Elefantes ‘low cost’ en Amboseli

Me gustan los elefantes. Mucho. Mira que me han advertido veces de que son agresivos y peligrosos; una amenaza para el hombre. En Sekenani, un pueblo a las puertas del Maasai Mara, me contaban cómo destrozaban las verjas de caña, cómo las escuelas rurales contemplan entre sus prioridades instalar vallas electrificadas para proteger a los niños, cómo uno (un elefante, no un niño) asesinó a un parroquiano que tuvo la mala suerte de toparse con él una noche en la que su mujer (la del señor, no la del elefante) le había prohibido entrar en casa por borracho. Que lo zarandeó por los aires con la trompa, que lo pisoteó después de estamparle contra el suelo, que lo cubrió con hojas secas y ramas y que se quedó tres días vigilando el cadáver para que nadie se acercara. Las primeras que llegaron fueron las hienas y solo dejaron una pierna.

Todo esto se dice de los elefantes en Kenia y otras muchas más. Pero a mí me gustan, es superior a mis fuerzas. Me llaman la atención poderosamente por su presencia, tan majestuosa. Por lo enormes que son, por lo despacio que se mueven, por su fisonomía, por su piel rugosa y áspera… Pienso que estoy observando lo más parecido a un ser ancestral, a un primo hermano de los dinosaurios. Yo no sé por qué pero me encantan. Por eso, cuando mi compañero Jose me dijo que él quería ver elefantes en Kenia, no me opuse: me puse a buscar.

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Una manada de elefantes en Amboseli. / © Lola Hierro

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Caminos interminables en Amboseli, un paisaje que da miedito. / © Lola Hierro

En el último capítulo de este blog contaba la marcha de mi querida madre a España y cómo me quedaba yo compuesta y sin ídem en Nairobi. No fueron muchos días los de soledad, solamente tres, aunque dieron para muchas historias que ya escribiré otro día. Al cabo de ese tiempo llegaba Jose para viajar conmigo durante el resto del mes. Su primera vez en Kenia (no en África) y un encargo muy concreto: elefantes.

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Un bebé elefante en Amboseli. Primo de Dumbo. / © Lola Hierro

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Elefantes jóvenes a lo suyo. / © Lola Hierro

¿Cómo dar con un safari bueno, bonito, barato y… cercano? En solo tres días tenía que encontrar algo interesante, de presupuesto (muy) mochilero y que no se nos fuera mucho de nuestra ruta, encaminada hacia Uganda. Y que contara con muchos paquidermos, claro. Pregunté aquí y allá y lo que era bueno de precio era malo por la distancia, y lo que estaba cerca no era apropiado para ver a nuestros amiguitos… Y así todo. Hasta que el dios Ganesha (el dios elefante de la mitología india, quién si no) hizo el milagro y me puso la solución delante de mis narices: Amboseli.

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Los turistas se paran para observar a los paquidermos. / © Lola Hierro

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También hay cebras, miles de ellas, no os penséis. / © Lola Hierro

Es perfecto. El Parque Nacional de Amboseli tiene 392 kilómetros cuadrados, multitud de mamíferos y más de 600 especies de aves. Está rodeado de comunidades masai, así que es muy pintoresco, y tiene hasta un lago lleno de flamencos. De hecho, existen cinco hábitats diferentes que van desde el lecho seco del lago, humedales con manantiales de azufre, sabana y bosques.

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Una bandada de pájaros de colores, ya no recuerdo el nombre pero son una pasada de bonitos. / © Lola Hierro

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Humedales llenos de flamencos. / © Lola Hierro

Está a tres o cuatro horas en vehículo privado desde Nairobi, lo que para ser Kenia y sus carreteras desastrosas, es cerca. Es famoso por su población de elefantes (¿cuántas veces he escrito esta palabra ya?) y además se ve el monte Kilimanjaro los días de buen tiempo. Ideal. Una vez elegido el destino, me puse a investigar un presupuesto adecuado para dos muertos de hambre como nosotros. Y encontré una página que recomiendo desde ya: SafariBookings.com. Es como un buscador de safaris pero sin el cómo. Un TripAdvisor de este tipo de viajes. Vienen muchísimas empresas locales, extranjeras, baratas, caras y lo siguiente, opiniones de usuarios, lugares donde operan… Y puedes buscar la opción que mejor que te convenga filtrando por país, días, parques, presupuestos… De todo.

