Un lugar para vivir… y no es Praga

Praga es una ciudad rococó: tiene esculturas, monumentos e historia por todas partes. Brno es más sencilla, sin llegar a románica. Podría decirse que está entre el Renacimiento y el Barroco.

La vuelta vespertina me ha permitido hacerme una idea de cómo se configura la ciudad. Como bien dice José, en realidad es un pueblo con vida de pueblo que se transluce en detalles como su mercado matutino de flores y verduras, el repicar de las campanas de la iglesia, las terracitas donde la gente se toma el café acompañada de un libro… Brno, la segunda ciudad más importante de la República Checa y capital del sur de Moravia,  es un pueblo con categoría de ciudad porque se ha internacionalizado gracias a su universidad., siempre llena de Erasmus, y a que es un lugar de paso: está a 200 kilómetros de Praga, a 200 de Viena y a 200 de Bratislava. Al final, parece que todo el mundo pasa por aquí.

Plaza Svobody, en el centro. Han cascado un edificio moderno que no pega nada con el resto.

Svobody desde otro ángulo.

 También cuenta con sus propios hitos históricos: posee el honor de haber albergado a Napoleón en uno de sus palacios durante la batalla de Austerlitz, cuando venció a tres emperadores y un ejército de 90.000 hombres, marcando la culminación de su liderazgo en Europa. En el conjunto monacal de Staré Brno,  Mendel formuló sus famosas leyes, y Mozart sorprendió al mundo tocando el piano magistralmente a los once años en el teatro Reduta… Hablando de teatros: uno de esta ciudad fue el primero de toda Europa que tuvo luz eléctrica.  Edison en persona llevó las bombillas. En recuerdo de ese acontecimiento hay una moderna escultura de rejas metálicas que representa  cuatro gigantescas bombillas amontonadas. Según José , parecen testículos, y según yo, parecen peras o jamones mal hechos.

Zelny, una plaza donde se pone el mercado de hortalizas.

Detalles en Zelny: estatuas y parejitas.

Praga está bien para hacer turismo cuando no hay turistas, es decir, en invierno. Brno es mejor para vivir. El centro, con una plaza mayor, otra del mercado y un par de calles comerciales, es bastante animado. Tiene edificios bonitos e iglesias con encanto, como la roja. También dispone de un servicio de transporte público eficiente y barato: los tranvías y autobuses tienen calefacción en invierno. Los cafés y cervecerías son muy acogedores, están bien decorados, con gusto, e invitan a entrar.

La catedral de san Pedro y san Pablo desde distintos ángulos.

La catedral, de día, y la iglesia roja al fondo.

 La vida cultural es muy activa; en los pocos ratos que he paseado por la ciudad, he descubierto tres teatros: el majestuoso teatro Mahen, de estilo clásico, construido en 1881; el de diario -por llamarlo de alguna forma porque no me quedé con el nombre-, y uno experimental llamado algo así como «La oca en el alambre». También tiene tesoros escondidos, como la peculiar virgen negra (Fotos no) que tienen a muy buen recaudo en una iglesia que pasa totalmente desapercibida ¿Qué más se puede pedir a una ciudad? El caso es que no se aburren.

Cartel en la entrada del teatro La Oca sobre el alambre.

Me gusta Brno porque tiene calles empedradas, está limpia, tiene bonitos edificios que te alegran la vista y tiene historia, pero ni lo uno ni lo otro es suficientemente importante como para atraer a miles de turistas agobiantes.  Tienen el antiguo y el nuevo Ayuntamiento, villas modernas, un castillo gótico en lo alto de una colina -el de Spliberk, del siglo XIII-, ejemplos de arquitectura vanguardista como la Villa Tugendhat, palacios barrocos como el de Diestrichstein…

El nuevo Ayuntamiento.

Un dragón, símbolo de la ciudad de Brno.

En Brno no hay restaurantes para turistas, son para checos y por eso los precios no están inflados como en la capital.  Creo que, si tuviera que quedarme a vivir aquí una temporada, no me importaría.

Un vasco, que debe ser de los pocos restaurantes para turistas.

Mis últimas horas las he pasado comiendo, pero no comida checa -ya voy bien servida- sino india. José me ha llevado a un restaurante de unos nepalíes llamado Annapurnas (obvio). La comida en realidad es nepalí, pero es casi igual que la india, y muy sabrosa. Hemos pedido pollo al curry, cordero vindaloo y arroz al comino, y unos naan de ajo (pan típico de India, como unas tortas). Tan solo con el olor me he transportado a mis días en Malasia,  y concretamente a cuando estuve en Cameron Highlands y siempre comía en unos puestos a los que solo iban locales. Es la comida más auténtica que he probado, y esta del restaurante de Brno sabe igual. ¡Qué nostalgia!  También he recordado lo que pica: me han llorado los ojos y se me han abierto todos los poros del cuerpo, pero ¡qué delicia!

Nuestra cena india (babas…)

Mi última mañana aquí me ha servido para probar el chocolate al plátano. Aquí se hace el chocolate a la taza de un montón de maneras: al coco, plátano, manzana, canela, avellanas, nueces, campari… Está muy rico, sabe a chocolate con un regustillo afrutado, pero me produce cierto desasosiego no saber cómo consiguen ese efecto. Imagino que será gracias a algún aditivo guarro, y eso ya no me gusta tanto.

Me voy de la República Checa y acabo el viaje contenta y complacida con lo que he visto. Ha sido un viaje más turístico que viajero, valga la redundancia, pero me lo esperaba teniendo en cuenta he ido a ciudades muy visitadas.  Estos son países para hacer un turismo comodón, un poco obvio. Me quedan ganas de volver para conocer estos lugares mas allá de sus reclamos típicos. Me encantaría visitar los pueblecitos que no vienen en las guías y ver cómo y de qué se vive en las ciudades no turísticas.

Atardecer con vistas

Lo único que ha torcido mi despedida es que he perdido un anillo en el aeropuerto. No era caro, pero era de mi madre, y tenía por eso mucho valor sentimental. Es de cuando ella era joven y hippie. Lo he posado en el lavabo al lavarme las manos en el baño de la zona de embarque y ahí me lo he dejado. Una hora después he caído en la cuenta y he corrido a buscarlo, pero ya no estaba, claro.

He encontrado a dos mujeres que estaban en el baño a la vez que yo y me han dicho que no lo han visto. Las creo porque eran dos chicas maduras, atractivas y con ropa y joyas caras: no necesitan para nada ese anillo tan modesto, y han sido muy amables conmigo, se han deshecho en explicaciones, han buscado durante un buen rato a la otra mujer que también estaba… Pero no la han encontrado, y me han pedido mil disculpas por no poder ayudarme más.  Ya puedo decir que un pedazo de mi se ha quedado en Brno.

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