Despegamos: Marruecos es… ¡verde!

Hemos despegado.

Qué va. En realidad, llevo casi una hora volando. Voy en el culo de un avión, apretujada porque he tenido que colocar mi mochila en el espacio donde deberían ir mis pies. El vuelo va a atestado, y ya se oye hablar en árabe, aunque todavía hay quien utiliza el español. Hemos subido los últimos al avión y ya no quedaban dos sitios en la misma fila para Tirso (mi propio) y para mi. Al final, un señor se ha apiadado de nosotros y nos ha cedido su asiento para que pudiéramos ir juntos. Al pobre le han puteado con la maleta porque en su nueva ubicación también iban justos de espacio y se la han plantado en los pies, solo que la suya es considerablemente más voluminosa que la mía y el hombre ahora mismo va con las rodillas a la altura de los hombros.

La chica que viaja en el asiento de detrás se ha mareado, o le ha dado una especie de telele extraño. Las azafatas le están poniendo oxígeno y ofreciéndole chocolate y coca cola. Ella, con mirada de pobre mujer, dice que está en ayunas, y aún así rehusa comer o beber. A ver en qué acaba la historia, solo espero que no me vomite encima.

Este avión me lleva a Tánger. Voy a hacer una ruta de diez días en la que pretendo visitar Chaouen, Meknes, Fez, el desierto de Erg Chebbi, la garganta de Todra, Ait Ben Haddou y Marrakech. Mientras escribo estas líneas imaginando los sitios que voy a ver, el avión cruza el estrecho de Gibraltar. ¡Qué pasada! Desde mi ventanilla veo Cádiz a la izquierda, casi a mi espalda,  y Marruecos a la derecha, ante mi.

En diez minutos aterrizamos, y toco madera para que sigan saliendo los planes tan bien. Si no llega a ser por la tremenda potra que he tenido, pierdo el avión. He salido de casa una hora y media antes y casi no llego, pero se me ha dado bien la combinación de autobús + Cercanías + autobús hasta la T1 del aeropuerto de Barajas. Tampoco había apenas cola en la zona de embarque y el control de pasaportes estaba vacío. Recordatorio: cuando se viaja fuera de la Unión Europea, hay que pasar por la caseta de la Policía Nacional para enseñar el pasaporte y eso requiere reservar tiempo. No había caído en la cuenta, y si hubiera encontrado cola para ese trámite, hubiera perdido el vuelo con toda seguridad.

Estoy sobrevolando Tánger y… ¡es verde! Jamás pensé que Marruecos fuese TAN verde. Primera sorpresa del viaje…

 

¡Marruecos es verde!

 

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