Toledo, la ciudad de las piedras que hablan

Es otra ciudad que los madrileños y manchegos tenemos muy cerca, que atrae turistas de todo el mundo por su historia, su patrimonio y su belleza, y que no siempre nos acordamos de que es tan accesible. Es Toledo, ciudad imperial, ex capital de España y capital de Castilla La Mancha. Estrecha, laberíntica, abigarrada, misteriosa y bellísima, tiene poco más de 84.000 habitantes pero en el pasado algunos tan ilustres como Bécquer o El Greco. Tan solo su casco histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987, alberga 35 lugares de interés artístico, y la mezcla de las tres culturas de España, la cristiana, la musulmana y la judía, se palpa en cada rincón. En Toledo parece que las piedras de los edificios y callejones hablaran y contaran a los visitantes historias del pasado.

Atardeceres de La Mancha

Toledo suele visitarse el fin de semana, pues dos días es tiempo suficiente para conocer lo más granado que esconden sus murallas. Quienes se deciden a ir, saben dos cosas, que comerán bien, que no se aburrirán y que se cansarán mucho subiendo y bajando cuestas. Sarna con gusto no pica, que dice el refrán. Hay dos maneras de conocerla: con un mapa o un guía turístico visitando los lugares más importantes, o simplemente perdiéndose por sus intrincados callejones. Una mezcla de ambos es la mejor combinación.

La puerta de Bisagra, o como empezar en Toledo con buen pie

Es una ciudad pequeñita y como mejor se recorre es a pie. Consejo número 1: no meter el coche en el casco viejo a no ser que quieras sufrir un ataque de ansiedad. Con un buen mapa y una mínima planificación del recorrido, solo resta dejarse llevar. La tradición manda cruzar las murallas por la Puerta de Bisagra, de origen musulmán pero remozada en el siglo XVI por Alfonso de Covarrubias.

La Puerta del Sol, de influencia musulmana

Muy cerquita se encuentra la Puerta del Sol, y atravesándola se llega a la mezquita del Cristo de la Luz, que es la edificación más antigua de Toledo. Data del año 999 y casi pasa desapercibida para el visitante; es muy pequeñita, carece del habitual minarete que tienen todas las mezquitas, y está semi oculta en la subida de una rampa. Aunque está considerada uno de las obras de arte más complejas de la Península, su interior, a primera vista, es un poco decepcionante, no tiene nada. Pero, cuando levantas la mirada y descubres un ábside con un Pantocrator casi borrado, empiezas a maravillarte un poco más. ¿Qué pinta eso en una mezquita? Fácil: se añadió en el siglo XII, cuando los cristianos reconquistaron la ciudad y quisieron convertir este pequeño oratorio en iglesia.Es la mezquita mejor conservada, y aunque es tan vieja que ya no queda casi nada de lo que fue originalmente, aún parece que las piedras hablasen.

Vestigios de la influencia cristiana en la mezquita

Interior de la mezquita, muy desangelada

El cielo de la mezquita

Dejando atrás la mezquita y callejeando un poco, siempre cuesta arriba, es fácil llegar a la Plaza del Zocodover, el centro neurálgico de la capital manchega. No es especialmente bonita pero es amplia, corre el aire, cosa que se agradece, y tiene muchísima vida. Hay tiendas de souvenirs, bares de tapas, cafeterías, sucursales bancarias, pastelerías donde comprar los típicos mazapanes toledanos, y hay hasta un trenecito que ofrece rutas turísticas por los alrededores del Tajo, fuera de la muralla, para los más reacios a caminar.

Mazapanes y otros productos en tienda de toda la vida

Los empleados del Zocotren.

Hora de la merienda en el Zocodover

El Zocodover es un punto estratégico para dirigirse a varios puntos: una opción es la Catedral Primada, a la que se llega atravesando la calle del Comercio, que como su nombre indica, es la calle que aglutina la mayoría de tiendas y franquicias que hay en la ciudad. Si quieres comprar una espada, una navaja, unos mazapanes o una armadura, pasa por esta calle. Si quieres ir de rebajas a todas las tiendas de Inditex, también vale. Es una calle muy transitada y puede agobiar un poco, pero cuando finalmente la atraviesas, llegas a la imponentísima catedral. Y aquí está mi consejo número 2: si vas el fin de semana, espera al domingo para visitar el interior del templo. Este día es gratuito para los ciudadanos españoles, solo hay que enseñar el DNI y te dan el ticket. De lo contrario, hay que pagar 5,50 euros.

