Una marea humana toma Santander para celebrar el triunfo de La Roja

Cantabria entera se echó este domingo a la calle para seguir a La Roja con la esperanza de ver, por primera vez en la Historia, a nuestra selección ganando un mundial. Y vaya si lo vieron.
Una ciudad tranquila como Santander, donde no se suelen sacar los pies del plato, el domingo estaba irreconocible. Desde las cuatro de la tarde ya se oían por todas partes cláxones de coches, vuvuzelas e himnos varios apoyando a la selección. La calle Burgos, el Paseo de Pereda, Cañadío, la plaza del Ayuntamiento, Puertochico y barrios aledaños registraban un inusual trasiego de gente de todas las edades, desde chavales jóvenes hasta familias enteras con las caras pintadas. Y todo ello envuelto en los colores amarillo y grana de nuestra selección. Porque ni un sólo cántabro salió a la calle sin llevar una camiseta, una bandera o una bufanda, o sin dejar colgada en el balcón de casa la enseña nacional.

Un paisano ondeando la bandera antes del partido. / (C) Lola Hierro

A las ocho de la tarde los bares estaban repletos, las calles vacías y el Palacio de los Deportes de Santander se encontraba a punto de estallar con más de diez mil personas en su interior conscientes del momento histórico que estaban viviendo, con los nervios a flor de piel y la absoluta certeza de que España iba a ganar este Mundial.

Histerismo de la afición. / (C) Lola Hierro

La victoria, como es sabido, se hizo esperar, y por eso durante los dos primeros tiempos se vieron muchas caras tensas, nervios a flor de piel, y se escucharon multitud de críticas en contra de un árbitro que no cayó nada bien entre la afición santanderina, y hacia el que fueron dirigidos numerosos cortes de manga acompañados de comentarios como “sinvergüenza” o “vendido”.

Besando la bandera. / (C) Lola Hierro

A medida que pasaba el tiempo, el ambiente se iba calentando, siempre con todos los sentidos puestos en las pantallas gigantes que mostraban los intentos de la selección por conseguir un gol. Y cuando La Roja ya no podía tenernos más en vilo, llegó: El tanto de Iniesta, cuatro minutos antes de la ronda de penaltis, que desató una auténtica marabunta de saltos y gritos, lágrimas, risas, cánticos, bailes, abrazos, más lágrimas, más saltos, más berridos…

Nervios. / (C) Lola Hierro

Hemos ganado. / (C) Lola Hierro

En los momentos posteriores al gol, el Palacio estuvo a punto de derrumbarse por el estruendo que había en su interior. La cuenta atrás para que el árbitro pitara el final del encuentro se hizo en voz alta, y cuando la victoria de España por fin fue un hecho, el enloquecimiento generalizado volvió a apoderarse del pabellón.

La multitud toma las calles

Toreando. / (C) Lola Hierro

Con toda esta euforia en el cuerpo, el recinto se fue vaciando lentamente y la muchedumbre se desplazó hasta la fuente de Mesones, en El Sardinero, donde continuó la fiesta. Desde el Palacio hasta Cañadío, se vió Santander colapsado, con cláxones que no dejaban de pitar, con sus ocupantes sacando medio cuerpo por las ventanillas, y miles de personas tomando una ciudad que no se ha visto así ni en el cambio de milenio ni en ningún otro acto reseñable del pasado. Hasta la Segunda playa de El Sardinero fue escenario de la euforia provocada por el triunfo, ya que muchos aficionados optaron por darse allí el baño de la victoria.

 

Cañadío on fire. / (C) Lola Hierro

La plaza de Cañadío en concreto se llenó hasta no caber un alfiler, había hasta gente subidas en las farolas y en los árboles, petardos, bengalas, motos derrapando para crear nubes de humo… Ha sido, en definitiva, la noche más animada, más roja, y más festiva que se recuerda en Santander.

Bengalas. / (C) Lola Hierro

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