Afganistán: Crónica de una ficción – Mònica Bernabé

El miércoles pasado tuve la oportunidad de ver y escuchar por primera vez a Mònica Bernabé, una periodista catalana que vive en Afganistán desde 2006. Es la única reportera que está en el país de forma permanente y conozco su trabajo por las crónicas que publica en el diario El Mundo.

El motivo de su visita a Madrid era presentar su primera obra: Afganistán: Crónica de una ficción. Es un libro donde Mònica cuenta la historia del país a través de su propia experiencia y el primero que publica un autor español -en este caso autora- sobre este controvertida tierra. Mònica estuvo arropada durante la presentación por el periodista Gervasio Sánchez, quien solo tuvo palabras buenas para ella:

«Mònica ha realizado una de las mejores coberturas en zona de conflicto que recuerdo desde que empecé en este oficio afirma Gervasio. Además, lo ha hecho de forma sigilosa y ha rehuido siempre convertirse en la protagonista de una cobertura muy peligrosa. Pertenece a la estirpe de los grandes reporteros que ha dado este país y, desde hace tiempo, es una periodista de referencia, en la difícil tarea de informar, en uno de los países más complejos que existen».

Fue maravilloso poder escuchar a Mònica y verla allí, en carne y hueso. Es una periodista a la que tengo como referencia por su profesionalidad, su valentía y por tener un par de ovarios para luchar por lo que quiere. Siempre me he preguntado cómo dan el paso aquellos reporteros que un buen día cogen la maleta y se largan a otro país y consiguen hacerse un hueco. Mònica lo ha conseguido y la admiro por ello.  Y está haciendo un trabajo encomiable, además.

Durante la charla, contó que llegó a Afganistán a raíz de una casualidad, allá por el año 2000:

«Entrevisté a una afgana que me describió una situación surrealista: las mujeres no podían salir de casa, ni ser educadas, la música estaba prohibida… Quise verlo con mis propios ojos, así que durante las vacaciones de verano me fui a Pakistán con unos amigos. Desde allí pedimos un visado de turista a los talibanes desde el consulado de Peshawar y nos lo concedieron, fue una sorpresa. Fuimos por carretera hasta Kabul, una inconsciencia total, no avisamos ni a la familia ni al Gobierno».

Mònica contó cuánto le impresionó ver una Kabul devastada por la guerra. Tanto que a su vuelta a España se puso manos a la obra y organizó varias ruedas de prensa para explicar la existencia de las escuelas clandestinas, la mala situación de las mujeres y los niños, etc. Y funcionó, porque la gente empezó a enviarles dinero para ayudar. Así, Mònica acabó presidiendo una asociación, la Asociación para los Derechos Humanos en Afganistán (ASDHA) creada para gestionar esa ayuda. Viajó muchas veces a Afganistán a menudo para supervisar los proyectos que iban poniendo en marcha, hasta que en 2006 decidió dar el salto: dejó su trabajo en el diario El Punt y se estableció en Afganistán, pero no como periodista, sino como «oenegera», según sus propias palabras. «Si hubiera tenido vínculos familiares la decisión hubiera sido más difícil, pero ni siquiera mi pareja de entonces estaba en España, así que aproveché».

Mònica Bernabé, la autora.

Los primeros tiempos no fueron fáciles: engordó mucho porque se alimentaba casi exclusivamente de arroz, la dieta afgana, y apenas podía salir a caminar, no era seguro. Y también se aburría, echaba de menos el periodismo. Gracias a los consejos del periodista Mikel Ayestarán, a quien conoció allí, Mònica decidió intentar ser freelance. Llamó al periódico El Mundo y se ofreció para colaborar. «Me dijeron que no me conocían, pero me dejaron mandar un artículo de prueba, fue como pasar un examen. Lo aceptaron y a ese le siguieron varios». Y así empezó la cosa. Mònica volvió a Barcelona seis meses después, cuando terminó su excedencia en El Punt, pero  después de haber vivido en Afganistán, todo le aburría en España, así que en julio de 2007 regresó para quedarse. Lleva ya cinco años, de los cuales pasa nueve meses allí y tres en España. Se ha convertido en una firma de referencia en el diario El Mundo y, gracias a  esa colaboración y a otras menores con otros medios de comunicación, puede mantenerse. 

Mònica ha consagrado su vida al trabajo y a dar a conocer lo que de verdad pasa en Afganistán. Pasa la mayor parte del tiempo en Kabul haciendo reportajes de toda clase, y una vez al mes intenta salir a otras regiones del país. «Mucha gente cree que Afganistán me encanta, y no es verdad, a cualquier persona con dos dedos de frente no le gustaría tener cortes de electricidad, no tener carreteras, ver diariamente injusticias que te indignan… Afganistán es uno de los muchos ejemplos del cinismo internacional, pero al menos se puede hacer periodismo del que hay que hacer».

Pincha sobre la imagen para ver el vídeo de Mònica sobre las labores de rescate de mutilados en Helmand.

