MEMORIAS DE ASIA, IX: BAGÁN DE MIS AMORES

Qué éxito rotundo ha sido todo en Bagán. Lo único que me falta es que salga el sol y me regale un atardecer naranja. El viaje en autobús fue muy bien y pude dormir todo el trayecto. Solo me desperté para cenar en una cantina en la carretera en la que había hasta un puesto de palomitas dulces. Cené noodles y Jose, una montaña de arroz. Y luego, a planchar la oreja otra vez.

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Templos bonitos de Bagan. / © Lola Hierro

A eso de las cinco y media llego a Bagán, máxima expresión de la arquitectura bamar con todos esos templos y pagodas, muchos del siglo XII. Yo, malhumorada, no tengo buen despertar a esas horas y me río en la cara de los taxistas que intentan timarme con el precio… Y al final decido ir andando hasta mi hotel porque solo dista un kilómetro y medio. Y he aquí una nueva muestra de la amabilidad que estoy encontrando en Myanmar porque llego mucho antes de la hora del registro, pero aquí son tan majos que me dejan entrar en la habitación inmediatamente. Tengo un dormitorio limpio, amplio, con una cama inmensa… Y un baño privado y un súper desayuno con bufet incluido. ¡Y una piscina! El lugar en cuestión se llama Emerald Hotel y lo recomiendo totalmente.

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En la oscuridad del interior de un templo. / © Lola Hierro

Según llego, duermo un poco, y a eso de las diez salgo en una moto eléctrica alquilada a recorrer los templos. Hay unos 4.000 y todos antiquísimos. La zona arqueológica ocupa unos 67 kilómetros cuadrados y está rodeada en el norte y el oeste por el río Irawadi. Es imposible verlos todos, claro, así que lo mejor es estudiar un poco y trazar una ruta para visitar los elegidos en función de lo que interese, y luego ir parando por el camino si se ven otros interesantes. Hay muchísima información al respecto, lo difícil es elegir por dónde ir y qué dejarse.

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Templitos perdidos entre los árboles. / © Lola Hierro

Ese primer día no me organicé demasiado y al final di muchas vueltas inútiles. Los días siguientes lo he hecho mejor y ha cundido más, la verdad. Pero es que tampoco dispones de todo el tiempo del mundo: la entrada al recinto histórico ha pasado a valer para tres días, cuando antes eran cinco, y las motos eléctricas tienen una batería muy justa. Ayer llegué al hotel de milagro con una velocidad de 12 kilómetros por hora porque ya no daba más de sí. La alquilé por todo el dia, unas ocho horas, pero no dura tanto. Y hoy, directamente, me ha dejado tirada a la hora de comer y han tenido que venir del hotel a cambiarla. Eso sí, qué risas hemos echado a costa de la moto.

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Una turista se hace una foto en una terraza. / © Lola Hierro

Marco Polo describió este paraje como el más bello del mundo, y no le faltaba razón. Es maravilloso, y ni los estragos de los terremotos, las inundaciones, el abandono o las restauraciones irresponsables han restado un ápice de belleza a estos templos; es más, esa decadencia es un punto a favor. Aquí se construyó a diestro y siniestro durante el siglo XI y hasta 1287 y la invasión mongola. De aquel esplendor, hoy quedan estructuras de ladrillo desnudas, pero hay algunos templos mejor conservados a los que se puede acceder incluso.

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Este niño se pasaba el día jugando allí; su madre es una vendedora de recuerdos. / © Lola Hierro

Antes de continuar escribiendo sobre arquitectura religiosa birmana, hay una cosa que aclarar: la diferencia entre pagoda, estupa y templo, que a mí me parecía todo el rato lo mismo. Pues no. Pagodas son todas las construcciones religiosas en general, tanto templos como estupas. Estupas son las que no tienen acceso a su interior, solo puedes rodear. En los templos, por el contrario, sí que tienen entradas, en concreto suele haber cuatro, una por cada punto cardinal, y suelen tener su correspondiente estatua de Buda.

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Un buda en el interior de una pagoda. / © Lola Hierro
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Estatuas dentro del templo Ananda. / © Lola Hierro
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Más estatuas religiosas. / © Lola Hierro
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La moto es lo mejor para recorrer Bagan. / © Lola Hierro

Volviendo a los incidentes con la moto del primer día. Cuando iba por la carretera y parecía que se quedaba sin batería, una chica en otra eléctrica me hizo parar, dando pataditas en mi lateral… Y yo no sabía qué hacía y qué quería. Lo que intentaba decir, la pobre, es que me ofrecía la suya para continuar el trayecto. Qué amable. Pero no acepté, claro, porque no quería dejarla tirada en medio de la carretera a esas horas de la noche ni aparecer en el hotel con una moto distinta. Menudo jaleo… ¡Pero qué majos los birmanos!

