Ricardo García Vilanova: lecciones de fotoperiodismo

Ricardo García Vilanova es un fotoperiodista y videógrafo al que hay que seguir. Es profesional, es respetuoso y es humilde. Y sus fotografías son una maravilla. Yo podría alabarlo de mil maneras, pero creo que lo mejor es que su trabajo hable por él. Lleva 15 años como freelance y ha publicado en importantes periódicos, revistas y televisiones internacionales , además de haber recibido unos cuantos premios. Su fama y su calidad profesional le preceden y, por eso, cuando la Fnac anunció que daría una clase magistral en su tienda de Callao dentro de las actividades complementarias a la exposición de los premios World Press Photo, el cupo se llenó en seguida. A dos semanas de la fecha, ya no había plazas disponibles. Yo, que he tenido la suerte de ir, quiero publicar hoy algunos de los mensajes clave que Ricardo nos transmitió en las dos horas que pasamos escuchándole. El texto es largo, pero creo que merece la pena leerlo hasta el final porque este hombre no da puntada sin hilo. Ahí lo dejo, sobre todo para quienes se lo perdieron y querrían saber qué contó:

El estado actual del fotoperiodismo

Hace muchos años empecé a trabajar para medios norteamericanos porque funcionan de manera diferente a los españoles. Normalmente, cuando contactas con un editor en EEUU, este, pese a que trabaje en un medio concreto, te conecta con otros aunque sean de la competencia. Eso me permitió entrar a trabajar con Newsweek y, a partir de ahí, contacté con otros. Todo fue bien hasta junio de 2011, cuando el periodista Alberto Arce y yo nos metimos en Misrata (Libia) para hacer un documental; hubo un punto de inflexión: la muerte de Tim (Hetherington) y de Chris (Hondros). Eso hizo que todos los medios tuvieran miedo de seguir colaborando con freelance porque, si algo nos sucedía, nuestras familias podrían denunciarles. A partir de ahí toda la estructura de trabajo cambió. Desde entonces, los assignments (encargos) siguen existiendo pero son muy puntuales, y los freelance tenemos que ir la mayoría de las veces directamente al terreno y desde ahí tienes que hacer el trabajo, que es el que luego ofreces al medio, y éste te dice si lo quiere o no. Esto conlleva que toda la parte logística y económica, la mas dura de este trabajo, la tienes que hacer tú, y muchas veces careces de medios para llevarlo a cabo. Antes, a mí me daban el importe de mis gastos y un fijo por día de trabajo que se establecía previamente. Ahora ya no funciona así. Esto también generó, con la crisis que hubo en el mercado y la cantidad de gente que se quedo sin trabajo en estos medios, que hubiera más oferta que demanda, así que los precios cayeron. Esta es la situación en las que estamos hoy en día.

Hubo también un segundo punto de inflexión, en Siria. Fue la hecatombe: los editores de los medios ya no quieren que vayas al terreno, te dicen que ya no te van a comprar nada, no van a colaborar con freelance, solo cogen el trabajo de los activistas o las personas que viven allí. Algunos sí son profesionales pero muchos otros son ciudadanos normales y corrientes que han cogido una cámara y se han puesto a trabajar como periodistas y fotógrafos. Así, están ejerciendo personas que no han estudiado ni se han preparado. Los periodistas autóctonos sí están mejor capacitados porque conocen el idioma, los contactos y se mueven mejor, pero si estos no están, tenemos que entrar nosotros. Otra consecuencia de trabajar con periodistas locales es que los precios son más bajos, les pagan menos que a un extranjero. La situación ha hecho que no haya salida, y ahora la figura del fotógrafo freelance está en vías de extinción.

