Aït Ben Haddou, la ciudad de todas las pelis históricas

Cuando me puse a planear este viaje, tenía claro que había un sitio por el que pasaría sí o sí: Aït Ben Haddou. Tras este nombre tan exótico se esconde una ciudad fortificada milenaria que la Unesco declaró Patrimonio de la Humanidad en 1987. Es tan espectacular que ha sido escenario de películas de Hollywood míticas. No importa que no sepas cuáles: cuando llegas allí hay muchos cartelitos que te refrescan la memoria. De las más famosas que me vienen ahora a la cabeza, están Gladiator, El Reino de los cielos, Babel, Prince of Persia o La Momia. Entre las viejunas, se rodaron miticadas como Jesús de Nazareth, Marco Polo o Sodoma y Gomorra. Y atención, fans de Juego de Tronos: esta es la ciudad que Daenerys Targaryan libera en el último capítulo de la tercera temporada, esa de la que salen tantos esclavos llamándola madre en una escena hortera a más no poder. Bueno, pues allí también hemos estado nosotros y puedo decir que es tan impresionante como se ve en la gran pantalla.

Una pintada indica dónde hay escenarios de Gladiator.

Hemos llegado después de un -otro- trayecto por carreteras polvorientas y cutrecillas. En nuestro caso, hemos ido en nuestro grand taxi, contratado para llevarnos desde Ouarzazate (esta solo a 34 kilómetros de esta ciudad) a Marrakech haciendo aquí una paradita de un par de horas, pero también se puede ir en taxi compartido o viaje organizado desde Ouarzazate o Marrakech. Lo bueno de este país es que si quieres algo y no lo tienen, lo inventan para ti. Hay quien se queda un día entero, pero nosotros hemos creído que con ese tiempo es más que suficiente. La ciudadela es pequeñita y tampoco tiene mucho misterio: consta de un puñado de callejuelas empedradas y estrechas que van ascendiendo hasta la cima de la fortificación, donde hay una casita que no parece ser tan antigua como el resto del ksar y también un espacio espléndido para sentarse a comer un bocata con vistas a lo que yo ya llamo Marte, así todo tan rojo y reseco.

Esto es Aït Ben Haddou.

Las vistas desde lo alto.

Esta kasba es, quizá, el mejor conservado de todo Marruecos. Fue una ciudad próspera porque constituyó un punto clave de la antigua ruta de caravanas que iba desde Marrakech hasta Telouet hasta bien entrado el siglo XX. Como todas las kasbas que he visto de momento, esta está también hecha de adobe y de madera, desde las viviendas hasta las murallas. Esto precisamente hace que el conjunto se deteriore con facilidad, por lo que hay que estar restaurándolo continuamente. Si no, se calcula que en 50 años quedaría en estado de ruina total, como la kasba abandonada que vimos en Tinerhir. En realidad, estuvo a punto de irse al garete, ya que desde los años 50 se fue despoblando gradualmente ya que sus habitantes preferían vivir en casas más modernas y cómodas al otro lado del río, donde hoy se encuentra una pequeña ciudad más moderna. Su salvación llegó gracias al declaración de la Unesco y la consiguiente entrada de capital para su conservación tanto de fondos públicos como privados.

Rincones de la kasba.

Hoy en día, hay varias familias que vuelven a vivir en el interior de la fortaleza, en casitas restauradas de, como mucho, dos plantas. Hay tiendas de artesanía, de artistas que exhiben sus pinturas en la puerta, de antigüedades… En estas últimas se pueden encontrar auténticas joyas, pero también mucha baratija con la te intentarán dar gato por libre. Hemos parado en un par porque queríamos comprar unas postales pintadas con fuego, una técnica muy rara, pero hemos desistido al final porque no nos hacían un buen precio. Supongo que con la cantidad de turismo que tienen, no les hace falta regatear.

Niños y tiendas en la kasba

También se ve ropa tendida en las ventanas, niños correteando por ahí… la ciudadela vive de nuevo. Si uno quiere contribuir a su conservación, puede hacerlo pagando los 10 DH que cuesta la entrada por el acceso que está junto al río y al que se llega pisando por unos sacos terreros que sirven de pasarela. Sé que hay otra manera de entrar sin que te cobren a través de un puente más moderno que une la parte vieja con la nueva, pero yo no he ido por ahí.

