MEMORIAS DE ASIA I: ¿OTRA VEZ BANGKOK?

Cojo estas vacaciones como si fueran las primeras que me dan después de diez años en la mina. Tengo ganas por todo: por pasar tiempo a mi aire; por conocer Myanmar después de tanto tiempo deseándolo; por vivir aventuras, por comer pad thai y otras delicias tailandesas (me han dicho o leído no sé dónde que en Myanmar la cocina no es muy allá); por estar pateando el mundo y no en la redacción…  Tengo ganas de viajar, y por eso hoy me he levantado a la primera. Tampoco diré que de un brinco; eso es demasiado para mí y mi sueño mañanero. Me voy a Tailandia y a Myanmar a pasar las tres próximas semanas. Y no quepo en mí de gozo. Por supuesto, en los próximos días contaré mis memorias sobre este viaje.

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Otra vez estos paisajes asiáticos… . / © Lola Hierro

Ya desde Madrid he empezado con buen pie y eso, para una supersticiosa como yo, es importante. La primera vez que visité el sureste asiático la aventura empezó con la pérdida de mi equipaje y a mí eso ya me dio una pista de que el viaje no iba a ser maravilloso. Eso, y otros incidentes que no vienen al caso. Pero, en esta ocasión, se me han dado bien los tiempos: duchas, desayuno, recoger la casa, coger el metro, llegar, dejar el equipaje, pasar el control de seguridad, el puesto de la Policía, tomar el tren a la terminal satélite y llegar a la puerta de embarque media hora antes de su apertura. Todo me ha llevado exactamente dos horas y 20 minutos. Me voy a reencontrar con un país que hace siete años no me dejó muy buen sabor de boca y en esta ocasión quiero entrar con buen pie.

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Surcando cielos. En algún punto entre Europa y Asia . / © Lola Hierro

Ya en el mostrador de facturación me he dado cuenta de que Tailandia es EL DESTINO, y no uno más, para la juventud mochilera española. Parejas, familias, grupos de amigos… Todos vamos cortados por el mismo patrón: ropa hippie/aventura/deportiva, calzado cómodo, mochila del Decathlon… Y todos con una escala en Doha para salir a Pattaya. Cada año, casi 200.000 españoles visitamos este país. Es como el Benidorm de ahora…

A mí personalmente no se me ha perdido nada en Pattaya, una ciudad a hora y media en coche de Bangkok, la capital tailandesa. Solo sé que es una de las mecas de la juerga barata, la prostitución y explotación sexual de menores. No tengo interés en ella salvo si es por hacer un reportaje. O, como es el caso, si los vuelos son más baratos a este destino. Ha sido cosa de Qatar Airways, la aerolínea pija, estupenda y cara del país del mismo nombre. Lanzó una tanda de billetes baratos para promocionar su nueva ruta Doha-Pattaya. Y pillamos. En concreto, ida y vuelta por 480 euros. Sin escalas pesadas y en aviones modernos. Esto, al menos, fue lo que pensé al comprar los vuelos, y se ha cumplido en el primer tramo del viaje: hemos ido como reyes en una aeronave nueva, con teles individuales cargadas con mogollón de pelis y juegos (me he viciado a uno que se llama 2048), y nos han dado de comer una ensalada de garbanzos y cuscús, una tarta de queso… Todo muy rico (contextualícese este adjetivo en términos de comida de avión).

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El aeropuerto de Doha y su extraño muñeco que daba miedo . / © Lola Hierro

Al llegar a Doha, el aeropuerto me ha deslumbrado porque es muy lujoso. Pero ha sido solo una primera impresión porque me ha tocado cambiar a una terminal pequeña en la que apenas había tiendas: Duty Free, algo de oro por kilos… Jose, mi compañero en estas aventuras viajeras y de la vida desde hace unos años, se ha fijado en la cantidad de señoras que visten con hiyab y hombres con la  chilaba blanca. Dice que estos parecen cocineros que se han escapado del curro. (Por favor, que nadie se ofenda).

Tampoco he tenido tiempo de husmear mucho más porque en seguida, en media hora, he vuelto a embarcar. El siguiente vuelo ha sido mucho peor: no hay pantallas y, por tanto, no hay pelis. Es más estrecho y viejo, y la comida me ha sabido bastante peor. El pollo estaba insulso, el postre se notaba demasiado industrial… Encima, hemos realizado una parada técnica en Yangon, así que hemos sumado hora y media más al viaje. ¡Qué faena! Cuando el avión despegaba de tierra birmana debían ser las diez de la noche en España y yo he pensado en que debería dormirme, pero justo había cenado y me había desvelado. Mi novela policíaca de Jo Nesbo no me sirve para coger el sueño… Mi intención es no despertarme hasta Pattaya, pero no va a haber suerte.