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Estas jirafas se cruzaron en nuestro camino. / © Lola Hierro

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Ñus, que también los hay a patadas por estas latitudes. / © Lola Hierro

La verdad es que no me costó nada encontrar a la elegida: BigMac Safaris. Con ese nombre, tenía que ser buena. Me gustó que es keniana, de hecho tienen la oficina en el centro de Nairobi. Por experiencia sé que es mejor contar con empresas locales porque cobran menos que las extranjeras. Ellos nos pedían 300 dólares americanos por un safari exprés (tampoco teníamos tiempo para más) que incluía lo siguiente: recogida en nuestro hotel en coche todo terreno, ida hasta Amboseli, entrada de 24 horas para el parque, pasar el día entero allí, alojamiento, visita al parque por la mañana, pensión completa, guía en inglés y devolvernos luego a Nairobi, a donde nosotros dijéramos. Creedme que, por ese precio, es muy difícil encontrar algo así.

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Las avestruces, un clásico básico de Kenia. / © Lola Hierro

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Elefantes tan cercanos que no te caben apenas en el objetivo de la cámara. / © Lola Hierro

Hablé con la dueña, Madalene, y me cayó muy bien, me gustó todo y contraté el viaje para el día siguiente a la llegada de Jose, que se puso muy contento con mi descubrimiento. Sin tiempo apenas para descansar (ya digo que los días en Nairobi dieron para mucho), un buen día de agosto a las siete de la mañana nos montamos en un todo terreno pilotado por Samuel, nuestro chófer, guía y niñera durante las siguientes 36 horas.

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A Amboseli también van de visita autobuses escolares cargados de estudiantes. Así sí que mola estudiar Conocimiento del Medio. / © Lola Hierro

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Avestruces hembras. Se sabe por el color del plumaje. Los machos son negros. / © Lola Hierro

A partir de aquí, el relato no difiere mucho de cualquier relato de los que ya he publicado contando cómo es un safari. El viaje por carretera se nos hizo un poco largo, pero fue interesante igualmente porque yo nunca había ido por esa zona del país. Almorzamos en un restaurante de carretera junto a una tienda de souvenirs de toda la vida donde destacan las figuras de madera de todos los tamaños. Llenas de polvo, eso sí. Como salimos muy temprano, nos dio tiempo a visitar el parque antes del cierre, a las seis de la tarde.

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Caminos de Amboseli. Me encanta el tiempo. / © Lola Hierro

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Con tanto lío de animales con cornamenta ya no sé si éste era una gacela, un impala o qué. / © Lola Hierro

Es importante señalar que los parques de Kenia y Tanzania venden entradas de 24 horas, es decir, que si la compras a las dos de la tarde de un día, puedes acceder a las reservas hasta las dos de la tarde del día siguiente. Si quieres más, tienes que pagar de nuevo por otras 24. Nosotros accedimos alrededor de las tres de la tarde estirando el cuello por encima del techo del coche. Siempre vas con el miedo de no ver ningún animal y te agobias. Por eso en cuanto divisas a un antílope o a una cebra te emocionas. Luego te das cuenta de que en Kenia hay más de estas dos especies que humanos. Pero los inicios de los safaris siempre son muy excitantes.

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¿He dicho ya que fuimos a buscar elefantes?. / © Lola Hierro

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Esta japonesa venía súper equipada. / © Lola Hierro

Nosotros, de todas maneras, queríamos elefantes (¿lo he dicho ya?) y por suerte en seguida tuvimos nuestra primera ración: una buena manada de varios adultos y crías enfangados hasta medio cuerpo, tan contentos ellos. Estaban muy lejos, pero nos sirvió. Fotos por aquí, fotos por allá… No queríamos irnos, pero menos mal que Sam no nos hizo caso y continuó con la marcha, pues la que nos esperaba era buena: docenas, cientos quizá. Nunca en mi vida he visto tantísimos, de tantos tamaños diferentes y tan de cerca. Con ellos también nos encontramos con jirafas, bisontes, un tucán, impalas, gacelas y hasta una leona. De hecho, fuimos los únicos ese día en dar con una. Al parecer es dificilísimo avistarlas en este parque porque hay muy pocas, así que nuestro Sam avisó por radio a otros guías para que llevaran a sus clientes a verla. Lo único que no me gustó mucho es que a veces la concentración de coches era agobiante, pero solo ocurrió en un par de ocasiones, en realidad. El resto de tiempo estuvimos solos.

