Me dejan sin periódico y sin ilusión

Ayer, durante la concentración de Sol en protesta por el ERE de El País, me temblaba la voz mientras las 200 almas allí reunidas bajo la lluvia contábamos en voz alta hasta 149: 149 despidos, 149 razones menos por las que seguir confiando en este periódico.

Soy alumna de la XXVI promoción del Máster de Periodismo de EL PAÍS. No son los únicos que hacen un Máster: El Mundo, Abc o la agencia Efe también ofrece este tipo de estudios de posgrado. Pero cuando el año pasado, por estas fechas, me decidí a volver a estudiar, tenía muy claro dónde quería ir. Siempre ha sido mi diario de referencia. Cuando era pequeña leía el Pequeño País, que creo que fue mi primer contacto con el papel. Cuando entré en la Complutense para estudiar Periodismo, soñaba con que algún día me contrataran, era lo máximo a lo que podría llegar como profesional. Por eso, ser admitida en la Escuela supuso para mi una alegría tremenda.

 

Concentración contra el ERE en la puerta de la sede.

Me gusta El País porque siempre ha hecho gala de unos principios éticos, por sus informaciones rigurosas y honestas, porque tienen un libro de estilo sagrado (hasta ahora) que establece las bases de cómo hacer buen periodismo… Porque son casi todo lo que yo creo que un periódico debe ser, porque la información no se hace de cualquier manera, cascando una nota de agencia y punto, como se hace en la mayoría de medios, sino que es un sitio donde no te dejan usar un teletipo y te obligan a tener agenda propia, a buscar la noticia, a obtener fuentes, porque sus redactores todavía salen a la calle y porque valoran un poco más que los demás los reportajes y la experiencia. Lo he comprobado porque mis profesores de estos últimos diez meses, todos redactores en El País, así me lo han enseñado. Hasta ahora, para mi ha sido un orgullo decir que estoy estudiando allí.

Maruja Torres hoy no ha publicado su columna, a modo de protesta.

Ahora se lo están cargando. El grupo Prisa, que son unos señores a quienes no les importan un pito lo que supone este periódico para tanta gente, va a eliminar de un plumazo a un tercio de la plantilla en un intento por disfrazar su mala gestión de “consecuencias de la crisis”. Y así, echan a 149 personas entre las que hay profesionales como la copa de un pino, mientras ellos conducen coches de alta gama y se reparten bonus millonarios. Pero lo más grave no son los despidos, que lo son y mucho, sino que, en mi caso, la confianza y el respeto que tenía en el periódico, o más bien, en quienes lo manejan desde arriba, quedará herida de muerte. Si no confío en lo que vaya a ser este periódico desde ahora, ¿cuál va a ser mi referente?

La redacción de Madrid, vacía. Foto: Comité El País

Viñeta de Forges para EL PAÍS del 7 de noviembre

Estoy furiosa, porque yo me he dejado los ovarios para entrar en el Máster de este periódico y me los estoy dejando más desde el 16 de enero, día en que empecé las clases, para ser la mejor, demostrar que valgo, en definitiva, para convertirme en una periodista a la altura de los que trabajan en esa plantilla: de primera división. Y ahora me encuentro con este desmantelamiento absurdo, con que están practicando lo que siempre se ha criticado desde sus páginas, y con que los periodistas con los que quiero aprender el oficio a lo mejor se van a la puñetera calle, como Ramón Lobo, Georgina Higueras, o Enric González, que ya dijo adiós por su cuenta hace unas semanas. ¿Y ahora de quién aprendo yo? ¿De Twitter?

 

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