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Pasillo interminable; a la izquierda había un par de individuos que aparentemente vivían allí. / © Lola Hierro

He pasado tres días en Bagán y ahora mismo estoy tirada en una hamaca, frente a la piscina de mi hotel, escribiendo mi memorias. Esta noche salgo de viaje hacia el lago Inle en un bus nocturno y, como tengo pagada la noche y no sabía si querrían acortarme la reserva, he decidido aprovechar al máximo de todo esto y aquí estoy, que me he almorzado aquí mismo un curry de pollo y verduras en tempura y fruta, y un zumo natural al borde de la piscina con pajita, y adorno y todo. Esto es vida. Yo tenía que haber nacido rica… Bromas aparte, el precio de este hotel es más que asequible.

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Rezos…. / © Lola Hierro
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Y más rezos. / © Lola Hierro

EL MONTE POPA

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El monte Popa. / © Lola Hierro
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Las terrazas del templo. / © Lola Hierro
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Un mono disfrutando de las vistas. / © Lola Hierro

Esta mañana he madrugado para la última visita en Bagán: el monte Popa Taung Kalat, la sede de los 37 nat o dioses y, por tanto, el lugar de culto a estas ánimas más famoso de todo Myanmar. Es un montículo altísimo: un tapón volcánico de 740 metros que entró en erupción por última vez hace 250.000 años. En su cúspide existe un monasterio que guarda muchas leyendas sobre los espíritus que lo habitan. Había pagado un viaje compartido, pero sospecho que en el hotel olvidaron la reserva porque me han puesto un coche particular tras preguntarles que de dónde salía la excursión, que eran las nueve y no veía a nadie. He tenido buen cuidado de no llevar nada negro o rojo, ni carne de cerdo, y de no decir cosas feas de otras personas porque la superstición dice que eso enfurece a los dioses.

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Así es la subida. / © Lola Hierro

Para llegar al monasterio hay que subir 777 escalones; los he contado y doy fe de que son todos esos. La partida es desde una capilla custodiada por dos estatuas de tigres y que aloja a los 37 nat oficiales y otros dioses hindúes y algunos nat no oficiales como la Ogresa comeflores (verídico) con sus dos hijos o la diosa Shin Nemi, que es una jovencita a la que los estudiantes y niños regalan ofrendas, entre ellas juguetes, para que los proteja y los ayude en los exámenes.

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Así de fea es la entrada. / © Lola Hierro
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Ascensión interminable. / © Lola Hierro

Durante toda la subida hay dos constantes: los monos y las tiendas de recuerdos con sus amables señoras esperando que les compres algo, aunque la mayoría no te dicen nada, las pobres. También se venden flores para ofrecer a los nat, y comida y thanaka (un cosmético de color amarillo claro que los birmanos se aplican en la cara y el cuerpo y que se obtiene de la corteza de un árbol). He sufrido durante la visita, pero por los monos, que me dan un miedo… Yo creo que el ascenso no es complicado y, si te cuesta, puedes parar e ir más despacio, pero he visto señoras un poco superadas. De hecho, a la bajada me he cruzado con una a la que le había dado un blancazo.

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Turistas jugándose la vida. / © Lola Hierro
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Sigue subiendo… / © Lola Hierro
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Ya abajo, un monje vacilando a un mono con a saber qué enfermedad cutánea. / © Lola Hierro
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Los puestos de ropa que encuentras durante la subida al templo. / © Lola Hierro
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También hay puestos de comida. / © Lola Hierro
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Hornacinas con estatuillas de Buda en el templo. / © Lola Hierro

Arriba, las vistas son espectaculares, es porno para los ojos. Me quedo mil veces con ellas antes que con los chorrocientos templitos y altarcitos del monasterio repletos de budas, de estatuas feísimas de los nat y de adornos y luces de neón a cual más hortera. Entre toda esta parafernalia y la cantidad de turistas yendo y viniendo, el lugar dista mucho de ser el espacio de silencio y recogimiento sus orígenes. Me pregunto cómo lo viviría el primer extranjero que puso el pie aquí.

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Vistas alucinantes. / © Lola Hierro
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Turistas que pasan de las vistas que tienen a sus espaldas. / © Lola Hierro
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Una campana gigante que no sé para qué servía. / © Lola Hierro

Además, resulta que si haces una donación al monasterio, colocan en sus patios interiores una losa de mármol con tu nombre, el dinero que has aportado y el mensaje que quieras. Y hay de todo: desde unos de Texas que estaban de luna de miel hasta publicidad de un restaurante.