Yo era fotógrafo y ahora trabajo como cámara de video paralelamente. Uso una Canon Mark 3 unida a otra cámara de vídeo con una barra horizontal, y voy alternando el uso de ambas porque es la única manera de mantener la capacidad de seguir trabajando en estas zonas, ya que son realmente caras. Las zonas de conflicto tienen costes diarios que van desde los 100 o 150 dólares diarios hasta los 1.500. Para entrar en Homs (Siria) en febrero de 2012, pedían 3000 dólares porque había que entrar por un túnel. Antes te llevaban contrabandistas, y hay que pagarlos. Todo eso ha generado que, al final, difícilmente se pueda llegar a subsistir y la profesión esté cada vez más en entredicho.

Cartel de la mastercass de Ricardo G. Vilanova.

La globalización de la fotografía

Hasta hace unos años, para llevar una cámara con película tenías que tener unos estudios, tenías que saber positivar, revelar… Cuando exponías, tenias que saber de foto. Ahora no, ahora, con una cámara digital, miras por la pantallita y más o menos aciertas; eso ha generado una globalización de la fotografía, y eso es un problema. Un ejemplo muy claro es la decisión que tomó el Chicago Sun Times: despidió a los 28 fotógrafos que tenía en plantilla y los sustituyó por periodistas a los que indicó que usaran un Iphone para hacer las fotos. Y no tenían ni idea. Las políticas de empresa, etc… afectan a todo; y es a nivel mundial, no solo ocurre en España.

El futuro del fotoperiodista

Por último, tras una conversación con un editor de Estados Unidos, entreví el futuro. Hay unas cámaras pequeñas de vídeo de resolución muy elevada y la idea es extraer de ahí los fotogramas, con lo cual la figura del fotoperiodista va a desaparecer. Creo que, simplemente, hay que buscar métodos alternativos, y eso radica en ver la figura del periodista multimedia, que es lo que yo recomiendo en este caso .Luego hay que buscar assignments con revistas y tratar temas en profundidad y, aún así es difícil sobrevivir porque es difícil encontrar un medio que vaya a pagar bien. La gente no entiende que generar una información tiene un coste que repercute en el sueldo de las personas involucradas en el desarrollo de esa información. La situación en el contexto actual es bastante deplorable. Yo he tenido la suerte de que empecé en su momento con el vídeo y voy alternando, pero diría que de todo lo que hago, el 80% es ya en vídeo. Algunos amigos muy buenos lo han dejado, solo tienen sus fotos para colgarlas en las paredes de su casa. Otros van trampeando, hacen otros trabajos… Es una situación difícil.

Zonas para trabajar en un conflicto

La gente, cuando ve que un fotógrafo va a una zona de conflicto, cree que tal cual baja del avión ya le están disparando. Eso es falso, hay zonas en las que sí y otras en las que no. La mayoría de las veces estás aburrido, pasas 10 o 15 horas de inactividad; a lo mejor luego hay un bombardeo intenso, y pasa todo en una hora o dos. Hay casos como el de Misrata, donde recuerdo que hubo unos días en los que cada cinco segundos caía una bomba, pero no suele ser así.

Yo divido el trabajo en tres zonas: la zona estable, que es la que está más o menos tranquila y no hay conflicto abierto. En esa no pasa nada, la vida diaria es normal, la gente va a las escuelas, las tiendas están abiertas, etc. En los peores casos ahí se establecen los campos de refugiados o los hospitales. Después está el pre-frontline o la línea antes del frente, donde están las ambulancias y los soldados que van a entrar en zona de combate. Ahí se puede trabajar en la zona de heridos y la vida diaria de los soldados. Y luego está el frontline o línea de combate, que es donde se desarrolla el conflicto abierto. Es importante establecer estas zonas, quien quiera dedicarse a esto no tiene por qué ir al frente, cada uno decide dónde quiere quedarse. Aconsejo que, quiera dedicarse a esto, lo haga poco a poco. Yo me encontré en Libia a un señor que pretendía pagar todo con una tarjeta de crédito, y a otro que quería hacerlo con euros. Debes saber que los cajeros están cerrados, que no se puede pagar con euros… Tienes que saber unas cosas que te dan experiencia. Debes saber un poco el alcance del armamento, la historia de los actores implicados, nociones básicas del idioma y una red de contactos mínima para que, cuando llegues a un sitio, puedas trabajar.