DOS DÍAS DESPUÉS…

El tiempo vuela. Ya llevo casi dos días en Bangkok y han pasado unas cuantas cosas. Pero volvamos a donde me quedé…

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Sobrevolando Tailandia . / © Lola Hierro

Metida en el avión hacia Pattaya, la última vez que escribí no imaginaba lo pesado que iba a ser el vuelo. La parada técnica en Yangon alargó el viaje dos horas más: en total, nueve horas sin una triste película. Apenas dormí porque no encontraba la postura, estaba incómoda, me dolía todo… Pero como toda pasa, esto también, y llegué al aeropuerto de U Tapao en Pattaya sana y salva. Y, además, con buena suerte, porque conseguí cumplir todos los trámites en tiempo récord: esperamos muy poca cola en inmigración, nuestras maletas salieron de las primeras, enseguida dimos con un cajero (están en la terminal de salidas, a la derecha de la de llegadas) y con dos tarjetas Sim que compramos en cinco minutos. Hasta el transporte salió redondo: un taxi para dos personas con destino a Bangkok son 3.500 Baht o 100 euros. Un transporte barato suponía dar muchas vueltas: ir en autobús a Pattaya city, buscar otra parada o estación y coger otro autocar a Bankok… Y todo esto con horarios inciertos y mucho cansancio y mochilas encima. Pero en el mostrador de alquiler de vehículos con chófer se arregló todo: varios pasajeros no pusimos de acuerdo para compartir furgonetas de diez plazas y así el precio se dividió. Jose y yo logramos reunir a siete pasajeros más y pagamos 420 Baht (12 euros) cada uno y, además, como lo gestioné yo, di la dirección de nuestro hotel para hacer la parada ya que, además, está muy céntrico. Servicio de puerta a puerta.

El trayecto fue bastante largo, y además, había tráfico en la entrada de Bangkok. Apenas dormí y , claro, llegué molida al hotel. Se llama Boon Street Hostel y está muy bien, muy limpio y moderno, de estilo minimalista escandinavo pero a lo thai, con altares y una moto metida dentro de la recepción. Lo único que no me gusta mucho es que hay que descalzarse para subir a los dormitorios, y me da asquete, sobre todo el ascensor, que tiene el suelo de moqueta. En secreto, estoy utilizando las chanclas.

Ayer, pese al cansancio, no me quedó otra que salir de paseo porque no podía coger la habitación hasta las dos de la tarde y había llegado a las doce. Puse rumbo al Gran Palacio, que es un sitio que en 2011 me quedé sin ver porque la entrada cuesta más de 10 euros y por entonces no podía pagarla. El Palacio está cerca y lo he encontrado sin problemas. Nadie me ha intentado timar ni he encontrado esas colas kilométricas, tal y como advierten tantas guias y blogs de viajes. Según mi experiencia, pagas y pasas del tirón.

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Turistas a tope en el Gran Palacio . / © Lola Hierro

Una vez dentro, sí: más gente que en la guerra, sobre todo asiáticos, aunque no distingo quién es chino y quién es malayo o camboyano o tailandés. Este es uno de los lugares turísticos más visitados de Bangkok porque es un auténtico lujo de edificio, o de conjunto de edificios, más bien. Sirvió como residencia a los reyes tailandeses entre los siglos XVIII y XX y, aunque ya no viven aquí, se sigue haciendo uso de él en ocasiones especiales como banquetes de Estado, funerales, casamientos…

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Entrada al Gran Palacio de Bangkok . / © Lola Hierro
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En el interior, templos por todas partes . / © Lola Hierro

¿Agobiante? Pues sí. Entre el calor, el agotamiento y la cantidad de gente por metro cuadrado, todos con palo selfie y/o paraguas, (por el sol, no lluvia) yo es que me tiro de los pelos. Por eso, quizá, he sentido que me decepciona el lugar. Yo ya me hinché a ver templos hace siete años y este palacio me ha parecido otro más y ya. El famoso buda esmeralda, que es de jade entero, no mide más de medio metro, y ahí en lo alto que lo tienen, casi no se ve. Y el templo huele a pies. Al cabo de un rato y unas pocas fotos me he marchado un poco en modo grinch, me estaba agobiando sobremanera.

No obstante, si intento ser un poco imparcial y no dejarme guiar por mis sentimientos, he de decir que para un viajero que no ha estado antes en estas tierras, la de este palacio es una visita muy interesante. Las enormes esculturas, los altorrelieves, los tejados de oro, los otros de vivos colores, el lujo por todas partes, los frescos de las paredes… Es un buen espectáculo para los ojos no acostumbrados a este tipo de arquitectura y decoraciones.

