ANDANZAS RUMANAS IX: VAMA VECHE Y LOS SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

Ya me he puesto de nuevo en marcha. Bueno, lo haré cuando este puñetero tren se mueva; ha venido con 15 minutos de retraso y aquí, en Bucarest, está acumulando más. Si todo va bien llegaré hoy a un sitio que se llama Mangalia y de ahí cogeré algún transporte hasta… ¡la playa!. Vama Veche se llama el destino elegido. Opté por él porque decían que era la cuna de la contracultura, tranquilo… Pero ya en Rumanía, todo el mundo cuenta que se ha puesto demasiado de moda y que hay fiesta y borrachos. ¡Qué pereza! Espero encontrar algún reducto de paz…

PRIMER ASALTO: IMPRESIONES A LA LLEGADA – GRATITUD

Ya estoy en la playa, en Vama Veche, a un kilómetro de la frontera con Bulgaria y en pleno Mar Negro. Ha sido fácil llegar: el tren era cómodo y sí funcionaba el aire acondicionado esta vez. El paisaje, muy bonito, cuajado del verde de algunos cultivos y del amarillo de los campos de girasoles. Y cuando he llegado a Mangalia he encontrado muy rápido el autobús a mi destino final.

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Vama Veche es como Ibiza en verano: mitad fiesta loca con calles enteras llenas de bares con música, tiendas hippies, comida rápida… Y a la vez, en extraña convivencia, el rollo chill out de paz y tranquilidad, sombrillas y hamacas en la playa, el mar azulísimo, puestos de masajes… En general es bastante turístico, pero no solo hay chavales de fiesta, también veo bastantes familias con niños. De hecho, en mi primer paseo he encontrado una biblioteca ubicada en un container junto a la playa, pero decorada y bonita, y había dos niñas leyendo en ella.

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Mi hostal no me encanta; las habitaciones son pequeñas y oscuras, no hay taquillas y está tirando a sucio todo. Pero el dueño es muy amable, algo es algo. He salido rápido para dar una vuelta, bañarme y comer, y he caído en un restaurante en primera línea de playa donde me han ignorado durante casi una hora, así que al final les he dicho que se metieran el pollo por donde les cupiera y me he marchado a otro sitio donde se ve más playa. Bolo Steak House se llama, Aquí sopla la brisa, la carne es soberbia y estoy a gusto.

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He visto algunas informaciones, como este reportaje, que hablan de que los vecinos de por aquí han iniciado una campaña llamada Salvar a Vama Veche porque el turismo desaforado está convirtiendo este lugar en una especie de enclave de perversión y vicio. Y que todo empezó porque aquí hay mucha playa nudista y la gente ya se despelota con cualquier excusa. Yo, por ahora, no he visto nada así. Sí he visto nudismo, pero muy normal, vamos. Desde luego, tampoco es ese pueblito de bohemios y artistas que te contaban las guías de viaje hace una década y media, pero tanto como ver las escenas de las fotos del reportaje, no. Será porque esas cosas pasan cuando ya estoy en el quinto sueño.

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SEGUNDO ASALTO: CUANDO EL HOSTAL ES UN CRASO ERROR – MIEDO

Escribo desde la playa, desde una magnífica tumbona con su mesita y su sombrilla de paja, en la que llevo apalancada desde las 12 de la mañana. Y no me he venido antes porque he estado esperando media mañana en mi hostal a que acabase mi colada. Me he levantado a las ocho y estaba todo dios durmiendo. Supongo que habrán vuelto a las tantas tras la juerga de anoche. El dueño del hostal, Stefan, dormía sobre un colchón en el suelo, en el porche de mi habitación, justo a la izquierda. A la derecha hacía lo mismo otro chaval que no sé si es del hostal o un borrachín espontáneo que acabó ahí anoche.

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No me gusta ni un poco la sensación de inseguridad que tengo aquí. Hoy he estado a un tris de buscar otro alojamiento, pero al final no lo he hecho por tres razones: no encontraba una habitación en el centro, quiero gastar menos y el dueño de este albergue es tan extremadamente amable que me da penilla irme así, sin que haya pasado nada en el fondo.

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Ayer ya me escamó que saliera una pareja de policías del hostal cuando yo llegaba. Pero con el lío del registro se me olvidó preguntar. Luego no me moló que no hubiera taquillas para guardar los trastos valiosos bajo llave y que el hostal (que es un patio con cuatro cabañas y una cocina al aire libre) esté siempre con todas las verjas abiertas. Estamos separados de la calle tan solo por una valla de madera que apenas me llega a la cintura. Esta mañana he visto cómo dos chicas le decían a Stefan que les había desaparecido ropa. Una de las dos ha dicho algo como: “¿Recuerdas cuando ayer vino la poli porque me acusaste de tocar las cosas de otra persona? Pues es a mí a quién le faltan”. Y yo flipando, claro. Pero lo más sospechoso ha sido que esta noche había dos personas en mi habitación (compartida, claro), creo que chico y chica, que no eran los mismos que yo sé que están alojados conmigo. Han llegado muy de madrugada y el chaval se ha hecho la cama de arriba de mi litera y se ha echado; la chica se ha ido y luego se lo ha pensado mejor y ha dormido con él. No entiendo nada.