Ética del fotoperiodista. ¿Hasta dónde fotografiar?

Una cosa también muy importante es la ética. ¿Qué está permitido con las víctimas en cuanto a la toma de imágenes?. Cada uno tiene unos parámetros, yo creo que no hay que hacer lo que no me gustaría que hicieran conmigo si fuera el protagonista de una imagen. Evidentemente, los códigos de conducta que se dan en esas situaciones no tienen que ver con los que tienes aquí, donde no pasa nada. Sobre todo, hay que tener mucho respeto y empatía porque, al final, las personas tienen que aceptarte para que tú puedas hacer tu trabajo, y para eso hace falta tiempo. Yo me he encontrado cosas como la vez en Siria en la que se abrieron las fronteras y entraron muchos periodistas solo con el pasaporte. Había un hospital en Alepo y todos los fotógrafos fueron ahí, eran unos 20 o 30, y entraron a saco, hicieron muchísimas fotos de los heridos y luego se fueron; eso generó que los civiles y los médicos nos dejaran de aceptar. A partir de ahí, se creó una situación bastante tensa. Lo más importante es que cuando se trabaja con dolor ajeno hay que intentar tener empatía suficiente con lo que estás viviendo, intentar ponerte en la piel de esa persona y tener máximo respeto y empatía.

Ética del fotoperiodista. La manipulación de las imágenes

Otro asunto relacionado con la ética periodística es la manipulación de imágenes, como la foto de los soldados en el frente de Kobane (Turquía). Fue una imagen reproducida en todos los diarios y resulta que estaban posando, rodeados de fotógrafos. En un conflicto, hay formas de falsear en realidad. Esto se puede hacer si en el pie de foto adviertes que es un posado, pero no la puedes vender como si fuera un combate. Todas estas cosas deberían estar reguladas, rompen la credibilidad. Al final, todas estas prácticas van en detrimento nuestro y de nuestro trabajo, tendría que haber una regulación y una responsabilidad. Si alguien decide actuar así, eso implica una responsabilidad y hay que asumirla.

Ingredientes para que tu foto llegue a ser publicada en un medio

Diariamente se da una saturación masiva de imágenes en los medios. Para destacar, hay que lograr una imagen que quede grabada en la retina del espectador, y eso se consigue de tres formas: tiene que aportar información, si no, no sirve. En segundo lugar, no tiene que dejar indiferente y, para terminar, debe tener una composición que la haga destacar del resto de las demás, porque al final solo la ves uno o dos segundos, pero si es buena se te queda. Si no, si no ha llegado el mensaje, el trabajo no ha valido.

Sobre su equipo

Llevo una Canon Mark 3 y una lente 16-35 mm. No llevo más porque me gusta estar cerca. Un angular te da una perspectiva real , un tele te envuelve en la imagen, pero no te acerca.

Ganarse la confianza de los fotografiados

Si estas uno o dos meses, al final se olvidan de quién eres y te aceptan. Es una cuestión de respeto hacia ellos. Cada vez creo menos en lo de entrar en un sitio, hacer fotos durante 10 minutos e irte. Si quieres hacer un buen trabajo, tienes que invertir un tiempo.

Niños en RCA, imagen para Médicos Sin Fronteras de Ricardo García Vilanova.

Simpatizar con algún bando

Yo me identifico con los débiles, con los que siempre sufren, que suelen ser los civiles: los señores mayores, las mujeres y los niños son los que quedan atrapados y no pueden salir. En el caso de Siria, todos los civiles estaban siendo masacrados por el Gobierno, pues Asad bombardeaba constantemente objetivos civiles. Hubo hospitales bombardeados ocho veces, igual que escuelas… Evidentemente, eso que dicen sobre que el periodista debería ser neutral no es cierto, no funciona así. Tendría que ser pero en la práctica no funciona, siempre tomas partido de forma involuntaria, al final siempre transmites un mensaje aunque intentas tener cierta objetividad.