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En estas placas ponen tu nombre si donas dinero. / © Lola Hierro

La excursión no ha durado más que unas pocas horas, he vuelto en seguida y he dormido todo el viaje, así que no he visto si seguían en el borde de la carretera las personas que vi a la ida. Cuando subíamos en coche hacia el pueblo más cercano al monte encontré un montón de gente, sobre todo ancianos, con la mano extendida de tal forma que no sé si querían dinero o hacían auto stop. El chófer me ha dicho que es lo primero. Hay muchísima gente y supongo que proceden de pueblos próximos a la carretera. Sabiendo del trasiego de turistas, intentan ganar algo de sustento. No olvido que Myanmar es un país donde uno de cada cuatro habitantes vive en situación de pobreza extrema, es decir, con menos de un dólar al día. También hay que conocer este tipo de información menos amable cuando se viaja. Porque así , por ejemplo, una se puede gastar el dinero con conocimiento de causa en un restaurante familiar en vez de en una cadena, o regatear hasta cierto punto, o decidirte a comprar recuerdos a gente de por allí.

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Unos chiquillos recogen leña. / © Lola Hierro
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Una señora mayor en la carretera. / © Lola Hierro

MI TOP 8 DE TEMPLOS EN BAGÁN

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Este es el mapa que hay a la entrada

¡Descálzate en la entrada del templo y aventúrate a visitarlos! Eso sí, cuidado con trepar por ellos. Es lo mejor para ver el amanecer o el atardecer, pero está prohibido. Lo mejor es buscarse un templo desierto por cuenta propia o dejarse ayudar por alguno de los chavales que se ofrecen a ello a cambio de una propina. Atención: no estoy segura de que todas las fotos coincidan con los templos descritos… ¡Es muy difícil identificarlos!

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Como este, miles, y no sé ni el nombre que tenía el susodicho. / © Lola Hierro
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Un buda tumbado y gigante, creo que junto al templo Ananda. / © Lola Hierro

Pagoda Ananda: Uno de los primeros templos erigidos en Bagan, muy bien conservado, con una arquitectura distinta, casi todo en piedra blanca, y pinturas impresionantes. Mejor rodearlo que el interior, para mi gusto, aunque dentro hay que ver los Buda dorados.

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Este es Ananda. / © Lola Hierro
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Y así es el interior de Ananda. / © Lola Hierro

Let Put Kan: Se encuentra siguiendo caminitos de arena, un poco alejado de los más turísticos, a unos 300 metros del templo Sulemeni. Es muy a lo Indiana Jones, antiguo y medio en ruinas, precioso.

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Le Put Kan. / © Lola Hierro

Templo Dhamma Yan Gyi: La leyenda dice que iba a ser el más alto de todo el complejo, pero no llegó a terminarse. Es inmenso y sobresale por encima de otros, tiene un aire muy místico y unos budas gemelos en su interior.

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Dhamma Yan Ghi. / © Lola Hierro

Pagoda Sulamani: Dicen que es la joya de la corona de Bagán y no resulta extraño porque es preciosa y queda muy bien en cualquier foto, la verdad, con su caminito principal, sus relieves y sus frescos, que aunque están algo dañados siguen siendo preciosos. Las aberturas abovedadas hace que la luz que se filtre de una manera muy espectácular, mística. Una pasada.

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En el interior de Sulamani; llovía mucho y la gente se resguardó bajo el pórtico principal. / © Lola Hierro

Pagoda Thitsawadi: No es de las más famosas, quizá, pero a mí me encanta que se parece a los templos de Angkor, en Camboya, un poco barroca, diría. Salvando las distancias, claro.

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Creo que esta del fondo a la izquierda es Thistsawadi. / © Lola Hierro

Pagoda Shwesandaw: Estaba antes muy concurrida al amanecer y al atardecer porque las vistas desde lo alto deben ser impresionantes, pero ya no se puede subir. Igualmente merece la pena verla, con esas escalinatas tan pindias e interminables. Se dice qeu fue la primera pagoda que mandó levantar Anawrahta, el padre de la nación birmana, en 1057. Se supone que ofrece protección espiritual a Bagán.

Shwedagon Pagoda: Dorada entera, su estupa de cien metros está cubiera con un baño de oro y es la más sagrada para los budistas de Myanmar. Contiene reliquias de buda, entre ellas ocho cabellos de Siddharta y un trozo de tela que le perteneció. Para decir sus oraciones, los fieles deben descalzarse y caminar dando vueltas al templo en sentido contrario a las agujas del reloj.

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Shwedagon, inconfundible. / © Lola Hierro

Pagoda Bu Paya: Muy rara, al pie del río y con una estupa en medio súper grande, que no cabe ni en las fotos. Es curiosa, diferente.

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Bu Paya, junto al río Irawadi. / © Lola Hierro

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