Intuyendo la Catedral en la calle del Comercio

Para mi gusto, la Catedral Primada es infinitamente más bonita por fuera, cuando está iluminada, que por dentro. Pero sí, también he de reconocer que el interior es espectacular, muy profusamente decorado en estilos que van del mudéjar al barroco. En sus orígenes fue la Mezquita Mayor Musulmana, pero Alfonso VI la reconvirtió en catedral. Tiene cinco naves y 88 pilares, cinco puertas monumentales,  y un sinfín de obras de arte, como el retablo de la Capilla Mayor, el coro de Alonso de Berruguete, la Capilla de Santiago de estilo gótico flamígero, donde están los sarcófagos del condestable de Castilla Álvaro de Luna y doña Juana de Pimentel, o cuadros de Bellini, Bassano, Goya y El Greco. De este último se conserva en el altar central su obra El Expolio.

Interior de la Catedral

La Catedral, mejor por fuera y de noche

No muy lejos de la catedral se encuentra el Alcázar y su Museo del Ejército, que no tuve ocasión de visitar, y un poco más allá La Judería, que alberga muchos rincones únicos. Este arrabal era donde vivían los judíos, pero no estuvieron obligados a recluirse allí hasta la llegada de los Reyes Católicos. Aunque ha pasado mucho tiempo, sigue conservando detalles que señalan inequívocamente donde se encuentra el visitante, como las inscripciones de las calles, las baldosas en el suelo con signos sefardíes. La judería constaba de diversos barrios y hoy en día se pueden visitar lugares emblemáticos como sinagogas o casas de la época, véase la del judío Tomás Levi, del que la leyenda dice que era muy avaro. De otro judío avaro, Daniel Levi, habla Bécquer en su leyenda La Rosa de la Pasión.

Calles de la Judería

La Calle de Samuel Levi

Señales de que estamos en la Judería

Los dos templos que mejor se pueden visitar son el del Tránsito y el de Santa María la Blanca. La Sinagoga del Tránsito o de Samuel Ha Levi, en honor al tesorero de Pedro el Cruel, del mismo nombre, fue construida en el siglo XV y alberga el museo sefardí. Es muy interesante porque explica con mucha precisión los ritos, fiestas y tradiciones judías. Este ha sido el primer sitio donde yo he visto una torá, por ejemplo. Los muros ornamentados de la Gran Sala de oración, de estilo mudéjar, es de lo más bonito que he visto en Toledo.

La sinagoga del Tránsito y su rica decoración interior

Contraluz en la Sinagoga del Tránsito

Una torá

La otra sinagoga es la de Santa María la Blanca y por dentro es así, blanca. También mudéjar, del siglo XIII, es muy humilde y está bastante deteriorada, pero entra una luz que juguetea entre sus numerosos arcos de herradura que sostienen la techumbre del templo y que le da un aire muy espiritual.

Los arcos de herradura de Santa María la Blanca

Santa María la Blanca

Volviendo a las grandes construcciones cristianas, no se puede dejar de mencionar el Monasterio de San Juan de los Reyes, construido por orden de Isabel la Católica como símbolo del triunfo en la batalla de Toro. De estilo gótico, es imponente, tiene un claustro blanquísimo, precioso, de muros cuidadosamente tallados y la iglesia es igualmente rica en detalles. No hay que perderse tampoco la Iglesia de san Ildefonso, no tanto por lo que hay dentro, sino por las vistas panorámicas que el campanario regala al visitante, o el Templo de Santo Tomé, que guarda una de las más famosas pinturas de El Greco: el entierro del Conde de Orgaz, que no era conde sino señor a secas, pero el tiempo le ha dado el título. Justo debajo del cuadro está enterrado el pobre hombre.

Techos en el Monasterio de San Juan de los Reyes

Claustro del Monasterio de San Juan de los Reyes

Monasterio de San Juan de los Reyes

Santo Tomé y su obra de El Greco

Las vistas desde las campanas de San Ildefonso

A grandes rasgos, estos son los sitios que visité en un fin de semana. Cabe destacar que hay que pagar para entrar en todos salvo en la sinagoga del tránsito, que es gratis los domingos, y en San Ildefonso. Son 2,50 euros por cada visita. No obstante, hay una oferta turística que sale a cuenta si se quiere ver todo: una pulsera que cuesta 8 euros y da acceso a todos los lugares que yo he descrito aquí y además a la iglesia de El Salvador y a la de los Jesuitas, que no me dio tiempo a visitar. Merece la pena si se quiere hacer un recorrido monumental porque ahorras seis euros comprándolo así que cada ticket por separado.

¿Lo mejor? Callejear

Insisto, de todas maneras, que lo que más se disfruta de Toledo no es la visita a los museos, templos o casas de personajes insignes, ya que además siempre te vas a dejar muchos por ver, es imposible abarcar todo el patrimonio artístico de la ciudad en un dia o dos. Lo realmente valioso es el camino que recorres para ir de un sitio a otro. Toledo tiene mucho ambiente  y  muchos detalles, rincones que guardan leyendas, calles olvidadas, sin salida, y todo eso es precisamente eso lo que da un encanto especial a la ciudad.

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