Turista momificada, y la pasarela de sacos a su lado.

Al otro lado del río se encuentra la parte nueva donde ahora viven la mayoría de las familias de Aït Ben Haddou. Allí están la mayoría de alojamientos, pero el hecho de que sea un lugar tan turístico eleva los precios hasta cotas que un mochilero no se puede permitir. Yo no recomiendo dormir aquí salvo que uno sea muy, muy friki del sitio y de las pelis que se han rodado. Perfectamente puedes alojarte en Ouarzazate por menos dinero y desplazarte allí en un taxi compartido.

Pintores locales venden su arte.

Aquí no bajan los precios ni en broma.

Como todos los sitios, tiene una cara mala, y esta es la excesiva explotación turística que ha sufrido. En realidad nosotros no la hemos notado mucho porque hemos ido entre semana y en temporada baja, así que hemos caminado a nuestras anchas, pero la cantidad de hotelitos monos, tiendas de alimentación de estilo más que occidental, tenderos que te atosigan para que compres sus souvenirs y guías preguntones en la puerta, deduzco que debe ser un poco agobiante visitar Aït Ben Haddou en otras épocas del año.

A lo lejos, la ciudad nueva.

Nosotros, como decía, hemos estado un par de horas que hemos empleado en subir, comer unos bocatas en lo alto del conjunto y bajar. Ha sido a la bajada cuando he escuchado a un guía explicar algo en francés a unas señoras con velo. Disimuladamente me he puesto a escuchar y éste contaba que en lo alto, en esa casetita que yo no sé qué era, encendían antiguamente una antorcha gigante para comunicarse con otros ksar cercanos. Como en El Señor de los Anillos cuando van encendiendo fogatas enormes que se ven de una montaña a otra. No sé si será cierto o se lo estaría inventando, pero me ha gustado.

Formas raras.

Las montañas del Alto Atlas, una pasada.

Después de esta visita nos hemos metido en nuestra mini van (hemos mejorado de categoría y ya no vamos apretados) para viajar a Marrakech. Son unas 4 horas de viaje en las que estamos atravesando todo el Alto Atlas,una subcordillera que forma parte del Atlas marroquí y que tiene las montañas más elevadas de todo el norte de África. La cota máxima la alcanza el Toubkal, con 4.167 metros. Ese lo hemos visto desde el taxi, a lo lejos, pero donde sí hemos parado ha sido en lo más alto del puerto de Tizi-N’Tichka, que con sus 2.000 metros de altura es el mayor de todo Marruecos y seguramente el más puñetero: todo son curvas imposibles. Allí hemos tomado fotos y un poco el aire, porque la pobre María va muy mareada, la biodramina no le ha servido para nada.

Vistas desde lo alto del Tizi-N’Tichka

Durante este trayecto he constatado que, en esta parte del país, también todo se anuncia como “cooperativa femenina de aceite de argán” y restaurantes “con terraza panorámica”. Llevo viendo esos carteles desde Chaouen, y aquí abundan muchísimo. Cuando no te entorpece la vista un cartel de este, encuentras unas vistas al Atlas que son una maravilla. Este lugar del mundo es uno de los más inhóspitos y antipáticos que he pisado y a la vez uno de los más apabullantes. El Alto Atlas es un espectáculo con sus montes rojos tan vivos, señal de que la composición de la roca contiene mucho óxido de hierro, y verdes, muy verdes, como lo que veía al principio del viaje. Es una maravilla. Veremos qué nos espera en Marrakech.

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GASTOS
Taxi de Ouarzazate a Aït Ben Haddou – Marrakech: 780 DH/ 6 personas =130 DH

Bocadillo doble: 25 DH

Entrada a Aït Ben Haddou: 10 DH

*El cambio es de 1 EURO = 11 DH

**Todos los precios que pongo son por persona, si es algo conjunto lo indico y lo divido para que salga el total de lo que yo pagué.

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