Entrar en el mercado

Hay que entrar de forma paulatina, no intentes conseguir la experiencia de años en un mes, no hagas un trabajo por hacerte un nombre, que no por ir a Siria te van a llamar los periódicos. Lamentablemente, he visto a mucha gente que entró en 2012, buscaban su oportunidad y pensaban que conseguirían trabajo así. Al final, el negocio esta condicionado por otros parámetros; no por el hecho de conseguir hacer algo te va a dar otros trabajos. Tienes que conocer las personas adecuadas y también saber dónde vas: cuando trabajas en una zona donde no hay nadie más, tienes más posibilidades.

Competitividad entre fotógrafos

Eso no tendría que existir porque nosotros debemos ser transmisores de lo que pasa y tener cero protagonismo. No deberían existir los premios y ni siquiera los artículos y las fotos de prensa deberían ir firmadas. Así se acabaría con los egos que tanto daño hacen al periodismo. Que el periodista acapare la atención resta protagonismo a las verdaderas víctimas. Que un periodista se convierta en noticia es la antítesis del periodismo, no somos estrellas del rock.

Acceder a un conflicto como empotrado

La mayoría de la gente cree que a un conflicto se accede sin más, pero hay un trabajo logístico previo enorme antes de entrar a un país. Hay varias maneras. Una es el embed, o empotrarse con un Ejército. Se lo sacaron los americanos en la guerra de Irak, aunque en la II Guerra Mundial ya se hacía, pero entonces uno podía ir a su aire. Aquí lo que se hace es que se firma un documento que te condiciona a seguir una serie de cláusulas para poder publicar y seguir trabajando con ellos. Si en un momento dado haces una foto que a ellos no les gusta, te pueden censurar.

Trabajar en la revolución de Libia

Fue fácil de cubrir porque para un freelance trabajar así tiene un enorme coste, tienes que pagar 150 euros diarios para estar, la cobertura que puedes hacer es, como mucho, de 10 días pero si te dan facilidades y te ayudan en tu trabajo, la cobertura es mucho mayor. En Libia entendieron ese concepto y nos ayudaron. Se portaron bien y eso nos permitió a muchos estar muchos meses, yo estuve ocho, algo inviable en un sitio como Siria. , En Libia al final eran amigos mas que otra cosa y, al final, los vínculos que yo tuve generaron que me aceptaran como una parte más y eso me permitió estar 13 meses sin que nunca me cobraran nada. Intenté compensarles de otras formas, pero no me cobraron nunca ni un euro, entendieron que estaba para hacer un trabajo pero a la vez estábamos compartiendo las mismas experiencias. Cuando entrabas, te daban todo el apoyo, hasta Internet, que es carísimo. Hasta te dejaban enviar vídeos; eso no se había dado nunca en un conflicto ni creo que se vuelva a dar.

Niños en Libia. (c) Ricardo García Vilanova

Trabajar en Siria

Fue un conflicto realmente difícil. Desde octubre de 2011 hasta agosto 2012 tenías que entrar ilegalmente en el país, había que buscar a unos tipos que te llevaban atravesando unas alambradas que ellos iban cortando. Ahí existía el riesgo de que te pillaran los turcos y la gente del Gobierno sirio, porque todas las ciudades estaban controladas por Asad; tenías que ir de casa en casa, ir por los pueblos que estaban llenos de soldados…

Hasta dónde puedes controlar tus informaciones

Tú eres el instrumento, eres el último mono de la cola. Tú vas, pero el medio es el que determina la cobertura y el enfoque de esa noticia, pero no tienes control. Puedes intentar tenerlo, pero llegas hasta donde llegas, hasta donde puedes. Si el medio es de izquierdas o derechas, si hay intereses de por medio… En eso no tenemos capacidad para entrar.

