MEMORIAS DE ASIA VI: PRIMEROS PASOS EN YANGÓN

Llego sin ningún incidente a Yangon, la antigua capital de Myanmar, e inicio un viaje por este país con el que llevaba soñando largos años. Por fin estoy aquí y ha sido facilísimo: aeropuerto sin problemas, todos los trámites rapidísimos… Me da tiempo hasta a probar el pollo del Piri Piri (un restaurante supuestamente portugués) y derrochar dinero en un café del Starbucks. El vuelo de Air Asia dura apenas una hora desde Bangkok: apenas dar para rellenar tres impresos de inmigración y comer un pollo con arroz MUY RICO que ofrecen las azafatas sin coste adicional.

A todo esto, viajo en el mismo avión que un equipo de fútbol infantil, la selección birmana, creo, que ha ganado un trofeo importante en la ciudad de Ayutthaya, en Tailandia. También coincido con una cantante famosa en Myanmar, una rubia teñida muy joven, la Hannah Montana de este país. Al llegar, encuentro hordas de adolescentes en el aeropuerto, esperándola para hacerse fotos con ella. Y ella accede ante el regocijo de la chavalería.

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Yangón más urbano./ © Lola Hierro

En Yangon apenas he pillado cola en inmigración y antes de salir del aeropuerto es posible obtener una tarjeta Sim con muchos gigas por dos duros, dinero birmano en uno cajero y hasta taxista. Esas dificultades del pasado para conseguir todo esto se han quedado ahí, en el pasado. Con el taxista hay que regatear, claro, pero es tan sencillo que cuando llego al hotel le pago un poco más porque, haciendo los cálculos más despacio, me he dado cuenta de que el hombre se estaba dejando timar. Solo 30 céntimos de euro, pero oye, que no le falten a nadie. Encima, el pobre conductor estaba agobiado porque no encontraba el hotel y he tenido que guiarle usando Google Maps y rogándole que no se apurase, que no era nada grave.

Al llegar, sorpresa: el hotel es estupendo. Se llama 501 Merchant Bed & Breakfast y está en un edificio colonial reformado siguiendo el modelo original. Ha quedado guay. La única pega es que la habitación está separada del baño, y para ir a ducharse o a usar el retrete o a lavarse los dientes hay que atravesar la cocina donde el personal prepara el desayuno y donde ellos mismos almuerzan. Pero bueno, en seguida me acostumbro a pasearme en toalla o en pijama delante de todos, es como una pequeña familia.

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Fútbol nocturno./ © Lola Hierro

Aquí en Yangon la gente habla un inglés que no entiendo bien. El recepcionista es el primero que demuestra que sus conocimientos son limitados, como he oído. Más adelante veré que ocurre lo mismo con la mayoría de la gente. Pero lo compensan siendo extremadamente amables y serviciales, la verdad.

Un primer paseo nocturno sirve para tener una primera impresión de esta ciudad. Por ejemplo, en seguida se nota que hay muchísimos perros callejeros y todos, aparentemente, de la misma raza. Hay gente pobre pidiendo en la calle, pero perros… Son muchos más. Y ratas. Yangon es muy sucia, es verdad que no circulan apenas motos y eso ayuda a hacerla un poco menos contaminada y silenciosa que otras urbes asiáticas, pero como también hay infinidad de puestos de comida callejera, pues al final todo está muy guarro. Y apenas hay contenedores de basura. De papeleras, ni hablamos.

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Puesto de pescado./ © Lola Hierro

Al principio siento desconfianza, y creo que me van a robar en cualquier momento. Pero no. Los birmanos son amigables. Me alucina ver a unos adolescentes en plena noche jugando al fútbol descalzos en un aparcamiento de autobuses junto a la plaza de la Independencia. Algunos van descalzos y todos se lo toman muy en serio, sudan como pollos. Hace calor, sí, pero por sus pintas y su actitud parece que entrenan como profesionales y que llevan ahí un buen rato. En un margen del campo improvisado, un señor masajea el gemelo de uno de los jugadores.

Subo a un puente que cruza una ancha avenida, la avenida Sule, que empieza donde está la enorme pagoda del mismo nombre. Desde allí arriba se pueden hacer fotos muy impresionantes, con muchos elementos urbanos: coches, semáforos, faroales, gente que va de aquí para allá, carros de comida, comercios abiertos y cerrados, la cola del autobús… Hay animación pese a que ya es de noche. Luego enfilo una calle perpendicular muy concurrida. Me agobia un poco; ya estoy muy cansada. Hay que tener cuidado de no chocarse con transeuntes ni meter los pies en algún socavón o charco de agua sucia.

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Edificios coloniales invadidos por la maleza./ © Lola Hierro

Al cabo de un rato de caminata esquivando puestos, gente y perros, vuelvo al hotel previa compra de yogures y galletas para cenar. Un señor apostado en la puerta del edificio avisa según llego de que justo al lado hay un espectáculo de «ladies». El garito no es otra cosa que un local de copas y bailarinas de striptease, creo. Declino y el paisano se sorprende porque no le debe caber en la cabeza que una jovencísima y lozana mujer como yo diga que no bebe alcohol y no acepte una propuesta de jarana. Pero estoy para el arrastre. Y tampoco es lo mío, tampoco es tan sorprendente…

Coste de vida en Yangón (I)

  • Tarjeta sim de 3.5 gb: 6500*2=13.000 kyats
  • Taxi del aeropueto al hotel en el centro de Yangón: 10.000 kyats
  • Supermercado, compra de snacks y agua: 4.850 kyats
  • TOTAL: 28.000 KYATS O 16 EUROS

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