Réquiem: por los fotógrafos que murieron en Vietnam e Indochina

Hubo un tiempo en que las calles de Saigón, o Ho Chi Minh City, como se llama ahora, no eran ruidosas avenidas llenas de motocicletas y puestos callejeros de sopa. Durante los años sesenta y setenta, la ciudad estaba repleta de soldados americanos vagando de un lado a otro. Unos esperaban órdenes, otros intentaban escapar del calor y la humedad debajo de cualquier ventilador, otros se daban a la bebida… Eran los años de la Guerra de Vietnam, que supuso la primera gran derrota militar de los Estados Unidos.

En este tiempo, entre 1964, y 1975, Saigón fue testigo y víctima de uno de los conflictos bélicos más terribles del siglo XX. Hoy, existe un lugar en esta ciudad donde se continúa reivindicando lo que ocurrió en esta contienda y también en la cercana guerra de Indochina, entre 1945 y 1954. Es el Museo de los Vestigios de la Guerra y en su interior no se permite olvidar.

Un padre sostiene el cadáver de su hijo ante la mirada de un convoy de vietnamita del sur. Hoorst Faas, 1964.

En un ala de este edificio existe un homenaje dedicado a unas personas prácticamente anónimas que dieron su vida por contar lo que estaba ocurriendo. Hablamos de la exposición “Requiem: por los fotógrafos que murieron en Vietnam e Indochina”.

La muestra recoge más de trescientas imágenes –la mayoría en blanco y negro- tomadas por los 135 fotoperiodistas que cayeron durante las dos contiendas. Todos ellos, hombres y mujeres, pertenecían a once nacionalidades y trabajaron desde todas las perspectivas posibles de ambos conflictos: 72 periodistas vietnamitas del lado revolucionario, otros once del régimen de Saigón, 16 americanos, 12 franceses, 4 japoneses y varios de Australia, Austria, Inglaterra, Alemania, Suiza, Singapur y Camboya.

El fotógrafo de AP, Huynh Thanh My, en plena batalla, desde un campo de arroz en el delta del Mekong. La foto fue hecha un mes antes de su muerte durante un combate, el 10 de octubre de 1965.

El título de esta colección sugiere que es un réquiem por la guerra pero, por encima de todo, se trata de un homenaje tanto para aquellos que volvieron de Vietnam como para quienes no lo hicieron. Las fotos enseñan no sólo la violencia y el sinsentido propios de un conflicto bélico, sino que también trae de vuelta al presente los rostros de los que estuvieron allí realizando un trabajo tan valiente de documentación y corriendo riesgos tan graves que pagaron con su vida.

Una de las imágenes más reconocidas del fotógrafo norvietnamita Mai Nam, de AP. Un F-105 estadounidense se precipita; el piloto saltó en paracaídas y salvó la vida, pero fue capturado y permaneció en una prisión de Hanoi entre 1966 y 1973.

Estos fotógrafos tomaron imágenes con tanta fuerza que han permanecido en la memoria colectiva mucho tiempo después de que la guerra terminase. Son poderosas, inolvidables, críticas con lo que se hizo y no se hizo en aquellos nefastos años para Indochina. Constituyen un pedazo de la Historia contemporánea que de otro modo no se hubiera conocido nunca, y ayudaron a concienciar a la población mundial, cuyas protestas en todos los países fueron tan decisivas en el curso de los acontecimientos.

Las fotos de Burrows en color para la revista Life dieron la vuelta al mundo.

Entre todos los que murieron cubriendo la guerra, están los nombres de algunos de los más grandes profesionales que el fotoperiodismo ha dado: Robert Capa, Larry Burrows, Henry Huet, Taizo Ichinose, Nha Dung, Everette Dixon Reese, Sean Flynn, Thong Veasna, Dana Stone, Dickie Chapelle, Sam Kai Faye, Terence Khoo o Kyochi Sawada.

Otra foto de Burrows para la revista Life.

Ellos retrataron escenas durísimas de la cotidianeidad de ese Vietnam, con distancia pero sin olvidar su misión de mostrar una realidad que nadie quería o podía ver: los heridos, el miedo, el cansancio, la descoordinación, la crueldad contra la población civil… Son imágenes que cuentan historias de valentía, de coraje, pero también de muerte, de atrocidades y de mezquindad. La exposición no sólo muestra fotografías sino que también incluye algunas historias que han llegado hasta hoy con nombres y apellidos, además de abundante información sobre quiénes estuvieron detrás de las cámaras.

