Isla Elephanta, o como hacer de dominguero en India

Si alguien tiene ganas de fundirse de verdad con la vida local india, debe irse de excursión a la isla Elephanta -también llamada Isla Gharapuri- un domingo de buena mañana. Este islote está situado a diez kilómetros de Bombay y se tarda en llegar una hora en un barco-precario que cuesta 150 rupias y se coge en el muelle que hay justo detrás del monumento Gate of India.

La isla toma el nombre de Elephanta en el siglo XVII. Se lo pusieron unos exploradores portugueses porque, a su llegada, encontraron en el muelle una descomunal estatua de basalto con forma de elefante. Esta escultura hoy se encuentra en los jardines el Bau Dhaji Dal Museum de Bombay. Entonces, ¿por qué es interesante este pedazo de tierra en medio del mar Arábigo? Pues porque alberga siete grutas  declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987. Dos son budistas y las otras cinco son hindúes y contienen valiosos relieves del dios Shiva datados entre los siglos V y VIII. Originalmente estas cuevas estaban profusamente pintadas pero apenas quedan algunas trazas.

Adios, Taj Mahal Hotel! / (C) Lola Hierro.

Para un indio, ir a la isla Elephanta es como para un madrileño ir a Cercedilla. Cientos de familias se suben al barco con sus tarteras y toda la parafernalia para pasar allí el día, en un escenario un poco más verde y un poco menos contaminado que la ciudad. Y digo solo “un poco” porque durante la travesía una se da cuenta de que está, prácticamente, flotando en mierda. La isla se encuentra situada en una bahía petrolífera repleta de refinerías. El mar es de color pardusco y aloja unos cuantos barcos petrolíferos y otras instalaciones relacionadas con este gremio.

Mierda a palas. Qué pena. / (C) Lola Hierro.

Costa basurilla. / (C) Lola Hierro.

La isla no es mucho mejor: sus playas tienen más mierda que el palo de un gallinero, y el interior también. Juro que he visto una vaca comiendo plástico en medio de un descampado lleno de inmundicia. Sin embargo, hay zonas más cuidadas donde los arbolitos dan sombra, hay merenderos, mariposas, brisa fresca y, de paso, estatuas de Shiva y compañía del siglo IV antes de Cristo. ¿Qué más se puede pedir?

Como el lugar no puede ser más turístico, y como esto es India, no faltan los puestos de comida y de souvenirs, ropa, alhajas, bolsos y demás artículos maravillosos que se venden por estas tierras. Están situados a ambos lados de las escaleras que te llevan desde el puerto hasta las cuevas, en lo alto de la isla. Y, atención, que aquí turístico no tiene por qué significar caro: los precios son muy razonables. Por ejemplo, te puedes llevar un bolso de esos grandes de colorines, bordados, con estampados, lentejuelas, hilos de colores y demás por un euro aproximadamente.

Mercadillos. / (C) Lola Hierro.

Una frutería en la entrada del puerto de isla Elephanta. / (C) Lola Hierro.

Un niño en el puerto de isla Elephanta. / (C) Lola Hierro.

La visita a las grutas es muy interesante; las estatuas de Shiva y otros dioses hindúes son enormes, y están solo iluminados por la luz natural que entra por la boca de las cuevas. La más interesante es la número uno, llamada cueva de Shiva y situada a un kilómetro y medio sobre el nivel del mar. Ocupa una superficie cuadrada de 27 metros y a su entrada se abren tres pórticos que permiten el acceso al interior. Este a su vez contiene varias cámaras y pilares con pequeños relieves del dios elefante Ganesh.

Ganesh en los pilares. / (C) Lola Hierro.

Entrada a la primera gruta. / (C) Lola Hierro.

La entrada a la gruta está adornada con dos paneles gigantes en los que se distingue al dios Shiva datados en el periodo Gupta. El Gupta fue un imperio que dominó la mayoría del subcontinente indio entre los siglos IV y VI y que destacaron por hacer importantes descubrimientos científicos. El relieve de la izquierda representa a Yogishvara (el señor del Yoga) y el de la derecha a Nataraja (Shiva como señor de la danza). Tantos estos paneles como los otros que se encuentran según se va avanzando por el interior de la cavidad miden unos cinco metros de altura.