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Además de estas cosas que me generan desconfianza, he de decir que la cama es un mojón porque tiene pocas tablas en el somier y me cuelo entre los agujeros, y que todo está bastante sucio, sobre todo la cocina, da asquito. Por eso, cuando me he levantado esta mañana quería irme lo más lejos posible de allí, pero bueno… La cosa se va arreglando. Stefan me ha permitido usar la lavadora… y gratis. En ningún momento entendí que costara dinero, pero otro chico rumano allí alojado me ha dicho que le pidieron 10 lei por prenda. ¡Más que una lavandería! Repito: no entiendo nada. A todo esto, el hostal es uno de los mejor valorados de Booking, así que ya no sé si es que ha cambiado mucho en poco tiempo o que yo soy una paranoica. Por si acaso es lo segundo, no voy a decir el nombre del sitio, que tampoco quiero hundirle el negocio al señor.

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Bueno, Estefan también está custodiando mi ordenador y la cámara, así que yo esta mañana tras dejar mi ropa tendida fuera (espero que no desaparezca), me he venido a la playa, a la consabida tumbona. No he hecho nada más que leer, dormir y bañarme.

Ah, y esta mañana, mientras esperaba a la lavadora (cuatro horas ha tardado, y eso que le puse un programa de 30 minutos… Algo he hecho mal) me he ido a buscar la famosa puerta de madera con cristales de colores que hay aquí para hacerle unas fotos. Sale en muchas imágenes de Vama Veche, es emblemática, y sí, he dado con ella. Por el camino, paralelo a la costa, he fichado más sitios bonitos y me he tomado un café en un bar de la playa con buena música y una camarera muy simpática y sonriente. Momentos así se agradecen de verdad.

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TERCER ASALTO: ¿SOY ANTISOCIAL? – INTROSPECCIÓN

¿Más cosas? Que este sitio está bien, pero yo sola no volvería; lo haría con amigos. Y, desde luego, me doy cuenta de que no encajo en este rollo, no por vieja, sino por mi manera de ser. Para empezar, estos hostales cutres y sucios pero que gustan porque están pintados de colores y todos son muy hippies y amorosos no son para mí. Con lo perroflauta que he sido… Pero me estoy volviendo pija, o exigente, o comodona, o vieja, no sé . Me gusta la seguridad, la limpieza, la tranquilidad. Y, después, por la gente: Anoche, como en todo buen hostal de mochileros dicharacheros, se me presentaron dos chicos: el rumano de Bucarest con el que había hablado antes y un indio que vive en Alemania. En cuanto les informé de que paso de salir de noche, de emborracharme y todo eso, parecí darles mucha pena. “Tienes que beber, estás en Vama Veche” “Tienes que salir de noche a la fiesta de la playa, estás en Vama Veche”, me decía el rumano sin dar crédito a mi decisión (y mi pijama).

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No me molesté en explicarles que ahora me siento en otra etapa vital en la que hago lo que me apetece y no lo que se supone que debo hacer porque es lo que toca. Desde que soy como me gusta ser y no como se espera estoy más feliz, me siento más fuerte y segura de mí misma, y mi autoestima, por fin, está donde tiene que estar. Y me gusta cuidarme, comer bien y saludablemente, cenar ligero, dormir a mis horas, hacer deporte (cómo echo de menos salir a correr) y no fumar ni beber. Mis dos únicas adicciones (en el sentido de que a veces siento la necesidad de consumir) son el chocolate negro y el café.

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En este momento de mi existencia me apetece ser así. Y respeto a los que lleven otros estilos de vida, incluso si se hacen daño tomando drogas o alcohol en exceso. Sin embargo, me resulta curioso encontrarme personas que llevan estilos de vida nada saludables y sean ellos los que me cuestionan por pensar así, porque en la sociedad en la que vivimos, una actitud como la mía se ve propia de una persona rancia y aburrida. Pero si hay algo que me enorgullece por encima de todo, es que con 34 años puedo seguir suscribiendo esa letra de Marea que dice que, cuanto más pasan los años, más me aparto del rebaño porque no sé a dónde va. Vamos, que hago lo que me da la gana aunque no vaya a ser nunca la reina de la fiesta.

