Explorando en Tinerhir, parte II – A lo Indiana Jones

Con el fin del rezo nos hemos puesto en marcha, y en esos últimos kilómetros nuestro conductor nos ha ido explicando varias opciones de alojamiento que coinciden con lo que hemos visto en la Lonely Planet. Nos dirigimos a Tinerhir, un pueblo al pie de las montañas del Atlas que esta muy cerquita de la garganta de Todra, un desfiladero impresionante que podemos dejar de visitar.

Mientras discutíamos dónde refugiarnos, hemos cogido una carretera desde la que se ve todo el palmeral de este pueblo, un oasis de 30 kilómetros nada más y nada menos. Y el taxista, por querer enseñárnoslo, casi hace que nos despeñemos por un barranco.

Tinerhir y su oasis desde la carretera.

No nos ha hecho falta buscar mucho para encontrar un buen sitio en el que descansar. Se llama camping Atlas, y nos han ofrecido una habitación a los cuatro españoles por un precio buenísimo. Las dos holandesas están en otra. Está todo muy limpio y el cuarto es muy gracioso y bien ventilado, tiene camas pequeñitas, como las de los enanitos de Blancanieves, pero muy cómodas.

Previamente habíamos pasado por otro que se llama Soleil y hemos salido jurando en arameo porque el dueño es un soberbio y un engañabobos, quería cobrarnos una pasta por dejarnos dormir en una terraza al raso. No es eso lo que me cabrea, sino que nos haya amenazado de forma muy pedante con que en un rato estaríamos de vuelta suplicándole un sitio donde dormir porque no íbamos a encontrar nada más. Anda que no ha visto películas este hombre…

Tinerhir es verde y rojo.

En este nuevo emplazamiento nos encontramos a tan solo cuatro kilómetros de las garganta de Todra, nuestro siguiente destino, que no queremos perdernos por nada del mundo. Se trata de un cañón de paredes verticales de roca caliza que alcanza los 150 metros de alto y cuya separación mínima llega a ser de solo 10 metros. Es un sitio muy frecuentado por escaladores y por tanto, un poco explotado a nivel turístico, pero eso no le resta belleza. Este es un lugar extraño, parece que estuviéramos en el Gran Cañón de Colorado pero con palmeral de 30 kilómetros plantado en medio sin venir a cuento.

Un oasis hasta donde alcanza la vista.

Precisamente hemos dedicado el resto de la tarde a explorar un trocito de este kilométrico oasis. Nos hemos metido los cuatro a lo Indiana Jones a caminar por ahí con la idea de encontrar una kasba (fortaleza árabe) en ruinas que habíamos divisado a lo lejos y alguna tiendita para comprar algo de cenar.  Es espeluznante que lo que para nosotros era toda una jungla infranqueable por la que nos hemos perdido 20 veces, en el mapa de Google no es más que un diminuto apéndice de todo el palmeral. ¡Qué grande es el mundo, joder! Y qué raro, porque el calor que hacía al principio del día se ha ido disipando y nos ha pillado una tormentaza en medio de la nada.

Perdidos en el oasis y con esta montaña como única referencia.

En el oasis hay muchos huertos como este.

Hemos salido del oasis por el primer camino que hemos encontrado, totalmente perdidos, y hemos llegado a una carretera donde no había civilización… salvo por un viejecito que salía de un garaje. Nos hemos asomado a ese garaje y ¡oh, sorpresa! Dentro había unas jovenzuelas horneando pan y cruasanes de chocolate. Les hemos comprado todo lo que tenían, que no eran más que tres tortas de pan y cuatro bollitos, ¡y nos han timado! Mucha sonrisita tímida, mucho pestañear con ojos de carnero degollado, pero nos han dado mal el cambio. Y nosotros, más tontos por no mirar. Encima, cuatro casas mas allá hemos dado con una mini tienda de alimentación y la dependienta era la misma chica. ¿Cómo lo hizo? En fin, que hemos comprado unas latas sospechosas de atún en tomate para hacernos unos bocatas y nos hemos vuelto al hostal porque amenazaba con caer más agua.

Buscando una salida. / © Lola Hierro.

Buscando una salida. / © Lola Hierro.

Por el camino, y yo creo que sin pretenderlo, hemos topado con la kasba en ruinas que habíamos visto antes a lo lejos. Ciertamente está hecho una pena, todo de adobe resquebrajado, allí nuestra botella de agua era un arma de destrucción masiva, yo creo que con un chorrito aquí y otro allí acabamos de derrumbarlo del todo. Nacho ha vivido experiencias cercanas a la muerte subiéndose a puntos de dudosa estabilidad, y en general creo que todos hemos puesto hoy nuestra vida en peligro una o dos veces explorando esas ruinas. Así es la vida del aventurero.

La kasba está muy hecha polvo.

Rincones misteriosos

Rincones enigmáticos

El estado de ruina es lo que la hace tan misteriosa.

A esas alturas de la tarde ya estábamos notando el cansancio y el frío así que nos hemos propuesto, en serio, ir derechos al hostal, pero encontramos de camino un barecito y decidimos entrar a tomar el consabido té a la menta. Y qué casualidad, la novia del hermano del dueño es vasca y todo está decorado con parafernalia propia de la región. Que si pelotari, que si txapelas… ¡hasta un cartel del Eroski tienen!

Hemos acabado el día cenando con avidez el bocata de atún casero, que nos ha sentado mal a todos. Estábamos ya metidos en la cama en silencio absoluto cuando, primero Nacho y luego los demás, nos hemos tenido que levantar a tomarnos un Almax porque no podíamos con nuestra vida. Para sincronización estomacal, ¡la nuestra!

Pincha aquí para ver más fotos.

GASTOS

Viaje en Grand Taxi: Merzouga – Tinerhir: 420 DH / 6 personas = 70 DH

Taxi desde Tinerhir hasta el Camping Atlas: 7 DH por persona

Habitación para 4 en Camping Atlas: 200 DH / 4 = 50 DH

Té en garito vasco-marroquí: 7 DH

Tortas de pan: 3 DH

Lata de atún con tomate: 10 DH

*El cambio es de 1 EURO = 11 DH

**Todos los precios que pongo son por persona, si es algo conjunto lo indico y lo divido para que salga el total de lo que yo pagué.

2 Replies to “Explorando en Tinerhir, parte II – A lo Indiana Jones”

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