Relieves y sarees (Pincha para aumentar). / (C) Lola Hierro

Hombres y ruinas (Pincha para aumentar). / (C) Lola Hierro

Tres hermanos que me pidieron una foto. (Pincha para aumentar). / Lola Hierro

La escultura más importante está al fondo y es un trimurti, es decir, una representación de los tres dioses principales: Brahma, Vishnu y Shiva. Está flanqueado por una representación de Shiva como mitad hombre y mitad mujer a la izquierda y otra representación del Gangadhara, es decir, el descenso del río Ganges desde los rizos enmarañados de Shiva. También hay escenas del matrimonio entre Shiva y la diosa Parvati, del demonio Andhaka o de Shiva y Parvati en el Monte Kailash. También se encuentran otras figuras de divinidades varias, guardianes y muchos pilares esculpidos siguiendo el estilo artístico de los Gupta.

El trimurti. / (C) Lola Hierro.

Los guardianes de una cámara, en la primera gruta. / (C) Lola Hierro.

Visitar todas estas esculturas es muy entretenido y muy enriquecedor si llevas a mano información suficiente para saber qué es lo que estás viendo, quién es cada dios y qué hace allí. El mayor problema que uno puede tener es el de siempre en los lugares turísticos de la India: que llama demasiado la atención. No entiendo cómo los indios siguen sorprendiéndose con la presencia de un visitante occidental después de todo el turismo que reciben al año. Pero se sorprenden, te miran todo el tiempo, los niños te saludan y te preguntan por tu nombre y los más atrevidos te piden una foto. Esto me pasó en el interior de la primera gruta, y de la segunda y de la tercera: acepté hacerme una foto con unas niñas y eso llamó la atención del resto de visitantes, que hasta formaron cola para salir inmortalizados con la guiri de trenzas rubias y piel blanca como la leche de vaca sagrada. Al principio hace gracia pero al cabo de media hora cansa mucho y quieres salir por patas.

Familia turisteando. / (C) Lola Hierro.

Domingueros haciéndose la foto con el trimurti. / (C) Lola Hierro.

El resto de las cuevas no tienen apenas ningún relieve ni escultura. Está bien visitarlas por no quedarse con las ganas pero no tienen nada de espectacular. Cada escultura tiene su historia y su razón de ser, pero me saldría un libro gordo en vez de un post si explicara una por una. Es mejor verlo en directo.

Familia dominguera curioseando un templo. / (C) Lola Hierro.

Un descansito. / (C) Lola Hierro.

Otro plan interesante es darse una vuelta siguiendo los senderos de este islote. Es muy probable encontrarse con el pueblo de Gharapuri, principal núcleo urbano de un pedazo de tierra donde viven unas 1.200 personas que se dedican fundamentalmente a la siembra y recolección de arroz, la pesca y la reparación de barcos. Mangos, tamarindos, palmeras y otros árboles que desconozco adornan el camino.

Hora de comer. / (C) Lola Hierro.

Dominguerismo a tope. / (C) Lola Hierro.

 

La mayoría de indios se lleva su propia comida  y se tiran al santo suelo par almorzar en familia, ya sea a pleno sol o en unas plataformas de piedra cubiertas que dan sombra. Quienes no lleven nada pueden pararse a comer en alguno de los doscientos restaurantes que hay. Comida india a precios de risa. Buen plan.

 

Información práctica para visitar Isla Elephanta

  • Barco – ida y vuelta: 150 rupias. Los billetes se adquieren en ls taquillas situadas junto a la Gate of India. El primer barco sale a las 9 am y el último a las 2 pm. Para volver, el primer bote sale a las 12.30 pm y el último a las 17.30 pm. Los lunes la isla cierra.
  • Entrada a la isla – 5 rupias. Para llegar a la taquilla, una vez te has bajado del barco, hay que caminar por un corredor por el que pasa un pequeño trenecito que por 10 rupias te lleva hasta la entrada en sí.
  • Entrada a las cuevas – 250 rupias.

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