Crónicas etíopes X: Despedida de todo

Hace unos días anunciaba a bombo y platillo que hoy, 31 de diciembre, publicaría la última de mis crónicas desde Etiopía. Justo el día en que todo el mundo hace sus resúmenes del año, su recuento de países visitados, del trabajo realizado, de los propósitos cumplidos y los que quedan por cumplir, yo sigo con la mente en algún punto de la campiña etíope, creo que me quedé entre Getema y Adigrat, por ahí…

Las últimas noticias que di me situaban en lo profundo del país, con los gumuz. Pero ya volví; de hecho, llevo en España dos semanas, al menos de cuerpo. De alma no tanto. Porque como dice mi recién estrenado amigo Iñaki Alegría, que es médico en el hospital rural de Gambo, hay viajes de los que nunca se vuelve. Creo que de este yo no he regresado todavía.

Esos últimos días en Etiopía fueron, la verdad, como el resto del mes: una montaña rusa de emociones, rollo bipolar: de la risa al llanto en segundo y medio. Se me cayeron unas cuantas lágrimas cuando me despedí de los niños que conocí en Adigrat: de Trhass, Idulah, de Markus… Reí a carcajadas mi última noche en Addis Abeba, cuando compartí una opípara cena con Teresa y Penny, dos empleadas de Manos Unidas en Madrid que estaban de visita de trabajo en el país y con Santiago Zannou y su equipo de rodaje, que andaba por allí haciendo un documental sobre varios proyectos de cooperación. También reí horrores al día siguiente con Iñaki, a quien no pude conocer en Gambo en su día. La suerte quiso que él cogiera un avión un día después que yo y, como estábamos en contacto gracias a la intermediación de amigos comunes, al final pudimos conocernos. Y para acabar el viaje, lloré como una tonta ya dentro del avión, mirando por la ventanilla la Etiopía que dejaba atrás hasta a saber cuándo.

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Niños de un cole de Getema, Etiopía. / Lola Hierro.

 

Han transcurrido dos semanas desde que volví a Madrid y no lo he pasado mal. Me gusta estar en casa, volver a ver a mis seres queridos, a mi familia, tener wifi y 3G en todas partes, tener comodidades que en Etiopía o India no encontré… Esa parte es la buena. Soy así de consumista y occidentalizada, qué se le va a hacer. Pero, sin duda, lo mejor de este viaje, y en realidad de todo mi año, es lo aprendido. Este post también me sirve para echar la mirada atrás, no solo al último mes por tierras africanas, sino a todo el 2014, a todos los viajes, los reportajes y todas las experiencias, y ver qué me han aportado, y qué he aportado yo a las personas que se han cruzado en mi camino. Sobre esto último no sé, pero sospecho que no demasiado. Sigo frustrada porque creo que mi trabajo no alcanza lo que debería. Creo que recibo mucho más de lo que doy.

Este año me ha dado muchísimos momentos amargos. Etiopía se ha llevado la palma porque ha habido días en los que he estado realmente deprimida, deseando con todas mis fuerzas volver a casa. La vida del reportero no es tan glamourosa como la gente se cree. No cuando estás en una sórdida habitación de un motel a las siete de la tarde sin poder salir porque es de noche y no hay nada que hacer, tú sola, sin nadie con quien hablar, sin wifi o 3G para mandar un triste mensaje, y con el corazón hecho un puño porque llevas todo el día, o toda la semana, escuchando historias tristes, siendo testigo de lo difícil que es la vida para muchas personas. Encima te sientes peor por ser tan niña mimada y deprimirte por tu soledad cuando sabes que ahí fuera hay gente con problemas de verdad. En momentos así una se viene abajo, no puedes ponerte a leer una novela y olvidarte de todo. Yo, al menos, no sé desconectar con esa facilidad.

En India pensé mucho… y me puse enferma.

Etiopía me ha puesto muy en mi sitio; es verdad eso que dicen de que, después de vivir determinadas cosas, uno empieza a relativizar sus problemas. Ahora, en España, veo enfados y conflictos por asuntos estúpidos y no me cabe en la cabeza que se pueda montar un circo por ellos. Veo noticias a las que se da importancia capital cuando para mí son chorradas. Y encima me siento una aguafiestas porque voy leyendo la cartilla a todo el mundo: que qué más da que hayas engordado dos kilos, que si se les ha agotado ese vestido en la tienda no pasa nada, te compras otro; que no es para tanto que tu hermana te haya cogido el maquillaje, de hecho podrías regalárselo y todos tan contentos… Que no me parece noticia del día que un hombre se haya estampado en la sede del PP si no ha habido muertos ni heridos, y sí me parece que se le ha dado poca importancia a que ese mismo dia murieran 20 personas en el Estrecho que iban a la deriva en una patera.

