Toledo: datos prácticos

Visitar Toledo es extremadamente cómodo y sencillo, no necesita libro de instrucciones. También es cierto que se trata de una ciudad muy turística donde la mayoría de los sitios resultan un poco caros para el bolsillo de un viajero-mochilero. Durante nuestro fin de semana, no fuimos tirando la casa por la ventana pero tampoco fuimos tan austeros como en otras ocasiones. A fin de cuentas, era una escapada parejil de las que hacía meses que no vivíamos, así que nos dimos algún que otro capricho. Lo que viene a continuación son algunas sugerencias para quienes quieran visitar la ciudad y tengan un presupuesto bajo-medio. Esto es lo que nosotros conocimos:

*Llegar

Desde Madrid, es mucho mejor el autobús o el tren que el coche: aparcar en Toledo es misión imposible, una vez en la ciudad no te va a hacer falta para nada ya que lo suyo es andar,  y los precios del transporte público son muy asequibles. Los autobuses de la compañía Alsa salen de la estación de Plaza Elíptica (Línea 6 de metro) de lunes a domingo cada media hora aproximadamente y llega a la Estación Central de Autobuses de Toledo. El trayecto es de unos 50 minutos sin tráfico. La vuelta a Madrid es con una frecuencia similar. El precio: 5,22 ida; 9,39 ida y vuelta. Venta online y más información en Alsa.es.

En cuanto al tren, Renfe dispone de entre 10 y 15 trenes diarios -según el día- que unen las dos ciudades. Salen de la estación de Atocha (Líneas 1 de metro y todas las de Cercanías), el trayecto dura media hora y los precios son de 10 o 12,50 euros, dependiendo de la clase. Venta online de billetes y más información en Renfe.com.

Nuestra primorosa habitación.

Nuestra primorosa habitación.

*Dormir

Miramos muchos sitios porque queríamos dormir en un hotel bonito pero barato, cercano pero tranquilo, lo de siempre, vaya. Después de mucho comparar nos inclinamos por La Hospedería de los Reyes, que está en el puesto 12 de 45 establecimientos recomendados por los viajeros de Tripadvisor, una web de la que me fío mucho y que de momento no me ha fallado. Una noche en habitación doble nos costó 48 euros, y los pagué muy a gusto porque el hotel cumplió todas las expectativas. Está ubicado en un lugar inmejorable: fuera de las murallas. Muchos viajeros pensarán que lo suyo es hospedarse dentro, en todo el meollo, pero en nuestro caso, optamos por irnos fuera ya que Toledo es una ciudad marchosa y no queríamos arriesgarnos a dormir escuchando el jaleo de las calles. Este hotel está a tres minutos a pie de la Puerta de Bisagra, así que estuvimos muy  a gusto, dormimos sin un ruido y no nos costó nada llegar al casco antiguo. Por lo demás, decir que está limpio es poco: reluce. Todo está nuevo, muy bien decorado en plan rústico, y muy luminoso. Nuestra habitación tenía un balcón por el que entraba un torrente de luz  y una tele de pantalla plana, y el baño era minúsculo pero también extremadamente limpio, con secador. Y hay wifi gratis. Contras: dos cosas que para muchos no será un problema, pero las pongo por si acaso: las camas no son aptas para quien mida más de 1.90, y las almohadas son demasiado altas y duras. Supongo que nos podían haber cambiado la almohada pero tampoco lo pedimos, y en cuanto a la longitud de la cama… imagino que en muchos sitios serán así también.

Papel de pared en el baño en La Flor de la Esquina. Diferente.

*Comer

Llegamos un sábado ya comidos de Madrid, así que no tuvimos opción de probar demasiados sitios. Nos tomamos la primera cerveza en La Flor de la Esquina, junto a la iglesia de los Jesuitas. Dan caña con tapa a buen precio y el sitio es bonito y acogedor, y nada turístico por lo que estás bastante a gusto.

