Carta abierta a mi auténtica mamá africana

Hola mamá, Te acabas de marchar a Madrid y me has dejado aquí solita en Nairobi. Ya sé que no te querías ir, pero las obligaciones llaman. Ahora debes estar sobrevolando Etiopía, y te imagino escribiendo en el cuaderno de viajes Sigue leyendo →

La teoría masái (segunda parte)

  Kenneth y Samuel viven en Sekenani, un pueblo del suroeste de Kenia que no tendría nada por lo que destacar si no fuera porque es la puerta de entrada a la Reserva Nacional del Maasai Mara, la joya del Sigue leyendo →

Con el sol pegado a los talones por el Maasai Mara

Son las siete y media de la mañana y aquí me encuentro, totalmente despejada (aunque un café no me vendría mal) y sentada en el porche de mi casita de madera, envuelta en una manta de cuadros. Tengo el portátil Sigue leyendo →

La costa más solitaria del mundo

Vuelvo a estas fotos y las veo todas grises. Cementerios, carreteras, ríos, mares y casas, todo es lo mismo. Y pese al frío que me transmiten las imágenes, me cuesta escribir en medio de este caluroso Madrid del mes de Sigue leyendo →

Buscando Killarney en el mapa

Un sonido estridente retumba en tus oídos. Pero no es el despertador, sino un gallo. Antes de abrir los ojos piensas, aún entre sueños, que huele diferente, que la cama se siente de otra manera. Todo esto ocurre en tu Sigue leyendo →

Crónicas tanzanas X: Amani es un bosque encantado

A veces toca hacer senderismo por la sierra madrileña. Otras, por el precioso hayedo de Ucieda, en Cantabria, o por la selva de Irati, en Navarra. Nunca pensé que en el país de los leones, los safaris, los dhow y Sigue leyendo →

Crónicas tanzanas VII: Busco leones y me encuentran jirafas

León en suajili se dice simba. Los de Disney se rompieron la cabeza a la hora de bautizar a sus personajes de El Rey León. Rafiki significa amigo, por ejemplo, y seguro que hay más palabras que me estoy dejando. Sigue leyendo →

Crónicas kenianas (VI): Vivir y morir en la sabana

He aterrizado dentro de la película de El Rey León. Yo que pensaba que ya había visto todo, y resulta que aún podía sorprenderme metiéndome en escenarios semejantes. Porque no lo he visto todo, claro. Y menos mal. Menos mal que Sigue leyendo →

Crónicas kenianas (IV): Arena en el pelo, sal en la piel

Yo quería bañarme en el océano Índico. Por nada en especial. Por todo. Por capricho. Porque las olas suelen llevarse las penas, los duelos y los quebrantos. Te envuelven y te limpian, y después te sientes como si entraras en Sigue leyendo →

Crónicas etíopes (VI): Las hadas madrinas de Nekemte

Creo que ya son cinco los días que llevo en Getema. Viajé hacia el pasado y aquí me he quedado: observo la vida a mi alrededor y diría que estoy en el siglo XIX. Contra todo pronóstico, no me disgusta. Sigue leyendo →