De Aberdeen a Dunnotar: entre acantilados y castillos

He llegado a Aberdeen a las 11.15, después de una penosa noche en la que casi no he pegado ojo. Mis compañeros de habitación en Edimburgo eran súper ruidosos, no paraban quietos, no dejaban de entrar, salir, sacar cosas de la mochila, subir y bajar de la cama, encender la luz, dar golpes… Y el que dormía en la cama superior de mi litera se movía todo el tiempo y hacía rechinar los muelles. Les he odiado muchísimo…

St. Mary Road. ©Lola Hierro

Ahora estoy en el hosta, el Youth Hostel de Aberdeen, elegido por ser el más barato de todos los que consulté. De momento, no me gusta. Estoy donde cristo perdió el gorro, como a dos kilómetros del centro en línea recta. No es demasiado lejos pero cuando vas con una mochila y te tienes que hacer ese camino dos o cuatro veces al día, jode. Además aquí cobran el wifi a 3 libras la hora y ni siquiera hay tomas de corriente en las habitaciones. ¡Pero de qué van!

Mi hostal caro y lejano. ©Lola Hierro

Mientras cargo mi móvil en la cocina de este hostal, he decidido que voy a marchar directamente hacia Stonehaven para que me dé tiempo por la tarde a conocer Aberdeen, que tiene mejor pinta de lo que me esperaba. Es la tercera ciudad más grande de Escocia, el eje principal de la industria petrolera del Reino Unido, y parece menos turística que Edimburgo… tiene muchas menos tiendas de tartanes y kilts. Es una ciudad toda entera de granito, gris por todas partes. Eso, unido a que hoy el cielo también está gris, hace que parezca que estoy en una película en blanco y negro.

La ciudad de granito. ©Lola Hierro

Aberdeen es gris. ©Lola Hierro

15.00

Lo he logrado. Me he comido un bocata repanchigada frente al castillo de Dunnotar, en una pradera inmensa sobre un profundo acantilado. El sitio es mejor que en las fotos. El castillo, en ruinas pero aún en pie, sigue aquí inamovible, testigo del paso del tiempo, de inviernos, veranos, tempestades, guerras y turistas que erosionan las olas casi más que las olas que rompen contra él. Pero aquí sigue, presentando armas.

El puerto de Stonehaven. Empieza la ruta. ©Lola Hierro

El camino de tres kilómetros que va desde el pueblito pesquero de Stonehaven hasta Dunnotar a través de campos al borde de los acantilados es onírico. Campo, mar, sonidos de las olas, de las gaviotas y del viento. Verde y azul. Y yo. Nada más. El monumento a los caídos en las guerras mundiales, que se hizo para que pareciera un templo griego en ruinas, contribuye a crear el ambiente de misticismo. Me lo he pasado genial haciendo fotos a contraluz, aprovechando que estaba sola,como ahora mismo, he hecho el payaso hasta agotarme.

Sendero al borde del acantilado. Como en un sueño. ©Lola Hierro

El monumento a los caídos en las guerras mundiales. ©Lola Hierro

Playas en el camino al castillo. ©Lola Hierro

Lo que aún queda del castillo de Dunnotar corresponde a los siglos XIV y XV, pero se cree que antes ya debió haber otra fortaleza. Este castillo jugó un papel muy importante en la historia de Escocia desde la Edad Media hasta la Ilustración gracias a su posición estratégica, ya que controlaba todo el tráfico marítimo que iba hacia el norte del territorio. Hoy, las ruinas se extienden a lo largo de una superficie de una hectárea más o menos, en una mini península a 50 metros de las aguas del mar del Norte. Solo se puede acceder a él a través de un escarpado sendero que atraviesan miles de turistas cada año para visitarlo por la módica suma de seis libras. Yo me he limitado a verlo desde fuera, creo que lo más bonito se ve desde el exterior. Solo digo que es tan alucinante que fue elegido para rodar algunas de las escenas del Hamlet de Mel Gibson y Glenn Close.

¡A lo lejos se ve! ©Lola Hierro

¡Llegué! ©Lola Hierro

Más cerca, el castillo. ©Lola Hierro

Stonehaven, por otra parte, no está nada mal. Es un pueblín minúsculo  a media hora en tren de Aberdeen. No es gran cosa pero ¡qué casas más chulas tiene y qué buen ambiente se respira!. He visto a unos niños y a sus padres/madres a la salida del colegio y era todo súper ideal de la muerte, muy idílico. Me he ido fijando en todas las casitas por las que pasaba y me he entretenido por el camino de la estación al paseo marítimo mirando qué había dentro. La mayoría están muy bien decoradas, como de revista…

Playas de Stonehaven, llenitas de gaviotas, aunque no se ven en la foto. ©Lola Hierro

Una plaza en Stonehaven. ©Lola Hierro

Buzón de una familia pirata en Stonehaven. ©Lola Hierro

21.00

El maldito autobús no tiene parada señalizada, no sabía donde paraba y no había nadie en las oficinas para preguntar. He hecho la típica jugada: ir al aparcamiento y preguntar con cara de pena por la parada. De tres, la primera pareja que me ha respondido, al final se ha ofrecido a llevarme en coche. ¡Qué majos! Se llaman Clare y Clyde, viven en Boston pero ella de origen escocés. Han pasado una semana de vacaciones y su próximo destino era París. Los pobres me han dejado en la misma puerta de la estación. ¡De lujo!

Pues nada, ya estoy en el hostal, en el comedor esperando a que se cargue el teléfono porque no hay enchufes en las habitaciones. Es lo más incómodo del mundo. Podría estar haciendo mil cosas si tuviera el móvil en el cuarto, pero no. Definitivamente, este hostal no mola. Entre la libra que me ha costado tener 15 minutos de internet, las dos libras del autobús desde el centro y las dos que me voy a gastar mañana, sumo 5 libras. Si lo añado al precio de la habitación, me salen 25 libras, es decir, lo mismo que hubiera pagado de haberme alojado en un Bed & Breakfast en el centro de Aberdeen, cerca de la estación de tren y de autobús, y no donde estoy, a dos o tres kilómetros a pata.

La estatua de los soldados. ©Lola Hierro

Aberdeen de noche. ©Lola Hierro

Me ha dado pena no conocer la ciudad un poquito mejor, no he tenido tiempo porque cuando he llegado de Stonhaven ya era de noche y estaba todo cerrado. He recorrido Union St, que es la calle principal y está cuajada de señoriales mansiones graníticas,  hasta el Salvation Army Citadel, que es una mole construida a imitación del castillo de Balmoral, pero ya no me ha dado el cuerpo para más. En el fondo me ha venido bien; estoy molida.

Salvation Army Citadel, al fondo. ©Lola Hierro

Pincha aquí para ver más fotos.

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