El libro de Mònica es un relato personal de todas las aventuras que le ha tocado vivir, de las buenas y las malas, desde el año 2000, hasta marzo de 2012. Mediante el relato de hechos de los que ha sido testigo y de experiencias vividas, Mònica intenta dar voz al pueblo afgano y centrar la atención sobre las víctimas de la guerra, que son siempre las principales olvidadas. Ella, que se ha empotrado con las tropas de la OTAN muchas veces, desmitifica la figura del corresponsal de guerra, con la que no se siente nada identificada, describiendo el trabajo real de un periodista sobre el terreno… Igualmente denuncia la opacidad del ministerio de Defensa, que le han puesto siempre muchas trabas a la hora de realizar su trabajo.

Pincha sobre la imagen para ver un reportaje de Mònica Bernabé sobre Korengal, el valle de la muerte.

Sobre este punto habló largo y tendido el periodista Gervasio Sánchez, que  no quiso dejar pasar la ocasión de denunciar en público el maltrato que la periodista catalana ha sufrido durante todos estos años por parte del gabinete de prensa del Ministerio de Defensa. Gervasio, con esa energía e indignación que rezuma cuando tiene que poner los puntos sobre las íes,  dio nombres y apellidos de aquellos que desde 2006 han pasado por el puesto de directores de comunicación y que han «dinamitado» la cobertura informativa que Mònica hacía desde Afganistán:

«Es de vergüenza. Mónica ha podido empotrarse con ingleses, americanos, franceses… con total facilidad, es algo rutinario. Empotrarse no es malo, de otra manera no se puede acceder a la primera línea de una batalla y ver qué ocurre realmente. Mònica ha tenido esa facilidad con otros países y sin embargo el Ministerio de Defensa español ha dinamitado su trabajo vergonzosamente e incluso poniendo en peligro su propia vida.

El gabinete de comunicación del Ministerio es un chiringuito para hacer campaña de nuestros ministros de Defensa, a cual peor, como Trillo, que no hay militar que no lo odie; Bono, que parecía el doble de Trillo, pero más prepotente; J.A. Alonso, un pusilánime, Chacón, que en 4 años ha tenido 4 directores de comunicación.. Ser dircom debe ser el camino más fácil para llegar a ser diputado. Han boicoteado el trabajo de la única periodista regular allí, han intentado que no fuera a las bases españolas y la negaban incluso información menor, como que la ministra estaba en Kabul de visita.

Es alucinante que se impida contar lo que pasa en Afganistán con los soldados españoles, y que solo lleven a periodistas de medios que pueden controlar. 

Mònica ha tenido que aguantar impresentables como Germán Rodríguez, que va de enrollado pero luego te pega la puñalada por la espalda, y ahora es diputado del Psoe. Sergio Sánchez, ahora en el CNI, hace carrera en la mediocridad. Ni se presentaba a las citas. Mònica ha hablado con militares que han contravenido órdenes para ayudarla». La paradoja es que Bernabé esté acreditada como periodista internacional, lo que significa que tiene permitido el acceso a las bases militares de cualquier país, excepto a las españolas por prohibición expresa del ministerio».

Mònica contó situaciones que le ha tocado vivir, como lo mal que lo pasa cada vez que viaja a la región de Qala-e-Now, capital de la provincia de Badhgis, a la que tuvo que llegar por tierra porque las tropas españolas se negaron a llevarla por aire, donde no puede alojarse en ninguna parte porque no hay hoteles, electricidad solo cuatro horas al día, agua un día sí y otro no,  y donde no puede entrar a los bares a comer porque las mujeres no tiene permitido el acceso, y ella llamaría mucho la atención.  «Si no fuera porque hay una base española allí, ni me plantearía ir», aseguró. sin embargo, nunca la han dejado entrar ni la han ayudado. «He sobrevivido gracias a los sobres de jamón serrano envasados al vacío que llevaba conmigo».

Pincha sobre la imagen para ver el reportaje de Mònica sobre malnutrición infantil en Kabul. Foto de F. Múgica.

La charla finalizó con una visión bastante pesimista del futuro del país. Al ser preguntada, Mònica aseguró albergar muchas dudas de que la comunidad internacional se vaya a interesar por la seguridad del pueblo afgano una vez que las tropas de la OTAN se hayan marchado de allí. Las fuerzas de seguridad afganas no están preparadas para mantener la seguridad del país, y además las autoridades actuales son totalmente corruptas. «La comunidad internacional vende humo diciendo que el país está preparado para la transición, que hay una democracia, cuando el gran problema en Afganistán es que la comunidad internacional recurrió a los señores de la guerra afganos, que son criminales y asesinos, para hacer frente al régimen talibán, luego los alzó al poder. Si te alías con lo peorcito, si lo que pones en lo más alto del poder a lo más corrupto, lo de más abajo será siempre peor «, concluyó la periodista.

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