Accidente minero en León – el ‘behind the scenes’ de una reportera

Cuando ocurre una tragedia, no hay tiempo para pensar. Solo actúas. Si eres periodista, es más de lo mismo. Se trata de llegar lo antes posible, llegar para contarlo. Y contarlo bien. Si hay muertos, si hay heridos… Extremar el cuidado. El respeto. La delicadeza. Y hacerlo rápido. Informar de tragedias como el accidente de tren de Santiago o el atentado del 11-M es una de las labores más ingratas de ser periodista. Quieres poner cuidado en no cruzar la frontera entre lo que es información y el morbo puro y duro, y no siempre lo consigues.

El lunes me tocó ponerme a prueba como reportera en un suceso muy triste. Seis mineros de la comarca de Pola de Gordón (León) murieron en el tajo debido a un escape de grisú -gas metano- que les fulminó mientras trabajaban. He publicado muchísima información en El País sobre esta tragedia, pero ahora voy a contar cómo se vive algo así desde una perspectiva personal.

LUNES 28 DE OCTUBRE

15.00 – «Lola, rápido, mírate ese teletipo que dice que hay cinco mineros muertos en León», me dice Jorge, uno de mis jefes. Y Lola, que está reposando la comida muy panchamente en su silla de oficina, salta como un muelle. Rápidamente miras agencias, y sí, parece que ha habido un accidente. Son apenas dos líneas. Con una mano abres el editor de la web para ir escribiendo algo, con la otra enganchas el teléfono y, mientras, pides a voces que alguien te pase teléfonos: subdelegación del Gobierno en León, Cruz Roja, Emergencias 112, comandancia de la Guardia Civil, la propia empresa… Lo que sea.

Aciertas a escribir tres párrafos con la información que vas recabando de unos y de otros. Circula el rumor de que hay mineros atrapados. A otros cinco se los han llevado al hospital, uno está crítico y no se sabe si vivirá… Hay mucha información contradictoria, mucha confusión. Y te das cuenta de que hay que ir, hay que enterarse. Lo dices. Lloras y pataleas. Hace falta un fotógrafo… Parece que no hay ninguno por la zona. Tendrá que ir uno de Madrid también. «Lola, ¿puedes salir AHORA MISMO hacia León?», me pregunta el jefe. Estas cosas ni se piensan, le digo que sí, que ya mismo. Cuando me pregunta, ya tengo el bolso y la cazadora en las manos. Y me voy. Acierto a coger un cepillo de dientes que guardo en la redacción y un compañero de fotografía me presta un forro polar. En Madrid estamos a 20 grados pero en León hace frío ya.

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Camino de León envueltos en un atardecer tan dramático como el día. / Lola Hierro

15.20 – Estoy subida en el coche de mi compañero y amigo Uly Martín, uno de los mejores fotógrafos de El País, rumbo a Pola de Gordón. Solo interrumpiría nuestro viaje una breve parada en casa de mi colega para coger equipo y un abrigo que muy amablemente me presta su chica. Las siguientes cuatro horas las paso en el coche, con el ordenador en las rodillas, el móvil enchufado al mismo porque solo tengo un 20% de batería, y haciendo llamadas sin parar, consiguiendo contactos de la zona que me puedan contar bien qué está pasando. Y por supuesto, atenta a la radio y a la información que mis compañeros van sacando desde la redacción.

