stirling me esperaba. ¿Qué se me ha perdido allí? Historia. es una ciudad muy antigua e importante desde el punto de vista estratégico porque marcaba el punto de unión entre las Highlands o tierras altas y las Lowlands o tierras bajas. “Quien posea Stirling, poseerá Escocia”, se decía.

Stirling tiene un inmenso castillo medieval de gran relevancia histórica ya que pasó de manos escocesas a inglesas y viceversa como nueve veces en poquísimos años y que hoy, enmarcado en el paisaje, forma una estampa muy señorial y sugestiva. Aquí se libraron dos de las batallas más importantes por la independencia de Escocia que la confirmaron como nación: primero William Wallace (el de Braveheart) venció a los ingleses en el puente de la ciudad, y 17 años después, lo repitió Robert the Bruce en Bannockburn. Aquí vivió María Estuardo, dio a luz a su hijo, lo bautizó y fue nombrado rey.

La entrada al castillo. ©Lola Hierro

He ido a Stirling a pasar el día con intención de ver el castillo (para el que también tenía un pase de prensa) y el casco antiguo. Mi llegada ha sido accidentada porque me he perdido en la estación de autobuses; en vez de salir hacia la calle y la carretera, me he metido en un centro comercial gigantesco que comparte recinto con la estación… no sé por qué, he pensado que la salida era atravesándolo. Después de pegarme mil vueltas, he salido por donde había entrado.

Cañones en la plaza de Stirling. ©Lola Hierro

El castillo de Stirling está sobre un peñasco en lo alto del casco antiguo, pero no cuesta mucho llegar. Se atraviesan calles plagadas de historia, todas empedradas y serpenteantes, plagadas de edificios góticos y con mucho encanto. Me ha gustado en general, aunque lo imaginaba más recogido, al estilo de Santillana del Mar, y al no ser así me ha desencantado un poco.  Por el camino he pasado por delante de la casa llamada Mar’s Wark, o lo que queda de ella, porque en realidad solo se mantiene en pie una fachada de una casa renacentista en la que vivió el conde de Mar, regente en Escocia durante la minoría de edad del rey Jacobo VI. Stirling también posee el cinturón de murallas mejor conservado de Escocia.  Fue construido alrededor de 1547, cuando el rey inglés Enrique VIII de Inglaterra atacó la ciudad para obligar a María de Escocia a casarse con su hijo y unir así los dos reinos. Siguiendo los muros se llega a la piedra de las decapitaciones, rodeada de barrotes de hierro para que no se vuelva a utilizar.

Esto es lo que queda de Mar’s Wark. ©Lola Hierro

Vistas desde el castillo de Stirling. ©Lola Hierro

Más vistas. ©Lola Hierro

La cima regala unas vistas de toda la campiña de varios kilómetros a la redonda y se distingue perfectamente una aguja gótica muy rocambolesca erigida para honrar la memoria de William Wallace. Y una vez dentro de la fortaleza, se aprecia realmente la gloria de los reyes del pasado. Como la historia de las guerras entre Escocia e Inglaterra es un poco enrevesada, lo mejor que se puede hacer es comenzar la visita al castillo por la exposición que da la bienvenida y que explica la historia de los Estuardo y las idas y venidas de la Corona… sin éxito. La verdad es que me ha parecido un jaleo tremendo. Hay que prestar mucha atención y, pese a todo, al final de la muestra solo me ha quedado clara la historia de unos esqueletos hallados en las inmediaciones que pertenecieron a guerreros de la Edad Media.

Una familia en las puertas de Stirling. ©Lola Hierro

Gárgolas. ©Lola Hierro

El patio. ©Lola Hierro

El castillo se puede ver con mucho orden y todo está muy bien explicado, pero yo he preferido dar vueltas sin rumbo y seguro que me he dejado cosas por ver, pero solo quería vagabundear, sin obligarme a nada. De todos los rincones que he escudriñado, me quedo con el taller de tapices, donde desde hace unos años hay un equipo dirigido por una mujer llamada Ruth que hace a mano los tapices que cubren los muros del salón del trono de María Estuardo, en las dependencias reales que están dentro del castillo. Ruth es una mujer simpatiquísima que me ha explicado que tardan más de un año en hacer un tapiz. Cada día tejen un pequeño cuadradillo de unos 10×10 centímetros, y ha insistido en que lo importante no es el tiempo sino la perfección.

Sobre la chimenea, un tapiz hecho por Ruth. ©Lola Hierro

El paisaje desde las baterías de cañones es mi segundo ganador a pesar de esos bichitos voladores que se me han pegado en el pelo y en la ropa cuando iba caminando por la muralla. En tercer lugar me quedo con el Palacio y la Capilla Real, pero por lo curiosos que son. Están restaurados y amueblados como en el siglo XVI, cuando el castillo fue terminado de construir por maestros canteros y carpinteros franceses por órdenes de Jacobo VI, que quería impresionar  a su novia, también francesa. El salón  del Palacio es el mayor de Europa, tanto que en el bautizo del hijo de María Estuardo metieron un barco lleno de pescado y marisco! Tiene un techo de tracería de madera espectacular y unas enormes chimeneas. El salón luce así gracias a una restauración que duró 35 años.

