ANDANZAS RUMANAS VII: BOMBA DE HUMO EN BUCAREST

Estaba haciendo un free walking tour, o excursión a pie gratis por Bucarest, la capital de Rumanía que empecé a explorar hace un par de días, pero me he escapado cuando no miraban. Estábamos yendo a los mismos sitios donde estuve ayer y al principio me interesaba más porque la chica, Carmen, contaba cosas que yo no sabía, pero luego me he desinflado. Hemos hecho una parada en una cafetería-cuartel general de la fundación que organiza esta actividad y ahí he aprovechado para hacer una bomba de humo. En mi ruta de escape he encontrado un callejón entre dos edificios clásicos, de tipo parisino, cubierto con cristaleras de colores, preciosos. Pasajul Villarosse se llama. Aquí me estoy tomando un café. Esto es lo que recuerdo de mi periplo de hoy:

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Palacio del Parlamento: Con 340.000 metros cuadrados, es el edificio civil más grande del mundo —el militar es el pentágono de EEUU—, fue mandado construir por el exdictador Nicolae Ceaușescu en 1985, durante uno de sus arranques de egocentrismo. Para hacer realidad esta pretensión, hizo falta demoler los barrios colindantes, incluidas 12 iglesias, dos sinagogas, tres monasterios y 7.000 casas, es decir: 7.000 familias que tuvieron que buscarse la vida porque a su presidente le apetecía acometer esta disparatada empresa.

Gran elefante blanco, le llaman, apenas se usa un 20% de sus instalaciones. No saben qué hacer con él. Pensaron en meter en él toda la universidad, pero los parlamentarios pasaron de tener ahí un campus. El perímetro es de cuatro kilómetros, por debajo tiene otros 90 metros de profundidad porque hay un búnker antiatómico y está conectado por túneles secretos (abundan las leyendas urbanas) con lugares importantes como aeropuerto, estaciones… Se construyó en dos años, he creído entender, para lo que tuvieron que trabajar más de 20.000 personas, a veces en turnos de 24 horas enteras. El bulevar que parte de los alrededores del casco antiguo y llega hasta sus puertas es también el mayor de Europa. Ceaușescu quiso saber cuál era el mayor por aquel entonces y averiguó que eran los Campos Elíseos de París. Entonces mandó construir el suyo un kilómetro más largo y más ancho también.

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-Iglesia ortodoxa: La más antigua de Bucarest, ha sido reconstruida mil veces. Los martes todo el mundo reza porque hay un santo que hace milagros ese día de la semana. Hoy es martes y lo he podido comprobar: había más gente que en la guerra. Los rumanos son muy religiosos. Hace pocos años se preguntó si la religión ortodoxa debería ser obligatoria en las escuelas y el 70% respondió afirmativamente, según nos ha contado la guía.

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Caravan Serai o Manuc’s Inn: Hoy aloja un restaurante, pero fue un lugar muy destacado antaño porque allí se hacían intercambios comerciales y se cerraban tratos importantes. Por ejemplo: Aquí tuvieron lugar las primeras conversaciones que acabarían con la firma del tratado de Bucarest, que puso fin a la guerra entre Turquía y Rusia en 1.812.  Carecía de ventanas hacia las calles del exterior por seguridad e intimidad para negociar, y las que hay se abrieron después. Estuvo cerrado muchos años, pues durante el comunismo no se hizo nada con él. Luego todo era muy incierto porque, tras la caída de Ceaușescu y del régimen comunista, recuperar las propiedades era un follón. Pero un buen día, sin aviso previo, abrió. Aún conserva el suelo de madera formado por pequeños troncos cortados a la misma altura, como en los jardines de la Plaza de la Revolución, porque es más barato. Pero como haya un incendio… Mal rollo.

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Palacio de Vlad Tepes o del Conde Drácula: Con su busto y todo.  Ahora sí: Lo primero, separemos realidad de ficción: Vlad III fue un príncipe que vivió en el siglo XV y que destacó por ser un feroz defensor de su tierra (por entonces, Valaquia, hoy una parte de la Rumanía actual) ante los ataques de los turcos otomanos, que por entonces estaban en plena expansión por Europa. Pero de conde Drácula solo tiene el apellido: Drăculea. Fue el escritor irlandés Bram Stoker quien se inventó esta figura del vampiro llamado Conde Drácula para sus novelas.