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Estatuas de oro . / © Lola Hierro
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Y otras criaturas fantásticas . / © Lola Hierro

La siguiente parada en la ruta del turista típico en Bangkok bien puede ser el Buda reclinado o el Buda del templo Pho (Wat Pho). De camino, una parada técnica para comer mi primer pad thai de este viaje. Para quien no lo sepa, este es un plato típico de por aquí compuesto de fideos, verduras, pollo y salsas indescifrables que yo me moría por comer desde que estuve por aquí la primera vez. Me ha sabido muy a gloria. Tras pagar un precio irrisorio he ido, ya sí, al Buda, que es famoso porque es enormemente grande, y dorado, y llama muchísimo la atención. Allí he vivido una especie de dèja-vu porque todo ha sido igual que la primera vez: descalzarse a la entrada, dejar las zapatillas en un cajetín y rezar para que nadie se las lleve por error (porque robar unas zapas viejas… no creo, la verdad). Paseíto alrededor de la escultura junto a muchísimos turistas, verlos hacer cola para hacerse una foto en el ángulo donde todo el mundo se la hace para coger el mejor encuadre, y acabar saliendo de allí apresuradamente tras la segunda foto de rigor desde los enormes pies del Buda en sí.

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El famoso Buda reclinado . / © Lola Hierro

A continuación podría haber seguido la típica-tópica ruta turística, pero cuando llevas miles de horas de viaje y no has pisado una ducha, ni un baño, ni una cama desde que saliste de casa, lo que quieres no es irte de paseo. Aprovechado que era la hora de hacer el registro en el hotel, he corrido como una maldita, sudada y asquerosa tras tanto viaje. Ha sido llegar, soltar la maleta y caer de cabeza prácticamente en una ducha que ha sido lo mejor que me ha pasado en los últimos días y en una cama blandita y maravillosa donde he dormido un par de horas. Mala idea a las tres de la tarde, pero eh, ¡que no he pegado ojo en más de un día!

Pues me ha sentado muy bien: al despertar ya he notado energía suficiente para mostrar a mi compañero de viaje el tercer sitio que cualquier viajero debe conocer en Bangkok: el puñetero barrio de Khao San, la meca turística mochilera donde siempre hay más gente que en la guerra, especialmente juventud borrachilla y con muchas ganas de fiesta y de armar jaleo. Al llegar me he sorprendido: yo lo recordaba más caótico y desastrado. No sé si la presencia de la policía turística (en 2011 no se la veía) tendrá que ver.

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Khao San Road . / © Lola Hierro

No he encontrado ya a los que te ofrecen hacerte carnés falsos de lo que fuera, pero sí a los que te ofrecen ira espectáculos de mujeres haciendo movidas con la vagina, como fumar o pintar, los sastres que te cosen trajes completos por 70 pavos, las tiendas de marcas de imitación, los puestos de insectos como cucarachas, larvas y escorpiones pinchados en un palo y a la brasa, listos para comer, y muchos, muchos bares con música.
Hablando de marcas, ya he comenzado la cacería de las compras locas. Chanclas Havaianas por 3,5 euros, una mochila de Fjallraven por 13 euros al cambio (En Madrid valen más de 80)… Y he echado el ojo a diez millones de cosas. Si no fuera porque estoy al principio del viaje y no quiero ir muy cargada, hoy fundo la tarjeta. pero me he contenido. Amigos de los chollos: mucho cuidado con el dinero que gastáis aquí en Bangkok, ¡se te van las perras que ni te enteras!

Hemos cenado muy bien en un sitio elegante, de gente guapa, decoración moderna-pero-exótica, luces tenues y cocina creativa aunque eso sí, a precio europeo: casi 30 euros por tres platos, dos cervezas y un agua grande, que está más cara que la cerveza. Y tras un paseo por las calles adyacentes cierro este chiringuito y me voy a dormir, que buena falta me hace.

2 Replies to “MEMORIAS DE ASIA I: ¿OTRA VEZ BANGKOK?”

  1. Montse

    Me ha gustado mucho tu articulo siempre que los publicas los leo. Ahora pienso comprar el libro que has escrito sobre Africa. Sigue mandando articulos de tis viajes pues a mi me ayudan para preparar alguno de estos viajes .Namastè

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    • Lola Hierro Post author

      Muchas gracias, Montse, pronto se vendrán más artículos, tengo muchas historias y sorpresas en la recámara. Solo necesito tiempo para ponerme con ellas! Un besote!

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