El escritorio de la reina. ©Lola Hierro

La habitación de la reina. ©Lola Hierro

El gran salón. ©Lola Hierro

La recreación de las cocinas con comida y personas de cera da un poco de miedo, aunque es muy interesante ver todas las figuras y alimentos de cerca porque los han hecho de forma muy realista. Lo que no he hecho es entrar en el museo militar. ¡Otro no! Tuve suficiente con el de Edimburgo. Así, a las dos horas de entrar, me he salido del castillo. Corroroboro que me gustan los castillos pero por fuera, integrados en el paisaje.

Recreación de las cocinas del palacio, I: amasando. ©Lola Hierro

Recreación de las cocinas del palacio, II: Pelando verduras y desplumando un pollo. ©Lola Hierro

Recreación de las cocinas del palacio, III: Sirviendo el pastel. ©Lola Hierro

A la salida, me he comprado un helado “escocés”, es decir, hecho con leche de vaca escocesa, según decía un letrero promocional , y la verdad es que estaba muy bueno. Estaba yo tan feliz comiéndomelo cuando un señor de sesenta y pico años se me ha acercado para hacerme una encuesta sobre cuánto me había gustado el castillo para una oficina de turismo de Escocia, o algo así. Lo que es el karma… al cabo de un rato se me ha vuelto a acercar y me ha devuelto el favor haciéndome una foto con la estatua de William Wallace. ¡Qué majo!

¡Mi helado! ©Lola Hierro

Monumento a William Wallace. ©Lola Hierro

Para terminar el día, me he acercado a un precioso cementerio antiguo situado a los pies de la iglesia de Holy Rude, que es donde bautizaron al hijo de María Estuardo, Jacobo VI.  Las lápidas más modernas son de principios del s. XIX y las más antiguas… ni se ven, están semi enterradas en el césped. Es un camposanto muy romántico, lleno de cruces celtas y de figuras de ángeles, de losas con las letras desgastadas o medio inclinadas, o con una calavera y dos tibias cruzadas donde vagamente se pueden leer fechas rondando los siglos XVI y XVII.

Muchas lápidas. ©Lola Hierro

Muy antiguas… ©Lola Hierro

Cruces celtas. ©Lola Hierro

Con estatuas como esta. ©Lola Hierro

La iglesia de Holy Rude, donde fue coronado Jacobo VI en 1567,  ha sido la protagonista de mi última excursión. con una nave central que data de 1456, conserva una de las pocas techumbres medievales que se conservan en Escocia y  un interior precioso con arcos de medio punta y  vidrieras de colores muy bien hechas, aunque son modernas. Cuando la estaba visitando, me he quedado a cuadros al encontrarme con que se ofrecen unas hojas explicativas en todos los idiomas raros que uno se pueda imaginar. No las hay en inglés, alemán o chino, pero sí en bable o gallego!

Holy Rude por fuera. ©Lola Hierro

Interior de Holy Rude. ©Lola Hierro

En este templo he conocido a un señor que se encarga de cuidarlo. Su nombre es Robert y es un señor mayor que cojea  tanto que necesita una especie de taca taca para andar. pero es amabilísimo. Me ha enseñado las curiosidades que encierran las paredes de esta iglesia, como la historia de cuando los dos ministros principales se enfadaron y acabaron por dividir el interior con un muro endos partes. así se tiró cientos de años. También me ha enseñado el órgano, muy antiguo, y me ha señalado donde está la vidriera más famosa, una pequeñita que muestra un ángel y a través de la cual la luz se filtra y da directamente al altar mayor.

Nave central. ©Lola Hierro

Y después me he marchado de Stirling. Así, sin más. He comprobado que el pueblo seguía sin enamorarme, así que me he ido a por el autobús y he llegado a Edimburgo con tiempo de darme una vueltita más, preparar la mochila, cocinar mis primeros noodles instantáneos (horror) y a soñar un poco despierta con mi siguiente viaje, que no sé a dónde será.

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4 Replies to “Stirling: en los dominios de William Wallace”

  1. Irene

    Hola Lola!

    Voy a ir a Escocia en unos días, y estábamos dudando si dormir allí una noche para que nos diera tiempo a ver el castillo y el monumento a William Wallace, o si simplemente pasar el día desplazándonos desde Edimburgo. ¿Qué piensas?

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    • Lola Hierro Post author

      Hola Irene, depende de las ganas que tengáis de explorar Stirling. Si no os queda mucho tiempo, se puede ir y volver bien en el día 🙂

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  2. Danna

    Me ha encantado tu articulo! Que envidia que tengas las posibilidades de viajar a lugares tan maravillosos de Escocia! Haha
    Leeré pronto los demás artículos que tengas de Escocia(Mi país favorito), por cierto me gustaron bastante tus fotos son muy buenas! 🙂 … Sigue así, disfruta mucho tu viajes y sigue escribiendo y divirtiéndote.
    Saludos 🙂

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