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La leona, única e inimitable, nos observa desde su roca tan pancha, ajena a la expectación generada. / © Lola Hierro

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Turistas esperando a avistar un león. Había uno entre la maleza pero tras más de media hora allí plantados, no conseguimos verlo. / © Lola Hierro

Otro asunto que no me gustó mucho fueron los dichosos monos, los babuinos. De ellos ya he hablado antes. Me dan miedo y los quiero bien lejos. En este parque hay muchísimos, sobre todo en una zona que hay que atravesar sí o sí para ir al otro extremo de la reserva. Y para qué dije nada… Bastó que contara que me dan miedo para que Jose y Sam decidieran divertirse a mi costa pasando una y otra vez con el coche por esa zona para asustarme. Yo opté por encajarme en el suelo del vehículo, entre las dos filas de asientos. No puedo con ellos… (con los monos, supongo).

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Malditos monos, no puedo con ellos. / © Lola Hierro

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Estas tampoco me caen bien. Las hienas querían matar a Simba. / © Lola Hierro

Pasamos la noche en los campamentos Kimana, un alojamiento muy rústico y precario, no apto para viajeros exquisitos. Nos dieron una cabaña de madera chulísima. Estaba vieja a más no poder y el colchón se hundía, las sábanas estaban rotas y el baño era de lo más gitano, ni siquiera encajaba bien la puerta, pero todo él era muy auténtico. Nos quedamos un rato en el porche creyéndonos el tío Tom y señora. Ya era muy tarde y estaba la cumbre del Kilimanjaro cubierta de nubes, pero a la mañana siguiente sí pudimos distinguirla por los pelos. Vamos, que tuvimos que saltar de la cama en paños menores para que nos diera tiempo a ver algo.

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Kimana Tented Camps o el África profunda. / © Lola Hierro

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Lujo y boato en el corazón de Kenia. / © Lola Hierro

Tras un desayuno sencillo y una ducha caliente nos fuimos a seguir conociendo Amboseli, pues nuestra entrada era válida hasta las tres de la tarde. Fue más de lo mismo, ya creo que me repito demasiado. Lo que pasa es que nunca me aburro de ver animales en libertad, en su hábitat. Es mágico, es precioso, es relajante. Y las mañanas en estas latitudes de África son una maravilla, bien merecen la pena los madrugones.

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Los hipopótamos son muy agresivos. Menos mal que éste andaba bien lejos. / © Lola Hierro

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Bebé elefante intentando agarrar no sé qué con la trompa. / © Lola Hierro

Este segundo día recorrimos los mismos caminos del anterior y otros nuevos, vimos más elefantes, tan cerca que no nos cabían en el encuadre de la cámara. También nos topamos con los famosos tornados de arena que se forman en esta zona de África y que son tan espectaculares como yo me esperaba (a las fotos me remito).

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Tornado molón. Nunca había visto uno tan grande. / © Lola Hierro

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Este sí que batió récords. No me cabía en la cámara. / © Lola Hierro

Y ya está. Sin comerlo ni beberlo me he vuelto a enrollar como las persianas para no contar nada especial. Sirva la información que dejo a continuación para quien quiera organizarse un safari barato por Kenia. Bien es cierto que yo recomendaría como primera opción el Maasai Mara porque es más grande, tiene más animales y más de todo, pero este es una opción genial para quienes no deseen alejarse mucho de Nairobi, para quienes no tengan un presupuesto abultado y, por supuesto, para los amigos de los elefantes.

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Adiós, elefantes, adiós. Gracias por no comernos. / © Lola Hierro

 

SAFARI EN AMBOSELI

2 días y una noche son 300 dólares (euros) por persona y día.

Es necesario depositar una señal de 50 dólares para confirmar la reserva.

El precio incluye:
  • Transporte en un vehículo de seis plazas de techo abierto
  • Circuito por el Parque Nacional durante dos días
  •  Alojamiento en una cabaña de Kimana Tented Camp
  • Pensión completa: almuerzo, cena, desayuno y almuerzo de picnic
  • Conductor y guía profesional
  •  Tickets de entrada al Parque Nacional de Amboseli
  • Agua potable
  • Recogida y devolución en el hotel o aeropuerto de Nairobi
El precio excluye:
  • Alcohol
  • Propina
  • Todo lo que no se menciona arriba
Más información:

Madalene. Teléfono: +254724732035 | E-mail: info@bigmacafricasafaris.com

Otros capítulos de este viaje:

*Sigue este enlace para ver todas mis fotos del Parque Nacional de Amboseli

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