21.00 – Llegamos a la mina, que está en un pueblo a 40 kilómetros al norte de León. Está oscuro y solamente quedan ahí media docena de equipos de televisión que se preparan para entrar en directo en sus informativos correspondientes. Mi jefe supremo quiere que le envíe algo. Y yo no tengo nada. Es de noche, la mina está vacía, los afectados están en el tanatorio o en el hospital de León. No tengo historia allí, así que recorremos los alrededores de la mina, buscando a alguien que me pueda contar qué pasó. Me encomiendo a la virgen de los reporteros, que dicen que es muy efectiva cuando de verdad te lo mereces. Y debe ser que lo merecía porque caigo en la cuenta de que había un bar de carretera junto al desvío que lleva a la mina… «Uly, vamos al bar!», le digo a mi compañero. Y sí, bingo. Allí conocí a un matrimonio encantador y también a José Antonio, delegado sindical de UGT que me confirmó que los muertos eran seis y no siete como se venía diciendo. Llamo al periódico, informo y, tras un rato con ellos, consigo armar una historia sobre el dolor a pie de mina de los compañeros de los fallecidos que escribo en el coche, de camino a León, con el portátil en las rodillas y unas ganas de vomitar estupendas. Pero cumplimos la misión.

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Equipos de televisión en las puertas del pozo Emilio del Valle. / Lola Hierro

00.00 – No tenemos dónde dormir. Nos reunimos con María, redactora de mi sección a la que también han mandado a León media hora después que a mí. María es un ángel venido del cielo porque ahora podríamos repartir tareas y contar más y mejor. A las horas que son, solo nos da para cenar en un Telepizza y buscar un hotel para dormir un rato. Y a todo esto, sin ropa limpia, sin útiles de aseo ni nada. Eso sí, cargados con tres portátiles, móviles, cámaras, objetivos y cables por un tubo.

MARTES 29 DE OCTUBRE

08:00 –  Despego el ojo y me encuentro un mensaje de mis compañeros del programa de radio Buenos Días Cantabria en el que me piden una entrada en directo para informar de las últimas novedades. Acepto de buen grado, pero con mucho sueño. Les cuento y confirmo una vez más que no hay siete muertos, leñe. Me doy una ducha con el jabón del hotel, no tengo nada más. Al menos había calefacción y pude lavar y poner a secar la ropa interior durante la noche. El desayuno es lamentable así que, con las mismas, nos vamos a la concentración por las víctimas en la plaza mayor de Pola de Gordón.

10:00 – Quedan dos horas para la concentración y el bar Manolín de Pola está atestado de gente, sobre todo, periodistas con sus archiperres que se toman un café antes del comienzo del acto. Yo necesito un personaje, un superviviente, un rescatador que me cuente su experiencia. También necesito que alguien me cuente cómo eran los seis fallecidos porque quieren darles una página en el periódico a modo de homenaje. Lo que se hace siempre, vaya. Y aunque no estoy de acuerdo con publicar ese tipo de cosas, son órdenes del jefe, así que me pongo las pilas. Hablo con unos y con otros. Evito a los familiares más directos porque no quiero incomodarles, que bastante tienen. La gente está sufriendo pero son tremendamente comprensivos y me facilitan muchísimo la que para mí, es la labor más desagradable que me toca hacer cada vez que llevo una historia con muertos. Hago amistades, intercambiamos móviles. Son increíbles estos leoneses.

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Concentración por las víctimas en el Ayuntamiento de Pola de Gordón. / Lola Hierro

12:00 –  Más de dos mil personas acuden a Pola para mostrar su respeto y solidaridad a las familias de las seis víctimas. Es impresionante. El sonido de los aplausos se me clava en el alma. Se me empañan los ojos un poco. No conocía a ninguno de los muertos ni a sus familias, pero una no es insensible al dolor humano. Ver a los fornidísimos mineros, que parecen tan duros y que sin embargo están, pañuelo en mano, totalmente vulnerables, me conmueve muchísimo.

El acto termina y hay que mandar crónica.  Volamos María y yo hacia la biblioteca municipal y ahí, en la sección infantil, sentadas en sillitas minúsculas, empezamos a producir. Cuando cierra, nos vamos al Café Español, donde pedimos de comer, desplegamos toda la maquinaria, abusamos del wifi y nos quedamos hasta las 10 de la noche trabajando. Allí nos encontramos a muchos y muy queridos compañeros fotógrafos como Eloy Alonso y Javo Díaz, y nos hacemos el obligatorio autorretrete con Uly.

