Así es la vida. Tan pronto está una en medio del campo africano pasando calor, comiendo polvo y haciendo fotos a mamás con bebés a la espalda en sus huertos como se encuentra en medio de un aeropuerto colombiano abarrotado. Tengo aún la cabeza y el corazón en Malí y, sin embargo, estoy muy lejos de allí, en Bogotá, en una (otra) sala de embarque, esperando un (otro) vuelo que me lleve hasta Medellín si las condiciones climatológicas lo permiten, claro.
Aquí en Bogotá son las diez menos veinte de la noche. En España ahora mismo son las cuatro menos veinte de la madrugada. Yo tengo los biorritmos de esta hora. No he dormido nada en el trayecto que acabo de completar —de 10 horas, el viaje en avión más largo que he hecho de una sentada hasta ahora— porque quiero acostarme con mucho sueño. Con suerte, llegaré a mi hotel en la medianoche de aquí. Estaré como si me hubiera pegado la juerga de mi vida y pillaré la cama todo el tiempo que me dejen, que no sé cuánto será.
Ahora mismo me duele la cabeza, estoy medio mareada y con cuerpo escombro en general. No veo el momento de llegar pero no tengo muy claro que no tenga que pasarme en esta terminal un buen rato porque, según he aterrizado, he escuchado por megafonía el siguiente anuncio: “Queridos clientes. Las condiciones climatológicas han afectado al sistema de comunicaciones del Aeropuerto Internacional Eldorado y varios vuelos han sufrido retrasos y cancelaciones. Estamos restableciendo el servicio, agradecemos su paciencia”. Al llegar a mi terminal de vuelos nacionales, el alma se me ha ido a los pies porque las salas de espera están abarrotadas de pasajeros que no han podido salir aún. Y todas las pantallas muestran la palabra “demorado” o “cancelado” al lado de cada destino. Por suerte el mío no sufre cambios de momento. Estoy cruzando los dedos de las manos y los pies.
Al menos, este aeropuerto es interesante. Tiene muchas tiendas que venden productos que yo nunca he visto. He fichado un queso extraño y un montón de café, todo muy apetecible. Y una pastelería con una pinta muy sexy. Igual me acerco…
Parte de mi mareo es por el cansancio de un viaje tan largo. Una pequeña porción tiene que ver con este ir y venir tan inesperado y tan radical. Que hace dos semanas estaba en África occidental y ahora en Centroamérica. Y me he enterado de que me venía para acá el viernes pasado, cuando no llevaba ni una semana en Madrid.
Este blog es como el juego de las escaleras últimamente… Una nunca sabe hacia dónde irá en la siguiente casilla, o post. Me he dejado muchas historias malienses en el tintero y no las puedo publicar hasta que no entregue todo el trabajo periodístico que he hecho, el de verdad. Aunque ya he publicado muchos artículos: sobre terrorismo, seguridad e inmigración en el Fórum de Bamako, una entrevista con un cooperante muy entrañable de 81 años que sigue en activo, un reportaje sobre niños víctimas de la violencia del conflicto en el norte del país, otro más centrado en una de esas niñas para un especial sobre el Día de la Mujer que hicieron en la sección de Internacional y un post sobre teatro con intención educativa en el blog África no es un país. Así que de momento hay material suficiente para quien quiera saber más.
De todas maneras, espero cumplir en breve y poder publicar algunas aventurillas de esas tierras tan hermosas y tan queridas. He conocido personas maravillosas pero he pasado menos tiempo del que yo deseaba y me he dejado algunos asuntos pendientes por ahí, así que lo más probable es que vuelva el mes que viene aunque me ase con el calor que está haciendo.
Y mientras escribo esto, informan por megafonía que otro vuelo ha sido cancelado por los fenómenos climáticos de esta tarde. Al parecer, una tormenta eléctrica ha roto algo importante en la torre de control. Informan a los pasajeros afectados de que deben ir a no sé dónde a que les den plaza en otro y que no les van a cobrar nada. Al escuchar esta última afirmación, toda la sala de espera, que es gigantesca, se ha cachondeado y se echado a reír. “¡Encima nos van a cobrar”, dicen… Yo no me río mucho, que no sé si al final me quedo en tierra también…
PD: Mi vuelo se demoró media hora solamente. Llegué hecha una verdadera braga a Medellín, pero por suerte la maleta llegó en seguida y Alexander, un señor muy simpático que me estaba esperando, me llevó en seguida al hotel. Toqué cama a la una de la madrugada y fui muy feliz…
OTROS TEXTOS SOBRE MALÍ
Relatos publicados en Reportera Nómada:
- Volver para contar… Malí
- La vida social de la ciudad de los cocodrilos
- Y esta es la vida que amo (No me saquéis de Beleko)
- Bamako-Madrid-Medellín
- Ve a conocer el mercado del hierro… o no
- He soñado con mi pueblo africano
- Un día en la clase de Doussou Fané
- La vida pasa bajo la sombra del mango
- Djelibani, me he quedado a medias
Reportajes y artículos publicados en El País:
- Los jardines salvavidas de Jacqueline, Mariam y sus vecinas (Publicado en Planeta Futuro el 11/05/16)
- Fotogalería del reportaje: Un vergel en el desierto
- La revolución de los pozos low cost (Publicado en Planeta Futuro el 11/05/16)
- Fotogalería del reportaje: Tecnología adaptada a la tradición del Sahel
- Yo a mi niña no la caso (Publicado en Planeta Futuro el 4/04/16)
- La infancia interrumpida de los niños del norte (Publicado en Planeta Futuro el 9/03/16)
- Fotorrelato del reportaje: Súper héroes prematuros
- Kadidiatou: «Los rebeldes entraron en mi pueblo y me secuestraron» (Publicado en Internacional el 5/03/16)
- Entrevista a Sergio Adamoli: «La guerra me persigue» (Publicado en Planeta Futuro el 28/02/16)
- Los africanos opinan sobre la inmigración (Publicado en Internacional el 20/02/16)
- África quiere salir del caos (Publicado en Internacional el 20/02/16)
Pingback: HE SOÑADO CON MI PUEBLO AFRICANO | Reportera nómada
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Hay mucho que ver y hacer en Medellín. Después de tres visitas, estos son los sitios que repetiría en Medellín:
Mercado de la plaza minorista, y comer en ‘aquí paró Lucio’.
Subir en metro cable y caminar hasta la biblioteca España. Ver a los niños hacer los deberes. Luego seguir hasta el parque Arví.
Vuelta al Oriente. Dejarse llevar por esas carreteras. Parar a comer o cenar en Tequendamita.
Para en cualquier restaurante de carretera que te antojes a tomar un aguapanela.
Degustar un postre en la plaza de San Antonio de Pereira.
Te leeré; adoro esa tierra.
Gracias miguel! Buenos consejos, aluciné con el metro cable y el parque Arví
Ganas de tus impresiones sobre Malí (está mal dicho Mali?). Un lugar que siempre me ha llamado la atención y al que me gustaría ir.
Seguro que ya has dormido a muerte y ya podrás ponerte «ciega a cafeses»
Malí (sí, con tilde) es tan fantástico que me vuelvo la semana que viene. Así te lo digo! un abrazo:)
Disfruta Medellin. Mi ciudad! Yo estoy en Madrid, pero si necesitas algo allí escríbeme. Juliana.eusse@gmail.com
Gracias 🙂