Nuestra cena en Alflleritos 24. ¡Demasiado buena!

Después tapeamos por la noche en Alfileritos 24, un bar/restaurante construido en lo que un día debieron ser unas cuevas en la calle del mismo nombre del local. Nos salió un poco caro, pero la comida fue deliciosa, el ambiente muy agradable y el trato del personal, inmejorable. Trabaja allí un camarero andaluz que se gana el sueldo como el mejor: estuvo pendientes de nosotros toda la noche y nos hizo partirnos de risa con sus comentarios y sus chistes. Un tipo muy grande, solo por él, merecería la pena la visita. Consejo: imprescindible probar las croquetas de boletus: se deshacen en la boca y es de las mejores que he probado en mi vida.  Aún cuando las recuerdo se me hace la boca agua.

Las monjitas del escaparate de El Café de las Monjas

Al día siguiente decidimos desayunar en El Café de las Monjas, famosa cafetería porque tienen pastelería artesanal. Habíamos leido muy buenas críticas pero a nosotros nos salió el tiro por la culata. El sitio está en la Judería, por lo que tuvimos que atravesar la ciudad en ayunas. Todo porque estábamos empeñados en probar unos pasteles que habíamos visto la noche anterior en su escaparate, famoso por otra parte porque está lleno de muñecas de monjas haciendo trabajos en una mini cocinita. Llegamos, nos sentamos, y pedimos, y aquí empezaron los problemas: de los dos bollos que pedimos, no tenían ninguno. Pedimos otra cosa de la carta, y tampoco había. Al final encargamos una porción de tarta de mazapán que a mi compañero le gustó pero a mi me empalagó muchísimo. Para beber, dos tés de la carta, que tampoco tenían. Pedimos otro… y ni por esas. La camarera nos recomendó uno y aceptamos. Cuando lo probé, entré en cólera: era un té muy fuerte y lo había dejado tanto tiempo en el agua que no se podía ni beber de lo amargo que estaba. La broma por un trozo de tarta empalagosa y dos vasos de agua caliente con té malo me salió por diez eurazos y encima nos hizo mal la cuenta y si no llego a darme cuenta nos cobra de más, amén de que el servicio no fue demasiado amable. Vamos, una experiencia para olvidar.

Posada del Cristo de la Luz, el descanso del viajero

Estuvimos todo el domingo pateando y comimos tarde, muy tarde, en un restaurante sirio llamado Posada del Cristo de la Luz, frente a la mezquita del mismo nombre. Este es otro de los lugares altamente recomendables. Está un poco escondido pero merece la pena: decorado con telas, lámparas de colores, mesitas bajas, luz de velas… el ambiente es muy íntimo, la música está muy bien elegida y el chico que lo regenta, que es sirio, es majísimo y muy servicial. De precio está genial, nada caro. Hay menú y pedimos un poco de todo para picar: hummus, ensalada, pollo especiado… y salimos a unos 20 euros en total, incluso menos. Hay carta de tés y shishas para fumar.

Jarritas de cerámica, típicas

*Comprar

No nos trajimos ningún souvenir de Toledo. Lo mejor que se puede comprar en la ciudad es bollería y pastelería típica, y especialmente el mazapán. No me gusta mucho ese dulce, pero he de reconocer que el de Toledo no tiene nada que ver con el que se come en Navidad. En cuanto a lo que no es comida, en Toledo sobre todo se ven tiendas de armas variadas: espaditas, navajas, cuchillos… La cerámica de Talavera también abunda en todas las tiendas de turistas, pero a nosotros tanto lo uno como lo otro no nos llamó especialmente la atención. Si se quiere gastar dinero en algo, que sea en visitar lugares con tanto valor histórico como el Monasterio de San Juan de los Reyes o la Sinagoga del Tránsito, y en comer bien. Lo demás es superfluo.

¡El mazapán se anuncia hasta en chino!

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