No ha sido solo Etiopía. Ha sido un año intenso, muy intenso, muy doloroso a veces, muy bonito otras. Ha sido ver con mis propios ojos la valla de Melilla y todo lo que ocurre alrededor de ella, y hablar y conocer de los labios de esos inmigrantes que tanto se mencionan en los medios los motivos por los que se embarcaron en algo así. Ha sido ver lo maltratada que está la mujer en India, y los niños, y más cuando son de castas inferiores. Y lo sucio que está todo, y cómo nos cargamos nuestro planeta. Ha sido ver a los activistas de Greenpeace dándolo todo en aguas del Mediterráneo en contra de las prospecciones, y lo bonito que es el apoyo y el calor que reciben de la gente que apoya la causa. Ha sido conocer a todos esos niños sirios refugiados en el campo de Onçupinar, en la frontera entre Siria y Turquía; ha sido espantarme con la degradación de las mujeres víctimas de trata en los invernaderos de Almería, yo creo que la peor cosa que he conocido en todo el año. Y la tenemos bien cerca… No hay que irse a Etiopía para encontrar el horror y la más vergonzosa vulneración de los derechos humanos. Este ha sido el año también en que asesinaron a mi amigo Sajmir en Albania, el año en que he tenido que comprobar hasta dónde llega el odio y la sed de venganza. Y ha sido el año que más he aprendido sobre inmigración gracias a Migrados, el blog que coordino en El País. Este espacio también me ha acercado mucho a todas las personas que, con más o menos razón en sus argumentos, trabajan por mejorar las vidas de los mas débiles. Y eso es bonito, es maravilloso.

Con Ahmad, mi amigo sirio, desenfocados a tope.

Estoy un poco más triste que el año pasado por estas fechas porque todo esto son piedrecitas que vas acumulando en la mochila emocional y, claro, pesa cada vez más. Pero miro a mi alrededor ahora mismo, sentada en una cafetería de un pueblo perdido de la España profunda, y me digo que no tengo razones para quejarme. Tengo todo lo que una persona podría desear en el mundo: casa, familia, amigos, un trabajo que me gusta, una cama blanda para dormir, una calefacción en invierno y toda la comida que me apetezca a mi alcance. El mundo en mis manos. Me he sentido y me siento muy querida y arropada, tanto en la vida real como en la virtual, que no es nada despreciable: todas esas personas que pululan por Internet y que en algún momento me han mandado palabras de ánimo o de admiración son tremendamente importantes, me han levantado en los momentos difíciles.

Hoy es fin de año y voy a pasarlo en la mejor compañía posible, y el 2015 viene cargado de nuevos viajes y nuevos proyectos. Y nunca sabes lo que te puede pasar. Para muestra, yo misma: hace medio año planeé una nochevieja en Tanzania con elefantes cruzándose a mi paso. El destino ha querido que carreteras africanas al final sean sorianas, y los paquidermos, ciervos, pero la esencia se mantiene, y todo es perfecto. Pienso en todas las personas de Siria, de India, de Etiopía o de Almería que lo están pasando mal de verdad y llego a la conclusión de que, si algo puedo hacer, por respeto a ellos,  es quejarme menos y trabajar más. Os invito a que penséis en todas aquellas cosas por las que tenéis que dar las gracias. Seguro que hasta quien que crea haber tenido un año pésimo, encuentra más de una razón para sentirse bien. Feliz 2015.

7 Replies to “Crónicas etíopes X: Despedida de todo”

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  3. Kenneth

    Acabo de descubrir tu blog buscando información sobre Etiopía y me encanta, me siento identificado con muchas de las cosas que he leído, pero por otra parte también me ha abierto los ojos con temas y lugares que no conocía.

    A decir verdad hacía mucho que no seguía blogs, pero te sigo a partir de ahora.
    Saludos y felices viajes.

    memoriasdeoriente.blogspot.com

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