Sobre cómo empezar

Aprendí a base de palos, años y experiencias. Lo primero y más necesario es tener una bolsa de efectivo que te va a permitir viajar, que es caro, y más si vas a estas zonas. Puedes hacer esa bolsa de efectivo con un trabajo paralelo, cualquiera, que te permita ahorra tres o cuatro mil euros. El siguiente paso es colaborar con una ONG pequeña o grande. No significa que te vayan a contratar, pero puedes conseguir algún acuerdo de colaboración: tú pagas el gasto de ir y ellos te mueven por la zona. A cambio, les puedes dar parte de tu trabajo para que lo usen sin exclusividad. Esto sirve para que hagas un pequeño book o portafolio para enseñar a los editores. Es muy difícil entrar a los mercados. El americano es el más difícil de todos pero, una vez dentro, es el más fácil. Ese book te permitirá enseñar lo que haces. A partir de aquí ya tienes unos primeros contactos, bien con medios, bien con editores o con ONG. Es como una bola de nieve que se va a haciendo grande, en un momento determinado, esos contactos te darán un encargo.

Cómo trabajar

La forma de trabajo, en según que países, es ir allí y ponerte a trabajar. Esto significa que tienes que pagar los gastos con la bolsa de efectivo que has hecho. Tienes que pagar un fixer entre otras cosas. Un fixer es alguien que te facilita tareas diarias como crear vínculos con personas, moverte por ahí… No significa que lo necesites, yo he trabajado en toda mi vida 15 o 20 días con uno, la diferencia es que ellos te resuelven en una hora lo que tú tardas una semana. Si lo miras en relación con tiempo y la economía, sale a cuenta pero, si no lo puedes pagar, no puedes.

Una vez en el terreno

Debes empezar a contactar con agencias, que te piden mucho trabajo, muchas fotos, tienes un deadline… Pero por otra parte, en un momento dado te puede generar algún dinero. Aunque no pagan mucho, te permitirá seguir currando, al menos cubriendo gastos y, quizás, ganando algo. Luego pueden venir assignment, que están en extinción. El problema es que los grandes medios no tienen capacidad económica para sufragarlos; las coberturas actuales se reducen a eso: 10, 12 o 20 días como máximo.

¿Qué estás dispuesto a sacrificar?

Todo trabajo periodístico es puramente vocacional, nadie hace esto por dinero, nadie te puede pagar para hacer un trabajo en el que, básicamente, te estás metiendo en situaciones muy complicadas. Creo que cuando planeas dedicarte a esto, tienes que ver contigo mismo si te interesa y si quieres seguir haciéndolo o no, porque no merece la pena trabajar en algo con lo que no te sientes cómodo.

 

LIBYA: CLOSE UP

El próximo 15 de octubre en Madrid (y el 16 en Barcelona), se presentará Libya: Close Up, un libro que resume el trabajo que realizó Ricardo durante la revolución de Libia, que cubrió casi desde sus inicios. Esta obra ha sido posible gracias a la colaboración desinteresa de todas las partes, ya que el objetivo de la publicación es ayudar a Ricardo a sufragar los gastos corrientes (los que tenemos todos, vaya)  que no pudo pagar durante el secuestro que vivió en Siria durante seis meses. En ese tiempo, no percibió ningún ingreso, pero las facturas siguieron llegando. Por esta razón, es importante hacerse con un ejemplar. Si fuese un aburrimiento de libro, no lo recomendaría, pero creo que cualquiera que abra sus páginas se va a quedar enganchado a él. Quien quiera ver una previsualización (quien no se fíe de mí, vaya), puede hacerlo en la previsualización que he incluido aquí arriba.

7 Replies to “Ricardo García Vilanova: lecciones de fotoperiodismo”

  1. Lidia

    Ay! Perdón, la información de «vivo en Londres» no era gratuíta. Lo que quería decir es si puedo pedirlo a través de ssu web y pagar el envío… O en Madrid, en que librerías o puntos de venta y los compraría allí (a recoger en Navidad, todos volvemos) Un abrazo y gracias de nuevo.

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  2. Lidia

    Hola, soy Lidia y vivo en Londres. Me encantaría comprar el libro, ¿sabes cómo puedo hacerlo? Un abrazo y gracias.

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