Al día siguiente, María y yo llenamos tres páginas del periódico con la tragedia de  los mineros. En total, mandamos cinco informaciones entre las dos. Uly, que ha estado enviando imágenes durante todo el día, se curra una fotogalería. Parece poco, pero es una locura.

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Periodistas en la biblioteca de Pola. / Lola Hierro

22.30 – Los jefes nos ordenan aguantar ahí un día más. Muy cansados, cenamos algo en un mesón donde conocemos a tres mineros jubilados que nos cuentan historias muy interesantes. Aún no lo sabemos, pero con dos de ellos forjaremos una buena amistad. Pasamos la noche en una pensión de Pola donde, por segunda noche consecutiva, tenemos que lavar la ropa interior antes de dormir. Va para tres días y no hemos tenido tiempo ni de comprarnos unas tristes bragas. Encima hace un frío que pela y dormimos con dos mantas y una colcha cada una.

MIÉRCOLES 30 DE OCTUBRE

11.00 – Funeral por las víctimas en el pabellón deportivo de Santa Lucía de Gordón, a cuatro kilómetros de Pola. Hay quien está crispado con la presencia de la prensa, e incluso mi contacto de UGT, José Antonio, tiene que templar gaitas con un chico que se cabrea cuando me acerco al grupo donde están para preguntarle a mi nuevo amigo qué autoridades van a asistir. Las teles y los fotógrafos no entran al pabellón, y yo paso como un vecino más, sin decir a nadie que soy periodista. Me siento un poco insegura y no me atrevo ni a sacar el bloc de notas, por si acaso enfado a alguien, pero con un movimiento rápido de dedos pongo el móvil a grabar la homilía. Algo es algo. El funeral es tremendo. El dolor de las familias es indecible y soy testigo de escenas muy dramáticas que nunca escribiré en ningún sitio. Ahí sí. Ahí lloro, no lo puedo evitar. Son tres días muy intensos. El tristísimo himno minero, Santa Bárbara bendita, me pone la puntilla.

13.00 –  Con la crónica enviada gracias a la fantástica María, que casi la hizo sobre la marcha, quedamos con esos mineros que conocimos en el mesón la noche anterior porque uno de ellos me va a contar su experiencia como superviviente a una explosión con grisú en la mina. Para la entrevista y las fotos elegimos la mina en la que trabajó 28 años, que me deja ojiplática por sus dimensiones. Solo había ido por allí una vez desde que se retiró y mi amigo se emociona un poco. Me fascina la sensibilidad y la humildad con la que me cuenta su historia. Definitivamente, las gentes de esta región tienen el corazón enorme. La sesión de fotos es muy divertida, Uly es muy crack y saca fotones de la nada. Después, nos conducen a una gasolinera donde venden los mejores chorizos de León, y nos compramos unos cuantos.

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Nuestro superviviente a un accidente con grisú, posando para Uly. / Lola Hierro

15.00 – Tras despedirnos de nuestros amigos, intercambiar móviles, facebooks y de todo, volvemos al mesón El Español, escribimos y enviamos una crónica más detallada del funeral y vamos pensando en ponernos en marcha hacia Madrid. En algún momento habrá que dejar a esta gente que descanse y llore a sus muertos en paz. Uly se queda enviando fotos, y María y yo nos vamos en su coche. La vuelta se hace corta, vamos hablando, disfrutando de un atardecer de mil colores, y con la tranquilidad de que, mejor o peor, el trabajo está hecho.

20.00 – Llegamos a Madrid de noche. Entro en casa, y lo primero que hago es despojarme de la ropa que he llevado los tres últimos días y darme una ducha. Luego me duermo, rendida. Al día siguiente tengo que escribir mi última historia extraída de las minas de León, la del superviviente, que se publica el domingo. Ya llegará el momento de asimilar, de hacer balance y pensar en lo que se ha hecho bien y lo que se podía haber mejorado.