Universitarios de Estados Unidos protestan contra la guerra de Vietnam en 1965. AP.

Uno de los trabajos más impresionantes es el de Larry Burrows, cuyas imágenes a color –las primeras de la guerra- fueron publicadas en Life!. Fotografió hasta 50 misiones de combate hasta conseguir lo que quería. Por fin, el 25 de enero de 1963, la revista más poderosa de América publicó su primera gran historia sobre la guerra de Vietnam con unas fotos de Burrows en las que guerrilleros del Vietcong aparecían torturados y muertos. Fueron 14 páginas que sentaron precedente para los futuros reportajes de guerra, y que influenciaron en gran medida a la opinión pública.

Dickey Chapelle murió el 4 de noviembre de 1965 en Vietnam, convirtiéndose en la primera mujer corresponsal asesinada en una guerra. (AP Photo/ Henri Huet).

El trabajo de Henri Huet también es uno de los más importantes, pues sus fotos sirvieron para sumar voces a la protesta antibelicista y contra la crueldad de los soldados estadounidenses. Huet es dueño de una de las imágenes con más fuerza de toda la exposición, la de una madre con dos niños de la región de Binh Dinh que aparecen enmarcados entre las piernas de un soldado de la Primera División de Caballería del ejército americano.

Una de las fotos más impactantes de Henri Huet.

No obstante, también hay instantáneas que constatan las penurias que pasaron los estadounidenses, que salen gravemente heridos en muchas de esas fotos. Huet murió el 10 de febrero de 1971 durante una misión de reconocimiento en Laos.

Thomas Cole, médico de la Primera División de Caballería, vigila con su ojo sano al sargento Harrison Pell, herido. (AP Photo/Henri Huet)

A Robert Capa también se le ha dedicado un espacio en Réquiem. El más famoso fotoperiodista de todos los tiempos falleció el 25 de mayo de 1954 en el delta del río Hong, en la provincia de Toking, en Vietnam. Capa quería fotografiar el enorme contraste entre los soldados franceses que inspeccionaban el terreno y los humildes campesinos que recogían arroz bajo sus sombreros cónicos. El polaco subió a una colina para buscar nuevos ángulos de tiro y pisó una mina que le costó la vida. En la exposición descansan las dos últimas fotos que disparó, una con el carrete de blanco y negro y otra con el de color, en las que se aprecian los soldados franceses entre los arrozales e incluso la colina a la que subió y donde moriría minutos después.

Última foto tomada por Capa antes de morir.

 

El homenaje de dos veteranos

Si esta exposición existe, es gracias a la voluntad de dos reporteros veteranos –Tim Page y Hoorst Faas-, heridos en el campo de batalla vietnamita. Su plan era recopilar una basta colección de fotografías de la guerra en Indochina para conmemorar a todos los fotoperiodistas que murieron en ella. La idea empezó a tomar forma cuando la Agencia de noticias de Vietnam (Vietnam News Agency) les permitió acceder a su registro. Gracias a esta ayuda, Page y Faast recopilaron la enorme colección que ahora se puede visitar de forma permanente, un brillante y emotivo tributo a aquellos que nunca volvieron. Estas fotografías son su legado.

Tim Page en la exposición Réquiem. Peter Stuckings

‘Réquiem’ se encuentra expuesta de forma permanente en el Museo de los Vestigios de la Guerra de Ciudad de Ho Chi Minh desde 1999 y ha sido respaldada por la Vietnam Association of Photographic Artists (VAPA), y por la Vietnam News Agency. También existe un libro del mismo título publicado por la editorial Random House y que puede adquirirse a través de internet por unos 70 euros.

4 Replies to “Réquiem: por los fotógrafos que murieron en Vietnam e Indochina”

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  3. pepe

    La pérdida de la inocencia, eso fué Vietnam. No existian manuales para aquello, para aquel momento de la historia. Tan solo se vivió sobre la marcha, a todos los niveles….. los fotógrafos hicieron su trabajo, pero eso no gustó mucho. Pero lo hicieron. Un saludo de gran admiración a todos aquellos que en la jungla y en los arrozales enfocaban sus objetivos, quizá temblando, y disparaban sus cámaras. Leguineche….. estés donde estés.

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