Gracias a la guía he sabido por qué para los rumanos Vlad Tepes es como un héroe nacional. Resulta que era muy amigo de empalar a la gente, pero al menos era justo: cualquiera podía ser castigado si violaba la ley: Ricos, pobres, hombres, mujeres, autóctonos o foráneos. Empaló a 20.000 personas, se cree. También era como un Robin Hood con eso de robar a los ricos y ayudar a los pobres.

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Museo Nacional de Historia y estatua de Trajano: Sobre el museo poco puedo contar porque no he entrado. Como buen museo de Historia, está destinado a albergar materiales y objetos que reconstruyen todos los avatares de este país desde su origen. En cuanto a la estatua, a parte de ser lugar de reunión de turistas que se quieren hacer fotos con ella, también es una pieza de bronces esculpida por Vasile Gorvuz, un artista controvertido que falleció en 2008. La obra ha alcanzado cierta fama porque se hacen muchos memes con ella, es súper fea. Está en la calle de la Victoria, en un barrio llamado Pequeño París porque está repleto de palacios de estilo francés, diseñados por arquitectos franceses. Antes del comunismo molaba ese rollo aquí en Rumanía. La gente iba a estudiar a la capital francesa, eso era lo guay. El postureo de por entonces.

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Luego me he escapado de la excursión organizada y me he ido por mi cuenta y riesgo a visitar el Parlamento. La visita guiada es agotadora. Solo hemos recorrido el 5% del edificio, y eso que hemos caminado casi dos kilómetros. Encima he llegado con la lengua fuera porque se me ha hecho tarde; primero en Correos y luego comiendo, pues han tardado en servirme.  Antes me he entretenido un poco en los jardines Cismisgu, que son más agradables de lo que esperaba: chavales y parejitas paseando en barco, niños jugando, estatuas por rincones escondidos, pequeñas cascadas, el embarcadero… Está todo un poco descuidado y sucio, la verdad, pero eso no le resta encanto.

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El Palacio, como decía, ha estado interesante, aunque la entrada me parece cara para lo que es eso. Solo hemos visto ocho nueve salas de las más de 40 que tiene. Eso sí, infinitas. Aquí todo es superlativo: desde la extensión y la altura hasta las cortinas y las lámparas. Parece la casa de un gigante. Lo que más mola es asomarse al balcón principal y  pasear por la sala anterior, donde en 1994 se reunieron por segunda y última vez los mandatarios Simón Peres (Israel) y Yasir Arafat (Palestina). Fue allí porque la sala tenía dos puertas enfrentadas e iguales; la habitación es simétrica. Así estaban a la par. Pero la primera celebridad que se asomó a este balcón tras el fin del comunismo fue… Michael Jackson.  Y dijo: ¡Hola Budapest!. Lo querían matar…

 

Relatos sobre Polonia, Eslovaquia y Rumanía

POLONIA

  1. Andanzas polacas I: Wroclaw en tres actos
  2. Andanzas polacas II: Las tres tentaciones de Cracovia
  3. Andanzas polacas III: Auschwitz, lección no aprendida
  4. Andanzas polacas IV: Varsovia renace, pero no olvida
  5. Andanzas polacas V: Praga, aquel peligroso barrio de hipsters

ESLOVAQUIA

  1. Andanzas eslovacas: Bratislava en alegre soledad

RUMANÍA

  1. Andanzas rumanas I: Cluj Napoca es imbatible
  2. Andanzas rumanas II: Maramureș, la última tierra campesina
  3. Andanzas rumanas III: Prisiones tristes, cementerios alegres
  4. Andanzas rumanas IV: No vayas sola a Dej Calatori
  5. Andanzas rumanas V: La chica del autobús
  6. Andanzas rumanas VI: ¡Por fin Bucarest!
  7. Andanzas rumanas VII: Bomba de humo en Bucarest
  8. Andanzas rumanas VIII: Bucarest alternativo
  9. Andanzas rumanas IX: Vama Veche y los sentimientos encontrados
  10. Andanzas rumanas X: Brașov a pedazos
  11. Andanzas rumanas XI: En Sighișoara se me fue Paco Salvador
  12. Andanzas rumanas XII: Lluvia y pandilleros en Sibiu
  13. Andanzas rumanas XIII: Teleférico y realeza en Sinaia
  14. Andanzas rumanas XIV: Sospechosa de explosivos

EXTRA

 

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