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Esta entrada no es de gran interés para nadie, pero sentía la necesidad de dejar por escrito todo lo que he vivido estos días en León. Han sido tristes, pero también alegres porque he conocido gente maravillosa que me ha dado mucho, muchísimo, sin tener por qué.  Desde esta humilde bitácora me posiciono abiertamente a favor de la causa de los mineros. Ya les conocí ale verano pasado durante las marchas a Madrid y ahora me reafirmo en mis creencias. Pero de esto ya hablaré otro día.

 

Foto superior: César Manso / AFP

6 Replies to “Accidente minero en León – el ‘behind the scenes’ de una reportera”

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  2. dixebra

    Nadie es capaz de entender un sentimiento tan fuerte y tan duro que existe en una zona minera hasta que no lo vive personalmente. Podremos ser brutos, descarados,altivos, pero a la hora de la verdad, cuando las desgracias invaden nuestras vidas, somos uno.Da igual que no soportes al que tengas al lado, que normalmente te tires piedras a la cabeza con el vecino…en esos momentos no hay rivalidades, no hay disputas, solamente hay union. Union por un dolor que todos compartimos, que sabemos que en cualquier momento puede llegar pero nunca estamos preparados para ello.
    Lola, lo que has sentido en esos tres dias, es un sentimiento natural en nosotros.
    Soy nacida y criada en cuenca minera,concretamente en esa. Siempre con el corazon en un puño, porque fueron muchas las malas noticias procedentes de la mina que en los años que tengo me han acompañado. Desde el colegio hasta el dia de hoy.
    Se lo duro que es para las familias tener una camara delante grabando el dolor mas intenso que se puede sentir. No es facil compartir el dolor con un publico que no conoces. Pero por mi experiencia, tambien entiendo la labor de los periodistas,que no por su propio interes, sino movidos por las ordenes que llegan desde arriba, tienen que tragarse lagrimas, miedos y opiniones para dar a conocer una noticia. Y se de lo que hablo, porque no he trabajado como periodista, pero si como camara-
    Siempre se saca algo bueno de una tragedia, y de esta, estoy seguro que te has llevado la humanidad y la bondad de las gentes de mi tierra.

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    • Lola Hierro Post author

      Es lo que le digo a todo el mundo… que yo, relación con la minería y sus gentes, nunca he tenido hasta que os conocí en las marchas a Madrid. Y ahora… pues una parte de mi se ha quedado en León, qué cosas tiene la vida! La vida a veces te hace aprender a guantazos, y yo al menos agradezco que este trago lo haya compartido con vosotros, que sois una gente súper cálida y bondadosa. Reitero mis agradecimientos por lo bien tratada qeu me sentí pese al trabajo tan incómodo que fui a hacer. un abrazo!!!

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  3. dixebra

    Nacida y criada en zona minera, concretamente en esa. El sentimiento que tu has experimentado es el que llevamos dia a dia nosotros. Puede que tengamos disputas, que confraternicemos mas con unos que con otros, pero ante las adversidades somos todos uno! Conozmo muy bien las dos partes que las que te has visto, por una parte la pena y desconsuelo de esa gente (de mi gente), que yo he sufrido en la distancia y por otra a ardua tarea de comunicar al mundo lo sucedido.
    Desde mi humilde experiencia se lo dificil que es para las personas afectadas, tener delante de ellos en esos momentos una camara grabando sus penurias en esas circunstancias, que no es nada comodo ni agradable, pero por otra parte, entiendo la labor de los periodistas,que presionados han de dar la noticia como sea y al precio que sea, y lo digo sabiendo lo que es,no soy periodista, pero si tecnico audiovisual y me ha tocado grabar muchas situaciones similares.
    Y tienes razon Lola, cuando por desgracia te ves involucrada de una forma u otra en estos casos, uno se humaniza cada vez mas y aprendes mucho de las desgracias ajenas.
    Un saludo de una hija de cuenca minera!!

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