CUARTO ASALTO: LA HUIDA – ALIVIO

¡Lo conseguí! Estoy en el tren con destino a mi siguiente destino: Brasov, que salía a las 10.15 de la mañana desde Constanza, la principal ciudad costera de por aquí. Esto significa que, si no se retrasa mucho, llegaré a las tres y media de la tarde, una hora perfecta para dejar los bártulos y salir a pasear y a comerme un buen almuerzo.

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Estoy muy feliz por haber salido de Vama Veche antes, aunque me haya costado un extra de dinero. Lo decidí anoche, viendo lo que suelen retrasarse aquí los trenes. No quiero viajar de noche, si puedo evitarlo. La verdad es que pasé un día genial en la playa, tranquilita con mis libros y mis dibujos y siestas. Luego, me fui a hacer fotos del atardecer y descubrí el extremo sur de este pueblo y su paseo marítimo, donde asistí a la mayor concentración de creatividad aplicada a los negocios turísticos que he visto en mi vida.

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Me explico: toda la playa está cuajada de bares, cafeterías y restaurantes absolutamente preciosos y coloristas. Uno, por ejemplo, está ambientado en los dibujos del single The Yellow Submarine de The Beatles; otro tiene un piano viejo en medio de la arena que usan como macetero, muy artístico. Otro tiene sombrillas de paja con tiras de seda de colores colgando de ellas, y cuando el viento las mece el efecto es muy bonito. Y muchas cuentan con tumbonas y camas balinesas, flores por todas partes… No sé, he alucinado con este trocito de Vama Veche. Parecía que en vez de estar en Rumanía, me había ido a Woodstock.

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Este descubrimiento tardío me hizo dudar sobre si debía quedarme un poco más, pero lo cierto es que he tenido suficientes horas de playa, tumbona y descanso. Que no me siento a gusto en mi hostal, la desconfianza es una sensación desagradable y no consigo relajarme del todo frente al mar si estoy con preocupaciones en la cabeza. Y que los días de vacaciones vuelan y aún me queda mucho por ver. Así que me he marchado.

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Definitivamente, no voy a recomendar Vama Veche para veranear. Sí para quien quiera pasar unos días de juerga y disponer de bares abiertos 24 horas, precios inflados (esa ha sido otra… aquí todo es más caro que en el resto de Rumanía) y todo lo demás. No para todo el resto de la humanidad que ande buscando un tranquilo destino playero. Hay millones de pueblitos costeros preciosos en el mundo que visitar. Este no estaría entre mis opciones, aunque reconozco que en algunas cosas tiene su encanto.

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Estos días me han servido para pensar mucho en mí misma y en mi mismidad, para hacer bastante autocrítica también. Observo cómo se desenvuelve la gente de mi edad cuando sale de viaje y cómo voy yo, con este plan huraño y solitario, y bueno, creo que por mucho que me guste el rollo de yo me lo guiso y yo me lo como, tengo que hacer un esfuerzo por ser un poco más sociable. ¿O no? ¿Debería aceptar entonces que soy como soy y seguir tan a gusto en mi soledad? No lo sé… Igual sí que hubiera necesitado más días de playa y reflexión. Sé que viajeros solitarios hay un puñado, pero a mí me gustaría saber cuántos de ellos prefieren de verdad estar solos solísimos o necesitan compañía alrededor. Y si se comen el tarro con las mismas cosas que yo… Tendré que investigar.

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Relatos sobre Polonia, Eslovaquia y Rumanía

POLONIA

  1. Andanzas polacas I: Wroclaw en tres actos
  2. Andanzas polacas II: Las tres tentaciones de Cracovia
  3. Andanzas polacas III: Auschwitz, lección no aprendida
  4. Andanzas polacas IV: Varsovia renace, pero no olvida
  5. Andanzas polacas V: Praga, aquel peligroso barrio de hipsters

ESLOVAQUIA

  1. Andanzas eslovacas: Bratislava en alegre soledad

RUMANÍA

  1. Andanzas rumanas I: Cluj Napoca es imbatible
  2. Andanzas rumanas II: Maramureș, la última tierra campesina
  3. Andanzas rumanas III: Prisiones tristes, cementerios alegres
  4. Andanzas rumanas IV: No vayas sola a Dej Calatori
  5. Andanzas rumanas V: La chica del autobús
  6. Andanzas rumanas VI: ¡Por fin Bucarest!
  7. Andanzas rumanas VII: Bomba de humo en Bucarest
  8. Andanzas rumanas VIII: Bucarest alternativo
  9. Andanzas rumanas IX: Vama Veche y los sentimientos encontrados
  10. Andanzas rumanas X: Brașov a pedazos
  11. Andanzas rumanas XI: En Sighișoara se me fue Paco Salvador
  12. Andanzas rumanas XII: Lluvia y pandilleros en Sibiu
  13. Andanzas rumanas XIII: Teleférico y realeza en Sinaia
  14. Andanzas rumanas XIV: Sospechosa de explosivos

EXTRA

 

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